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El sacerdote, psicología de una vocación

El sacerdote, psicología de una vocación

El sacerdote, psicología de una vocación

 El sacerdote, psicología de una vocación. Autor: Wenceslao Vial. Editorial: Palabra, Madrid 2020.

En esta nueva obra, el autor de ‘Madurez psicológica y espiritual’ aborda el luminoso panorama de la vocación cristiana, a partir del sacerdocio

¿Sigue siendo atractiva la figura del sacerdote católico? ¿Puede ser feliz una persona que renuncia al matrimonio? ¿Cuándo desaconsejar el sacerdocio u otros caminos específicos de entrega cristiana? Estas y otras preguntas encuentran útiles respuestas, salpicadas de vivencias reales y experiencia pastoral.

El libro presenta de modo práctico el «mundo interior» de un ser humano que, llamado por Dios, se pone al servicio de los demás hombres. Se introduce en las dinámicas psicológicas, en sus conflictos y desafíos, en sus fuentes de paz y de armonía. Ser sacerdote implica dar luz, dar consuelo y esperanza, en la medida en que se esfuerza por identificarse con Jesús, Dios hecho hombre. Muchas de las ideas expuestas se aplican a otras formas de vocación dentro de la Iglesia, en especial si asumen el don del celibato. Cristo es el modelo común.

Wenceslao Vial es profesor de psicología y vida espiritual en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, Roma. Médico y sacerdote, doctor en filosofía, combina sus conocimientos clínicos y su labor académica con una amplia actividad pastoral en relación con diferentes países y culturas. Ha publicado también: La antropología de Viktor Frankl. El dolor, una puerta abierta (2000) y Madurez psicológica y espiritual (2019, 4ª).

Fuente: palabra.es.

ALMUDI, 14-03-2020

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Cuando Abraham Lincoln comenzaba su campaña presidencial recibió la carta de una niña de 11 años, Grace Bedell, en la que le aconsejaba dejarse barba porque “tengo cuatro hermanos y parte de ellos votarán por usted, y si se deja crecer la barba intentaré que el resto de ellos vote por usted; se vería mucho mejor ya que su cara es muy delgada. A todas las mujeres le gustan las barbas y ellas azuzarían a sus maridos para que votaran por usted y entonces sería presidente.” Lincoln le hizo caso, fue elegido Presidente de los EEUU y se dejó la barba por el resto de su vida.