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Lorca, o el poder corrosivo del tiempo

Lorca, o el poder corrosivo del tiempo

Lorca, o el poder corrosivo del tiempo
diciembre 11

Nuevo salto sin red de Pablo Remón, que lleva a los Teatros del Canal su visión de ‘Doña Rosita’ la soltera, texto con el que Lorca inauguraría un nuevo ciclo teatral. Fernanda Orazi y Francesco Carril, al frente del reparto.

Este Año Lorca que termina se despide con una interesante versión de Doña Rosita la soltera “anotada” y adaptada por Pablo Remón, el director y dramaturgo que, reforzado por la compañía La Abducción, ha firmado hitos escénicos como El tratamiento y Los mariachis (elegida por los críticos de El Cultural como mejor obra de 2018). “Doña Rosita es la más chejoviana de las obras de García Lorca y una de sus creaciones más queridas”, señala Remón, que la estrena este sábado, 7, en los Teatros del Canal con Fernanda Orazi y Francesco Carril como intérpretes principales.

“Para mí, esta obra es la otra cara de sus tragedias más famosas –añade–. Una especie de Cara B de Bodas de sangre o La casa de Bernarda Alba, donde no hay muertes, venganzas, ni crímenes sino solo el poder corrosivo del tiempo, que arrasa con todo”. El director ha construido un artefacto escénico capaz de atraer a aquellos que no les guste el texto original. Su estrategia es que toque al público sin un conocimiento previo del clásico lorquiano. “Habrá a quien le parezca un sacrilegio, pero me pareció que para ser fiel a la obra tenía que hacerlo así. Me enfrenté al texto como si fuera mío. A partir de ahí reescribí y reescribí. Me he sentido como un arquitecto al que le encargan la ampliación de un edificio clásico. Había algo que me unía mucho a esta obra”.

Drama y ficción

Doña Rosita, obra escrita en 1935, destila buena parte de la infancia de Lorca, en especial la que concierne a las mujeres que le rodearon. “Trabajando en la obra me di cuenta de que no trata sobre la condición de la mujer de principios de siglo, no va sobre una mujer a la que abandona su novio –precisa Remón a El Cultural–. Va sobre el tiempo y sobre lo que éste hace a las personas. Y eso, no solo no ha cambiado sino que para mí es la esencia del drama y también de la ficción”.

Doña Rosita  habla de las ilusiones perdidas y de la sociedad como cárcel y terreno de juego”. P. Remón

Así es como el director responde, de la mano del poeta granadino, a preguntas como: ¿Quién eras con veinte años y quién eres con cuarenta? ¿Qué relación tienen esos dos personajes separados en el tiempo? ¿Cuánto de lo que haces nace de ti y cuánto de la herencia recibida? ¿Qué cargas adquiridas sigue teniendo hoy una mujer? ¿Qué rol nos exige la sociedad que ocupemos? “Mi versión trata fundamentalmente del tiempo y del recuerdo”, explica Remón, que vuelve a Chéjov para señalar que en esta Rosita podemos encontrar tres claves de la obra del escritor ruso: “Las ilusiones perdidas, la sociedad como cárcel y terreno de juego y el tiempo como algo que va minando el interior de los protagonistas”.

Según Remón, que prepara para Bárbara Lennie, Irene Escolar y Carmen Machi Las ficciones (que estrenará en junio en el Pavón Kamikaze) y una versión de Traición, de Harold Pinter, para Israel Elejalde, estamos ante un montaje esencial, desnudo, que apuesta por la palabra y por la interpretación: “Como en otros montajes míos aparece la narración pero en Doña Rosita la presento de manera distinta. Hay un solo narrador, al que llamo ‘anotador’, que subraya, tacha, recorta y apunta al mismo tiempo que va proyectando su vida personal en lo que está leyendo. Lo experimentamos todos con la lectura”.

La escenografía de Mónica Borromello, la producción de Jordi Buxó y Rocío Saiz, el espacio sonoro de Sandra Vicente y Raquel Alarcón como ayudante de dirección completan esta atrevida incursión en el mundo de Lorca.

Javier López Rejas. @ecolote

EL CULTURAL, España, 04-12-2019

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Humor

Le preguntaron a la ingeniosa escritora francesa Madame de Staël (1766-1817):

—¿Por qué las mujeres bonitas tienen más éxito entre los hombres que las inteligentes?

—Muy sencillo —respondió la escritora—, hay pocos hombres ciegos, pero los tontos abundan.

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Cuando le criticaban al dramaturgo Pedro Muñoz Seca (1881-1936) que malgastara su evidente talento en obras fáciles dirigidas al gran público, él se defendía diciendo:

—Prefiero pasar hoy en automóvil por donde está la estatua de Cervantes a que mis hijos pasen a pie por donde mañana pudiera estar la mía.

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