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‘Cada vida humana tiene un valor inestimable’

‘Cada vida humana tiene un valor inestimable’

Durante la Audiencia general del miércoles, Solemnidad de la Anunciación del Señor, el Santo Padre recordó los 25 años de la promulgación de la Encíclica ‘Evangelium vitae’, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana

Hace 25 años, en esta misma fecha del 25 de marzo, que en la Iglesia es fiesta solemne de la Anunciación del Señor, San Juan Pablo II promulgaba la Encíclica Evangelium vitae, sobre el valor y la inviolabilidad de la vida humana.

El vínculo entre la Anunciación y el “Evangelio de la vida” es estrecho y profundo, como subrayó San Juan Pablo en su Encíclica. Hoy nos encontramos relanzando esta enseñanza en el contexto de una pandemia que amenaza la vida humana y la economía mundial. Una situación que hace sentir aún más comprometedoras las palabras con las que inicia la Encíclica. Así: «El Evangelio de la vida está en el centro del mensaje de Jesús. Acogido con amor cada día por la Iglesia, es anunciado con intrépida fidelidad como buena noticia a los hombres de todas las épocas y culturas» (n. 1).

Como todo anuncio evangélico, también este primero debe ser manifestado. Y pienso con gratitud en el ejemplo silencioso de tantas personas que, de diversos modos, se están prodigando al servicio de los enfermos, de los ancianos, de quien está solo y es más indigente. Ponen en práctica el Evangelio de la vida, como María que, recibido el anuncio del ángel, fue a ayudar a su prima Isabel que la necesitaba.

En efecto, la vida que estamos llamados a promover y a defender no es un concepto abstracto, sino que se manifiesta siempre en una persona de carne y hueso: un niño recién concebido, un pobre marginado, un enfermo solo y desanimado o en estado terminal, uno que ha perdido el trabajo o no logra encontrarlo, un inmigrante refugiado o segregado… La vida se manifiesta en concreto en las personas.

Todo ser humano está llamado por Dios a gozar de la plenitud de la vida; y siendo confiado al amor maternal de la Iglesia, toda amenaza a la dignidad y a la vida humana no puede no repercutir en el corazón de ella, en sus “entrañas” maternas. La defensa de la vida por la Iglesia no es una ideología, es una realidad, una realidad humana que involucra a todos los cristianos, precisamente por ser cristianos y por ser humanos.

Los atentados a la dignidad y a la vida de las personas continúan desgraciadamente también en esta época nuestra, que es la época de los derechos humanos universales; es más, nos encontramos ante nuevas amenazas y nuevas esclavitudes, y no siempre las legislaciones protegen la vida humana más débil y vulnerable.

El mensaje de la Encíclica Evangelium vitae es pues más actual que nunca. Aparte de las emergencias, como la que estamos viviendo, se trata de actuar a nivel cultural y educativo para trasmitir a las generaciones futuras la actitud de solidaridad, cuidado, acogida, sabiendo que la cultura de la vida no es patrimonio exclusivo de los cristianos, sino que pertenece a todos los que, luchando por construir relaciones fraternales, reconocen el valor propio de cada persona, aunque sea frágil y esté sufriendo.

Queridos hermanos y hermanas, toda vida humana, única e irrepetible, vale por sí misma, constituye un valor inestimable. Esto siempre debe anunciarse nuevamente, con el coraje de la palabra y el coraje de las acciones. Esto requiere solidaridad y amor fraterno para la gran familia humana y para cada uno de sus miembros.

Por eso, con San Juan Pablo II, que hizo esa encíclica, con él repito con renovada convicción el llamamiento que él dirigió a todos hace 25 años: «¡respeta, defiende, ama y sirve a la vida, a toda vida humana! ¡Sólo siguiendo este camino encontrarás justicia, desarrollo, libertad verdadera, paz y felicidad!» (Evangelium vitae, 5).

Fuente: vatican.va / romereports.com.

Traducción de Luis Montoya.

ALMUDI, 25-03-2020

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