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El papel decisorio de las mujeres de la ‘otra Corte’ de los Austria

El papel decisorio de las mujeres de la ‘otra Corte’ de los Austria

El papel decisorio de las mujeres de la ‘otra Corte’ de los Austria
diciembre 11

El Palacio Real de Madrid inaugura ‘La otra Corte’, una exposición con un centenar de obras procedentes de los monasterios de Las Descalzas y La Encarnación

Entre las monjas de los monasterios de Las Descalzas y La Encarnación se encontraban algunas de las mujeres más importantes de Europa de los siglos XVI y XVII. La fundadora del primero fue Juana de Austria, Princesa de Portugal e hija de Carlos V; el segundo lo puso en marcha la Reina Margarita de Austria, esposa del Rey Felipe III. Bajo el influjo de estas mujeres ambos conventos, -que funcionaban como cortes paralelas a la del Rey y como una red internacional cuya influencia las relacionaba con Lisboa, Bruselas, Praga, Viena y Florencia-, empezaron una colección de arte de una riqueza singular. Constatar el papel decisorio de las mujeres de la Casa de Austria y poner en valor las obras que en ocasiones pueden pasar desapercibidas en sus lugares de origen son las premisas principales de la exposición La otra Corte. Mujeres de la Casa de Austria en los Monasterios Reales de Las Descalzas y La Encarnación, que se puede ver en el Palacio Real hasta el 15 de marzo.

“La cantidad y gran variedad de objetos que hay en ambos lugares ha hecho que la selección haya sido complicada. Finalmente, de las casi 6.000 piezas hemos escogido 110”, ha comentado Fernando Checa, comisario y catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid. Las colecciones incluyen objetos de diversas disciplinas conservadas en los Reales Monasterios. Además de la búsqueda de un discurso lógico Checa ha querido equilibrar la presencia de obras conocidas con otras, como la colección de tapices de la serie El triunfo de la Eucaristía (realizada por maestros como Jan II Raes, Jacob I Geubels, Hans Vervoert y Jacques Fobert), difíciles de ser vistas por el público. Que sean monasterios de clausura (allí viven una veintena de monjas de las clarisas coletinas en Las Descalzas y agustinas recoletas en La Encarnación) en uso y la fragilidad de las obras han sido algunas de las dificultades añadidas para sacarlas de su espacio.

Gregorio Fernández: ‘Cristo yacente’, 1615

Tras mucho pensar llegaron a la conclusión de que la muestra debía articularse en torno a ideas en un recorrido no del todo cronológico. De modo que el retrato de Juana de Austria realizado por Alonso Sánchez Coello en 1566 (ver foto de arriba) marca el inicio del recorrido que resume la vida artística, política y religiosa de estos dos espacios de los Austria españoles. Juana, además de fundar el monasterio, dividió Las Descalzas en dos creando una simbiosis «entre la vida palaciega y cortesana». De modo que las dos primeras salas, que se centran en el «papel crucial que esta desempeñó», se pueden ver piezas como El arcángel Jehudiel o El Santo protector de la comunidad, obra de la escuela de Gaspar Becerra, algunos retratos cortesanos de su colección, tablas flamencas del siglo XVI, relicarios y ornamentos sagrados así como el Arca de San Víctor, «que Ana de Austria compró en Nuremberg y donó al convento» y dispuesto en el centro de una de las salas.

Dos de los espacios más singulares de ambos conventos están relacionados con los relicarios, algunos de artistas anónimos, que han llegado a la actualidad y aparecen repartidos en diferentes salas del Palacio Real. Otra de las protagonistas es sor Margarita de la Cruz, sobrina de Juana, cuyos retratos de pie o de rodillas muestran su piedad religiosa o Pedro de Mena, quizá el «escultor más sobresaliente de la época». Algunas de sus tallas, como Santa Clara, una Dolorosa, un Niño Jesús de la Pasión y una Magdalena penitente que se expone con su armario barroco original, se muestran en una sala cargada del dramatismo y la elegancia que caracterizó a la creación Mena.

Túmulo de Juana, conjunto de mediados del siglo XVI

Después de observar la maestría de Mena respecto a los detalles el eje Madrid-Viena nos devuelve al monasterio de Las Descalzas y la colección de retratos de artistas como Antonio Moro, Juan Pantoja de la Cruz o Jooris van der Straeten de la emperatriz María de Austria que corresponden a una “importante etapa del barroco europeo”, comenta Checa. Otro gran escultor de la época como fue Gregorio Fernández protagoniza dos salas con las esculturas que hizo para el Monasterio de la Encarnación. Su Cristo atado a una columna nos muestra a Cristo ensangrentado y lleno de dramatismo. Liderando la otra sala aparece Cristo yacente, que ha sido restaurado y se exhibe con toda «su construcción teatral» que evoca la cristología del convento. Obras de Rubens y Van Dyck son un preludio a una última sala en la que vemos el túmulo de Juana de Austria, que murió a los 37 años.

«Los inventarios de Juana de Portugal y de la emperatriz María de Austria dan una idea de la riqueza inimaginable de las colecciones de estos monasterios», asegura Checa. Sin embargo, el inexorable paso del tiempo ha hecho que muchas piezas se hayan perdido porque en ocasiones los objetos eran de uso de la corte. Tras la exposición, los fondos de ambos lugares serán reestructurados para adaptarse a una nueva museografía más actual pero en ningún caso «se van a desmontar para ningún museo, sería un crimen contra estos espacios que han llegado a nosotros como en el siglo XVI y XVII. La idea es reordenarlos y mejorarlos», afirma. De modo que el Museo de Colecciones Reales, aún sin fecha de apertura, no los vaciará sino que hará uso de «aproximadamente 700 piezas de las 157.000 que existen en su inventario. Este museo tiene que servir para visitar Las Descalzas y La Encarnación».

Saioa Camarzana. @scamarzana

EL CULTURAL, España, 05-12-2019

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Humor

Le preguntaron a la ingeniosa escritora francesa Madame de Staël (1766-1817):

—¿Por qué las mujeres bonitas tienen más éxito entre los hombres que las inteligentes?

—Muy sencillo —respondió la escritora—, hay pocos hombres ciegos, pero los tontos abundan.

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Cuando le criticaban al dramaturgo Pedro Muñoz Seca (1881-1936) que malgastara su evidente talento en obras fáciles dirigidas al gran público, él se defendía diciendo:

—Prefiero pasar hoy en automóvil por donde está la estatua de Cervantes a que mis hijos pasen a pie por donde mañana pudiera estar la mía.

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