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Eastwood y Polanski o el linchamiento mediático e institucional antes de las redes sociales

Eastwood y Polanski o el linchamiento mediático e institucional antes de las redes sociales

Eastwood y Polanski o el  linchamiento mediático e institucional antes de las redes sociales

Estrenamos el año 2020 con dos estupendas películas, dirigidas por cineastas veteranos de maestría probada, Clint Eastwood y Roman Polanski.

Las películas El oficial y el espía y Richard Jewell presentan más puntos en común que el hecho de tener detrás de la cámara a dos grandísimos directores. Ambas se basan en hechos reales, y abordan casos en que sus protagonistas se vieron falsamente acusados de hechos deleznables. Se convirtieron así en víctimas de los prejuicios y de la precipitación, autoridades y medios de comunicación se encontraron encantados consigo mismos al dar con chivos expiatorios que ocultaran su ineptitud para anticiparse a las amenazas que se cernían sobre sus conciudadanos. En un ejercicio de ciencia ficción, podríamos tratar de imaginarnos qué les habría pasado a Alfred Dreyfus y Richard Jewell de haber afrontado sus pruebas en tiempos de redes sociales, con tuits calumniosos de una chusma siempre ávida de carnaza para paliar las frustraciones de sus vidas vacías y su baja autoestima.

Roman Polanski en El oficial y el espía describe el célebre caso Alfred Dreyfus, acontecido a finales del siglo XIX, en que este capitán judío del ejército francés fue hallado culpable de espionaje por un tribunal militar, y tras una degradación pública humillante, ampliamente difundida por la prensa, fue desterrado a la Isla del Diablo. Sólo la honradez del coronel Georges Picquart, nombrado jefe del servicio de contraespionaje, restablecería el honor del falsamente acusado, pero no sin antes enfrentarse a mil obstáculos levantados por sus colegas y sus superiores. Éstos su vieron cegados por el antisemitismo y por el temor a un escándalo que empañara la “grandeur” francesa y supusiera un nuevo golpe al prestigio del ejército ante el enemigo prusiano.

Más allá de las lecturas de que Polanski, con este film, trata de rebatir a los que le siguen restregando su caso aún pendiente con la justicia estadounidense –el abuso sexual de una menor en 1977–, lo que nos cuenta tiene un enorme interés. El cineasta de origen polaco rueda con fuerza y magnífico clasicismo, e invita a la búsqueda de la verdad sobre todas las cosas, aunque tal verdad suponga reproches, reconocimiento de errores y tal vez desprestigio. Porque a la postre, es completamente cierta la afirmación evangélica de que la verdad nos hace libres. E hizo bien por ello Émile Zola en publicar su célebre “J’accuse” para afear la conducta intolerable del gobierno y los militares franceses, aunque el mismo también fuera linchado metafóricamente por la opinión pública.

En Richard Jewell observamos que, 100 años después, no escarmentamos. Clint Eastwood sigue con su gusto por abordar historias reales de héroes trocados en villanos por autoridades y ciudadanos tras filmes como Sully. Resulta muy llamativo cómo un guardia de seguridad en un atentado durante un concierto de Atlanta, durante las olimpiadas de 1996, pudo pasar de ser considerado alguien heroico, que al hacer bien su trabajo salvó vidas, a encajar en el perfil de sospechoso. El FBI, que no supo anticiparse a los hechos, necesitaba resolver el caso enseguida, y la prensa, representada por la periodista Kathy Scruggs, buscaba una primicia a toda costa. De modo que Richard Jewell, por ser un poco “especial” –soltero, gordito y con bigote, hijo único que vive con su madre, que sueña con ser policía y le gustan las armas, concienzudo hasta la extenuación en hacer bien el trabajo y controlador hasta merecer el apodo de “radar”–, es puesto en la diana de la investigación federal, y los medios, haciéndose eco unos de otros, le acosan y convierten su vida en un infierno.

Curiosamente, también en este film de Eastwood hay quien ha encontrado la forma de mirar el dedo en vez de la luna apuntada, porque se sugiere que Scruggs seduce a un agente del FBI para sonsacarle información. Lo que tal vez sea desacertado, pero no invalida la mayor, o sea, la idea de que si un héroe no nos gusta, y hasta aparenta que podría ser votante de Vox de ser español, por poner un poner, pues nada, se le demoniza y convierte en un impresentable al que le negamos hasta un vaso de agua.

En fin, que invito a los amantes de los programas dobles a visionar El oficial y el espía y Richard Jewell. Y tal vez después de hacerlo se lo piensen un poco antes de hacer un retuit o un comentario injuriante hacia una persona, cuando nos falta datos para juzgar los hechos que alguien despacha irresponsable y casi seguro anónimamente, sin pestañear siquiera.

José maría Aresté. DECINE21

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Humor

Le preguntaron a la ingeniosa escritora francesa Madame de Staël (1766-1817):

—¿Por qué las mujeres bonitas tienen más éxito entre los hombres que las inteligentes?

—Muy sencillo —respondió la escritora—, hay pocos hombres ciegos, pero los tontos abundan.

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Cuando le criticaban al dramaturgo Pedro Muñoz Seca (1881-1936) que malgastara su evidente talento en obras fáciles dirigidas al gran público, él se defendía diciendo:

—Prefiero pasar hoy en automóvil por donde está la estatua de Cervantes a que mis hijos pasen a pie por donde mañana pudiera estar la mía.

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