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El malentendido del Cardenal Sarah

El malentendido del Cardenal Sarah

El malentendido del Cardenal Sarah

¿Ha escrito Benedicto XVI un libro junto con el Cardenal Robert Sarah? Tras las dudas difundidas ayer, la respuesta de Sarah y las aclaraciones de Mons. George Gänswein, secretario del Papa emérito, resulta que, en realidad, no. Ha habido, según Gänswein, un “malentendido”.

Benedicto, en efecto, entregó a Sarah, como este ha dicho, “un texto sobre el sacerdocio católico, con especial atención al celibato”, en respuesta a una sugerencia que le había hecho. Accedió a que Sarah lo incluyera en un libro que el cardenal estaba preparando, y pudo revisar el manuscrito completo. Después dio su conformidad para que se publicara su propio texto dentro del volumen.

Pero Benedicto, ha advertido hoy Gänswein en nombre de él, “no había aprobado proyecto alguno de un libro con dos firmas, ni había visto ni autorizado la cubierta”, en la que aparece su foto junto a la del cardenal Sarah. Concluye Gänswein que “ha sido un malentendido, sin poner en duda la buena fe del cardenal Sarah”.

Por eso, en nombre del Papa emérito, Gänswein ha pedido a Sarah que se ponga en contacto con los editores para que “retiren el nombre de Benedicto XVI como coautor del libro, y también su firma de la introducción y de la conclusión”. Sarah ha confirmado que ha cumplido el encargo, y a la vez ha añadido que mantiene su versión de los hechos, publicada unas horas antes.

Benedicto entendió que su escrito aparecería en un libro firmado por Sarah, y este creyó que tenía el plácet para publicar un libro común

Esos cambios, se supone, quedan para futuras ediciones de la obra. La francesa original (Des profondeurs de nos cœurs), de la editorial Fayard, ya está preparada para salir al mercado el 15 de enero con la doble firma y las fotos. En el mismo caso está la versión en inglés de Ignatius Press (EE.UU.), aunque no saldrá a la venta hasta el 20 de febrero.

Un cambio de idea

Al leer el comunicado de Sarah se adivina cómo pudo darse el malentendido. El 5 de septiembre pasado, el cardenal propuso por carta a Benedicto que redactara un texto sobre el sacerdocio, que se podría publicar en torno a la Navidad o a principios de 2020. El 20 de septiembre, Benedicto contestó que ya antes había comenzado un escrito sobre esa materia, pero lo había abandonado al verse sin fuerzas bastantes para elaborar un estudio teológico. Sin embargo, la sugerencia de Sarah le había animado a reanudar la tarea. La concluyó, y el 12 de octubre envió el texto a Sarah.

Cuando lo hubo leído, el cardenal pensó que el trabajo de Benedicto era demasiado extenso y profundo para un periódico. Entonces concibió la idea de publicarlo en un libro, junto con otro texto sobre lo mismo del propio cardenal. El 19 de noviembre, Sarah remitió a Benedicto el manuscrito completo, compuesto del escrito del Papa emérito, otro del cardenal, una introducción y una conclusión. Unos días después, Benedicto contestó: “Estoy conforme con que el texto se publique de la manera que usted ha previsto”.

A la luz de la aclaración de Gänswein, parece que Benedicto entendió que su escrito aparecería en un libro firmado por Sarah, y este, en cambio, creyó que tenía el plácet de aquel para publicar un libro común. Ahora bien, las cartas de Benedicto que el cardenal ha dado a conocer no dicen nada de una obra firmada por ambos. Y mientras Sarah sostiene que había acordado con Benedicto “la cubierta, una introducción y una conclusión comunes”, Gänswein lo niega.

Francisco defiende el celibato sacerdotal

La otra polémica en torno al libro de Sarah surgió nada más aparecer la noticia de la publicación, con un anticipo y una entrevista al cardenal en Le Figaro. Algunos lo interpretaron como una maniobra para presionar al Papa Francisco, a fin de que no admitiera una excepción al celibato sacerdotal, sugerida en el pasado Sínodo de la Amazonia para aliviar la escasez de clero en la región. Esos mismos suponen que Francisco anunciará una decisión en la exhortación apostólica postsinodal que está elaborando y publicará pronto; la sonada apología del celibato por parte de Sarah serviría para estimular la oposición a tal cambio.

Ciertamente, el Cardenal Sarah dice en el libro, según el anticipo publicado: “Suplico al Papa Francisco que nos proteja (…) poniendo el veto a cualquier relajación de la ley del celibato sacerdotal, aun limitada a una u otra región”. A la vez, quien busque un defensor del celibato sacerdotal, tiene ante todo al propio Francisco. Estos días se ha recordado, entre otras, su declaración en el vuelo de regreso a Roma desde Panamá, hace un año: “Creo que el celibato es un don para la Iglesia (…) No estoy de acuerdo con permitir el celibato opcional, no”.

Cabe precisar que esa y otras intervenciones del Papa se refieren directamente a la posibilidad de que los candidatos al sacerdocio opten o no por el celibato antes de recibir el diaconado. En cambio, la propuesta del reciente Sínodo es ordenar hombres casados, de mayor edad, que no es exactamente lo mismo. De todas formas, es significativo –ha escrito Andrea Tornielli, director editorial del Dicasterio para la Comunicación– que en el discurso de clausura del Sínodo, “el Papa, tras haber seguido en el aula todas las fases de las intervenciones y del debate, no mencionara para nada el tema de la ordenación de hombres casados, ni siquiera de pasada”.

Así, en la defensa del celibato sacerdotal, el Cardenal Sarah está por lo menos fundamentalmente de acuerdo con Francisco. Y tampoco acepta ser considerado cabeza de la resistencia al Papa en la Curia. En su comunicado lamenta que algunos “quieran oponerme al Papa Francisco”. Y concluye diciendo: “Mi adhesión a Benedicto XVI permanece intacta y mi obediencia filial al Papa Francisco, absoluta”.

ACEPRENSA, 14-01-2020

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Humor

Le preguntaron a la ingeniosa escritora francesa Madame de Staël (1766-1817):

—¿Por qué las mujeres bonitas tienen más éxito entre los hombres que las inteligentes?

—Muy sencillo —respondió la escritora—, hay pocos hombres ciegos, pero los tontos abundan.

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Cuando le criticaban al dramaturgo Pedro Muñoz Seca (1881-1936) que malgastara su evidente talento en obras fáciles dirigidas al gran público, él se defendía diciendo:

—Prefiero pasar hoy en automóvil por donde está la estatua de Cervantes a que mis hijos pasen a pie por donde mañana pudiera estar la mía.

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