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El Carnaval

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Óscar Guillermo Garretón: «…en lo interno vivimos el carnaval. El mundo no interesa. La economía tampoco. Referirse a ella —al crecimiento, el empleo, la inversión, el dólar— solo identifica a quienes quieren usar el pretexto de la economía para desalentar ‘la lucha’ o tienen el mal gusto de latear en plena fiesta. Total, plata hay, es cuestión de ‘quitársela a los ricos'».

No escribo esta vez de lo justo o injusto. Observo la realidad y me resuena un tango: “Esa colombina puso en sus ojeras/ humo de la hoguera de su corazón/ y aquella marquesa con su risa loca/ se pintó la boca por besar un clown./ Cruza del palco hasta el coche/ la serpentina nerviosa y fina/ como un pintoresco broche/ sobre la noche del carnaval” ( C. Gardel, “Siga el corso”).

Mientras todo se desmorona, en el mundo y en Chile, tengo la sensación de vivir un carnaval, con ese festivo relajo propio de tirar al tacho toda inhibición.

Coronavirus. Trescientos millones de chinos deben desplazarse de ciudad para trabajar. La cuarentena ahora se los impide. La producción cae fuertemente. China produce el 30% de los componentes electrónicos que utiliza el mundo para fabricar autos, computadores, celulares, electrodomésticos, etcétera. Ese porcentaje sube del 40% en la producción de países como Japón, EE.UU., India, Canadá y México. China es el principal consumidor de energía del planeta; necesita ahora menos, desde enero cae el precio del petróleo y en estos días cae aun más por desacuerdos de Rusia y Arabia Saudita; en tanto, el petróleo “cracking” de EE.UU. se paraliza por sus altos costos. Necesita menos cobre, cae su precio y golpea muy especialmente a Chile.

En el mundo, el comercio de alimentos se ve afectado por cuarentenas y el temor al contagio; el turismo, vuelos, restaurantes, hoteles, languidecen y con ellos los consumos de salmones, vinos, frutas, etcétera. La economía, las empresas y el empleo en todo el mundo están ya conociendo el impacto. Italia y España en cuarentena. ¿Qué pasa si otros países declaran a Chile y sus productos en cuarentena, si este virus de propagación especialmente invernal nos cae con fuerza a mitad de año? (Y no hemos dicho nada de la guerra comercial entre China y EE.UU., aún latente; o de la fuga de capitales desde una América Latina con demasiados países en crisis cuya salida no se vislumbra.)

Sin embargo, en lo interno vivimos el carnaval. El mundo no interesa. La economía tampoco. Referirse a ella —al crecimiento, el empleo, la inversión, el dólar— solo identifica a quienes quieren usar el pretexto de la economía para desalentar “la lucha” o tienen el mal gusto de latear en plena fiesta. Total, plata hay, es cuestión de “quitársela a los ricos”. “Cuando triunfemos, nos ocuparemos de la economía”. Nadie bajo los 40 años sabe ni quiere saber que esos argumentos, sin variar una coma, ya los hemos conocido, y también sus consecuencias. Agreguemos los reincidentes mayores de 40, nostálgicos de victorias que no fueron, que viven la borrachera carnavalesca de creer que quizás ahora… ¡es la oportunidad! Barreremos en la Convención. Sacaremos al Presidente, cerraremos el Congreso… ¿y después qué? No hagas preguntas extemporáneas. Después nos ocuparemos.

Como dicen los versos finales de “Siga el corso”: “Bajo los chuscos carteles/ pasan los fieles del dios jocundo/ y le va prendiendo al mundo/ sus cascabeles el Carnaval”.

Óscar Guillermo Garretón. EL MERCURIO, 12-03-2020

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Humor

Cuando Abraham Lincoln comenzaba su campaña presidencial recibió la carta de una niña de 11 años, Grace Bedell, en la que le aconsejaba dejarse barba porque “tengo cuatro hermanos y parte de ellos votarán por usted, y si se deja crecer la barba intentaré que el resto de ellos vote por usted; se vería mucho mejor ya que su cara es muy delgada. A todas las mujeres le gustan las barbas y ellas azuzarían a sus maridos para que votaran por usted y entonces sería presidente.” Lincoln le hizo caso, fue elegido Presidente de los EEUU y se dejó la barba por el resto de su vida.