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Las pandemias de la historia

Las pandemias de la historia

Las pandemias de la historia

“Algunos ya hablan del coronavirus como la epidemia de la de «desglobalización». La increíble “cuarentena mundial” tendrá un impacto económico, políticos y sobre todo en nuestro comportamiento. Ya cambió nuestra forma de saludar, trabajar y desplazarnos”, escribe Ángel Soto

“Papá, explícame para qué sirve la historia”, es la célebre frase de “un muchachito” que le pedía a su padre una respuesta para entender su quehacer profesional como historiador; y con la que el francés Marc Bloch inició su clásico libro Apología por la historia, publicado en 1949. Ella es quizás una de las frases más recurridas por los historiadores, cuando tratamos de dar a entender que en nuestro oficio intentamos comprender el presente por el pasado o el pasado por el presente. La pandemia por el coronavirus quedará en la memoria como una enfermedad que cambió la historia. La increíble “cuarentena mundial”   ”“hace solo unos días era impensable imaginarse ciudades como Madrid y Roma (que no duermen) con sus calles vacías; el impacto económico que especialistas anuncian se traducirá en una recesión; los efectos políticos y -sobre todo- las relaciones sociales que cambiarán nuestros comportamientos: saludos, teletrabajo, desplazamientos, ya la inscribieron en los libros de historia: ¿la pandemia de la desglobalización?

 Hace unos días, The New Yorker (3 de marzo) entrevistó al profesor de Historia e Historia de la Medicina de la Universidad de Yale, Frank M. Snowden, quien en el 2019 -antes que estallara la crisis- publicó un libro titulado “Epidemics and Society: From the Black Death to the Present”, en la que estudia cómo las principales enfermedades han determinado la política, arraigaron la discriminación racial, provocaron crisis económicas e incluso aplastaron revoluciones. Afectaron las relaciones personales, el trabajo y los entornos ambientales. “Cada sociedad produce sus propias vulnerabilidades específicas. Estudiarlos es comprender la estructura de la sociedad, su nivel de vida”, señala este historiador, quien afirma que las epidemias son una especie de espejo de nuestra relación con la muerte y con la vida. Incidieron en la estabilidad social y política. Determinaron relaciones de esclavitud y servidumbre e incluso guerras, como le ocurrió a Napoleón, cuyas tropas no pudieron vencer a la fiebre amarilla en Haití, lo que condujo no solo a su independencia, sino a que el emperador francés abandonara su proyección en América y acordara con T. Jefferson la compra de Luisiana en 1803 duplicando el territorio norteamericano. Durante toda la historia hemos convivido con distintas pandemias. Una de las más antiguas es el sarampión, que se estima nos acompaña desde hace más de 3.000 años. En el siglo VI, durante una de las tantas pestes que atacó Europa, se comenzó a usar la palabra “salud” o “Jesús” cuando alguien estornudaba, y el Papa Gregorio Magno ordenó plegarias para que quien presentara los síntomas no muriera. Pero no hay duda que una de las más conocidas es la “peste negra”, también conocida como bubónica, que acabó con cerca de 75 millones de personas en Europa, Asia y África en el siglo XIV. Algunas personas al presentar los síntomas fueron expulsados de sus propias casas por familiares; mientras que en la entrada de las ciudades amuralladas, guardias fuertemente armados impedían el ingreso con solo una sospecha, que muchas veces no estaba más determinada que por la vestimenta, el nivel económico, el color de la piel o la raza. Otras pandemias históricas fueron la viruela, para muchos la peor de la historia, ya que se cobró cerca de 300 millones de vidas e incluso -en América- se dice acabó con el imperio Inca en el siglo XVI. Otras conocidas fueron el cólera y la tuberculosis, que vemos en la Francia de mediados del siglo XIX, tristemente representada por Fantine, el personaje de «Los Miserables» o en la cotidianeidad de la revolución industrial inglesa descrita en las novelas de Charles Dickens. La gripe española de comienzos del siglo XX se mezcló con los estragos del término de la Primera Guerra Mundial y, más avanzado el tiempo, el ébola en el Congo durante los años 1970 y 1990, el VIH en los 1980, la   influenza   A H1N1 durante el 2009 y 2010, sin olvidar las aún presentes en nuestra Latinoamérica  como son el zika, chikungunya, dengue y fiebre amarilla , que si nos adentramos en su estudio, sus causas y condicionantes del entorno en que se instalan nos muestran esos reflejos sociales de los que habla Snowden. Verdaderos espejos, como dice el historiador, no solamente del lado oscuro de la humanidad “como las inmorales especulaciones con el precio de los medicamentos y los alimentos, sino que también “el lado heroico” de organizaciones como Médicos sin Fronteras, la Cruz Roja internacional y esperamos la unión de la comunidad científica internacional para enfrentar la pandemia actual.

“Papá, explícame para qué sirve la historia”. Sencillamente para entendernos, saber qué y cómo hemos llegado a ser lo que somos.

Columna de Ángel Soto, Profesor Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de los Andes.

EL LIBERO, 18-03-2020

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Humor

Cuando Abraham Lincoln comenzaba su campaña presidencial recibió la carta de una niña de 11 años, Grace Bedell, en la que le aconsejaba dejarse barba porque “tengo cuatro hermanos y parte de ellos votarán por usted, y si se deja crecer la barba intentaré que el resto de ellos vote por usted; se vería mucho mejor ya que su cara es muy delgada. A todas las mujeres le gustan las barbas y ellas azuzarían a sus maridos para que votaran por usted y entonces sería presidente.” Lincoln le hizo caso, fue elegido Presidente de los EEUU y se dejó la barba por el resto de su vida.