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Los hipopótamos de Pablo Escobar recuperan un mundo perdido

Los hipopótamos de Pablo Escobar recuperan un mundo perdido

Los hipopótamos de Pablo Escobar recuperan un mundo perdido

Abandonados tras el cierre del zoo privado del narco, ocupan el hábitat de grandes herbívoros desaparecidos hace cientos de miles de años

Una de las excentricidades más famosas del capo de la cocaína Pablo Escobar fue el zoológico privado con animales exóticos de todo el mundo que montó en la Hacienda Nápoles, su lujoso refugio en Colombia. Cuando el narco murió acribillado a tiros en 1993, algunos de ellos, como leones o jirafas, fueron reubicados, pero los cuatro hipopótamos de su particular «arca de Noé» quedaron en un estanque del rancho. Con el tiempo, los mamíferos gigantes se multiplicaron hasta el punto de que llegaron a los ríos de la región y en la actualidad su número estimado alcanza el centenar. Para muchos científicos y el público en general, son una plaga invasora que anda libremente por el continente sudamericano, perjudicando a las especies locales.

Sin embargo, un grupo internacional de investigadores cree que los hipopótamos de Escobar, lejos de causar daños impredecibles al ecosistema, pueden resultar beneficiosos. A su juicio, estos grandes animales sustituyen a otras criaturas gigantes de un mundo perdido que existía hace 100.000 años y cuya desaparición se relaciona con la caza y las presiones ejercidas por nuestros antepasados. Lo mismo ocurre con otras especies introducidas involuntariamente en hábitats diferentes de todo el mundo, según concluyen en un nuevo estudio publicado este lunes en la revista científica «Proceedings of the National Academy of Sciences» (PNAS).

El equipo ha analizado la dieta, el hábitat y la morfología de 427 herbívoros de más de 10 kilos de peso desde hace unos 130.000 años hasta el día de hoy. Según su teoría, algunas especies introducidas en la actualidad en nichos ecológicos nuevos cumplen funciones que no habían sido cubiertas durante miles de años, recreando de alguna forma el Pleistoceno tardío y contrarrestando un legado de extinciones. En el caso de las «mascotas» de más de 1.400 kilos del narcotraficante, «son similares en dieta y tamaño corporal a las llamas gigantes extintas (1.000 kilos)» que habitaban en América del Sur en el pasado, explica John Rowan, de la Universidad de Massachusetts Amherst. Al mismo tiempo, también ocupan el hábitat semiacuático de un extraño tipo de mamífero del pasado, el notoungulado. Los hipopótamos de Escobar «no reemplazan perfectamente a una especie extinta, pero sí restauran partes importantes de la ecología de varias», apunta.

Los mustangs de América del norte.  Universidad de Massachusetts Amherst

Aunque estos «sustitutos» de especies extintas incluyen algunos animales cercanos evolutivamente, como los mustangs (caballos salvajes) y los caballos predomésticos extintos en América del norte, en general, «no están necesariamente relacionados entre sí, pero son similares en términos de cómo afectan a los ecosistemas», aclara Eric Lundgren, de la Universidad Tecnológica de Sydney. Por ejemplo, el búfalo de agua salvaje asiático llevado a América del sur puede ejercer la labor del antiguo glyptodon, un raro animal acorazado de 850 kilos. O en Australia, el camello hace de Palorchestes azael, un marsupial tan grande como un caballo.

Sorprendentemente, estas introducciones logran que el mundo sea más similar al dominado por los herbívoros gigantes. Esto se debe principalmente a que el 64% de esas especies invasoras son más similares a las extintas que a las nativas. Al encapricharse de esos hipopótamos, el narcotraficante colombiano, sin intención, hizo que su finca regresara al Pleistoceno.

Judith De Jorge. ABC, España, 24-03-2020

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