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Historia de un desencuentro: La derecha y el debate constitucional, por Ignacio Walker

Historia de un desencuentro: La derecha y el debate constitucional, por Ignacio Walker

Historia de un desencuentro: La derecha y el debate constitucional, por Ignacio Walker

MARIO DESBORDES, PRESIDENTE DE RN, JUNTO AL SENADOR ANDRÉS ALLAMAND. FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

“Demás está decir que es perfectamente legítimo votar a favor o en contra de la opción de una Nueva Constitución en el plebiscito del 26 de abril próximo. En el caso de RN, sin embargo, hay una trayectoria, unos compromisos y una coherencia que cuidar en aras de la consolidación de una democracia estable,” asegura Ignacio Walker

El 18 de enero de 2012, la directiva de Renovación Nacional -encabezada por su presidente Carlos Larraín- y de la Democracia Cristiana -encabezada por el suscrito- dimos a conocer un documento de cuatro páginas titulado “Un nuevo régimen político para Chile”. En éste señalábamos lo siguiente: “A pesar de una transición valorada en el mundo entero y de los avances sociales y económicos evidentes, es fácilmente constatable que existe una desafección y crítica ciudadana con el sistema que puede continuar creciendo con una baja de la participación ciudadana y una conflictividad social que puede transformarse en crónica”.

De ello hace ocho años.

Nuestro diagnóstico era que “el presidencialismo exacerbado se encuentra en proceso de agotamiento”. Proponíamos un perfeccionamiento y profundización de la democracia a través de un cambio de régimen político que contemplaba los siguientes aspectos: una forma de gobierno semipresidencial que separe la institución de la Presidencia (Jefe de Estado) de la de Gobierno (Primer Ministro); un avance efectivo en la descentralización dirigido a potenciar y democratizar el gobierno regional y municipal (incluyendo elección directa del presidente del gobierno regional y de los consejeros regionales y la creación de gobiernos metropolitanos) y la sustitución del sistema electoral binominal por uno de representación proporcional corregido, entre otras reformas.

Pues bien, fui testigo de cómo esa misma tarde del 18 de enero de 2012, a Carlos Larraín y a la directiva que presidía sencillamente los destruyeron (políticamente hablando) desde el Palacio de La Moneda. A las pocas horas, el acuerdo en el que habíamos trabajado durante varias semanas estaba muerto.

Habíamos conversado de aumentar el número de diputados de 120 a 134 y de senadores de 38 a 44. Mi impresión era que había agua en la piscina en la oposición de ese entonces para apoyar un acuerdo como ese (en el marco de un sistema electoral de representación proporcional moderado o corregido). No alcanzamos ni a formalizar esa propuesta, la que fue pulverizada desde el Palacio de Gobierno. Dos años después, con el diputado Cristián Monckeberg, presidente de RN, y el diputado Osvaldo Andrade, presidente del PS, acordamos subir los diputados a 134 y los senadores a 50. Lo cierto es que, en menos de 48 horas, la bancada de senadores de RN le quitó el piso a su timonel. El acuerdo no prosperó.

Y es que la historia de la derecha y el debate constitucional es muy tortuosa y contradictoria. Es una historia de desencuentros. Se perdieron momentos preciosos para avanzar en el perfeccionamiento y profundización -en definitiva, en la legitimidad- de nuestro régimen democrático de gobierno.

Es así como transcurrieron 25 años desde la suscripción del Acuerdo Nacional hacia la plena democracia (agosto de 1985), al que concurrieron Andrés Allamand, Francisco Bulnes y Fernando Maturana, para eliminar la institución de los senadores designados. El acuerdo contemplaba un Congreso Nacional íntegramente elegido por la voluntad popular con facultades legislativas, fiscalizadoras y constituyentes. La comisión de juristas creada al amparo del Acuerdo Nacional (integrada, entre otros, por Carlos Reymond, miembro de la futura comisión política de RN), dio a conocer, por la unanimidad de sus miembros, una “proposición para una reforma mínima de la Constitución de 1980” que contemplaba un parlamento íntegramente elegido por la voluntad popular, compuesto de 50 senadores y 150 diputados.

Y suma y sigue. El 30 de noviembre de 1988, dos meses después del plebiscito, RN presentó al país su propuesta de reforma constitucional declarando que la integración de la Cámara de Diputados y el Senado “es insuficiente”, proponiendo un Parlamento íntegramente elegido por la voluntad popular y un Senado de 50 miembros. En el primer semestre de 1989 la Concertación y RN crearon unas comisiones técnicas integradas, entre otros, por Enrique Barros, José Luis Cea, Oscar Godoy y el mismo Caros Reymond en representación de RN (actuando a título personal) las que llegaron a proponer una Cámara de Diputados de 150 miembros y un Senado de 50 miembros, junto con un “método proporcional corregido”. Aunque los representantes de RN actuaron a título personal, el partido dio a conocer una declaración pública con fecha 22 de abril de 1989 en que señala que “ha acordado unánimemente aprobar el informe de la comisión técnicas” formadas con la Concertación (ver Bitácora Legislativa del Programa de Asistencia Legislativa de 6-10 de mayo de 1991 sobre los hechos y declaraciones anteriores).

A mediados de la década de 1990, el Consejo General de RN presidido por Andrés Allamand, celebrado en Temuco, ratificó formalmente la decisión adoptada desde fines de los años ’80 en el sentido de poner fin a la institución de los senadores designados. La mayoría de la bancada de senadores de RN pensaba otra cosa. Solo en la reforma constitucional de 2005, bajo el gobierno del Presidente Lagos, se puso fin a esa institución (uno de los principales enclaves autoritarios de la Constitución de 1980).

Transcurrieron 25 años desde la recuperación de la democracia en 1990 para poner fin al sistema electoral binominal. Solo en enero de 2015, bajo el segundo gobierno de la presidenta Bachelet, con el voto favorable de tres senadores independientes (Lily Pérez, Antonio Horvath y Carlos Bianchi) y el voto en contra de la totalidad de los parlamentarios de RN y la UDI, se puso fin al sistema electoral binominal sustituyéndolo por uno de representación proporcional moderado (con un máximo de 5 senadores y 8 diputados por circunscripción y distrito, respectivamente). La propuesta realizada con Carlos Larraín había sido abortada por la Moneda y la propuesta con Cristián Monckeberg había sido abortada por la bancada de senadores de RN. En estos días se discute un proyecto de ley para volver a bajar el número de diputados y senadores.

El 15 de noviembre de 2019, un conjunto amplio de partidos de gobierno y oposición suscribió un “Acuerdo Por la Paz Social y la Nueva Constitución”. Justifican dicho acuerdo señalando que “ante la grave crisis política y social del país, atendiendo la movilización de la ciudadanía y el llamado formulado por S.E. el Presidente Sebastián Piñera, los partidos abajo firmantes han acordado una salida institucional cuyo objetivo es buscar la paz y la justicia social a través de un procedimiento inobjetablemente democrático”.

Demás está decir que es perfectamente legítimo votar a favor o en contra de la opción de una Nueva Constitución en el plebiscito del 26 de abril próximo. En el caso de RN, sin embargo, hay una trayectoria, unos compromisos y una coherencia que cuidar en aras de la consolidación de una democracia estable. No es de extrañar que uno de los principales artífices y partícipes de todo el proceso que hemos mencionado, el senador Andrés Allamand (RN), con fecha 28 de noviembre, declare que “voy a votar a favor. Llevamos 40 años con una Constitución que genera división entre los chilenos (…) la nueva Constitución tiene que generar un elemento de cohesión” (programa “Llegó tu Hora” de TVN).

Lo cierto es que al momento de escribir estas líneas, 8 de 9 senadores de RN (incluido el senador Allamand) y 21 de 36 diputados de RN han anunciado su opción de rechazo a la Nueva Constitución en el plebiscito de 26 de abril próximo.

No es mi intención siquiera emitir un juicio político sobre toda la trayectoria anterior: una crónica que da cuenta de los profundos desencuentros entre RN (hoy por hoy la principal fuerza política del país) y una democracia constitucional que clama por nuevas formas de legitimidad en medio de -sin dudas- el momento más crítico desde la recuperación de la democracia en 1990.

Corresponde al actual timonel de dicho partido, el diputado Mario Desbordes, declaradamente partidario de la opción “Apruebo” y uno de los artífices del acuerdo del 15/11, ejercer el liderazgo en uno de los momentos más críticos de la historia de dos siglos de la república democrática de Chile. De RN depende, principalmente, que el plebiscito del 26 de abril y el proceso constituyente en marcha no devenga simplemente en una confrontación entre gobierno y oposición, sino en una oportunidad para consolidar la democracia constitucional del siglo XXI.

Ignacio Walker. LA TERCERA, 13-01-2020

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—Muy sencillo —respondió la escritora—, hay pocos hombres ciegos, pero los tontos abundan.

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