Temas & Noticias



Relatos fanáticos

Relatos fanáticos

Relatos fanáticos

La nueva política fanatiza a sus seguidores porque en los extremos se ganan los votos que nacen de la desilusión, la desigualdad y las promesas incumplidas. Ganan los que materializan el encono.

El advenimiento de las plataformas tecnológicas ha cambiado para siempre el relato político. Estamos atrapados en un torbellino de polarización, alimentado por las redes, en el cual cada parte del espectro político “delinea” su realidad de acuerdo a agendas propias e intereses particulares.

El periodismo tradicional encuentra grandes dificultades para construir una narrativa objetiva, basada en la realidad y la descripción de los hechos, al emerger cada vez más un relato fanático, proclive a reafirmar los postulados del bando político al que se pertenezca.

Como en la Guerra Fría, la edificación de “iglesias ideológicas” ha proliferado en la última década, ratificando “verdades paralelas” aplicables a cualquier circunstancia. Se justifican barbaridades con tal de quedar bien con los demás “feligreses” de la secta en la que se participe.

La existencia de “verdades paralelas” ha producido una enorme confusión para grandes segmentos de la población que no disponen de elementos suficientes para construir una opinión cercana a la verdad.

Esta circunstancia se multiplica por el activismo de bots que dedican días completos a “dibujar” relatos fanáticos en favor de la postura política de su “iglesia política”. Cada quien defiende su “verdad” en una contienda eterna por avanzar los postulados propios. Lo importante no es resolver problemas. Lo que cuenta es ganar más adeptos.

Las campañas electorales han transformado su objetivo fundacional. Resulta irrelevante debatir los grandes problemas de la agenda pública. El nuevo juego pasa por indignar, polarizar y enfrentar. Gana el más extremo. Los buscadores de consensos no tienen lugar en la batalla.

La nueva política fanatiza a sus seguidores porque en los extremos se ganan los votos que nacen de la desilusión, la desigualdad y las promesas incumplidas. Ganan los que materializan el encono, aunque no se tenga plan de gobierno o propuestas de política pública razonables.

Los relatos fanáticos anclados a la obsesión por ganar no respetan principios ni valores del pasado. “Todo se vale” con tal de obtener el resultado deseado. La permanencia de lo que si funciona, incluyendo el entramado institucional construido por décadas, no forma parte de la nueva feligresía política del cambio instantáneo.

Esta nueva dinámica representa un reto formidable para quienes organizan las elecciones. Desde antes de que comiencen los comicios, los árbitros y jueces electorales son descalificados por jugadores y cronistas, como parte de estrategias, con nulo sentido de responsabilidad.

En entornos polarizados, agravados por la desigualdad y la falta de oportunidades, órganos electorales y jueces especializados son la “víctima perfecta” para pagar los platos rotos del descontento y la creciente tensión social.

Lo anterior se acentúa cuando el árbitro electoral carece de autonomía y prestigio entre la comunidad. Sólo con órganos electorales fuertes, integrados con profesionales independientes y con buena reputación es posible “sobrevivir” en un entorno tan viciado.

Sabedores de que la democracia se encuentra en una crisis de legitimidad ante los pobres resultados de los gobiernos en funciones, sería urgente revisar la fortaleza de nuestras instituciones, sin el objetivo avieso de aprovechar la reflexión para extirpar de los institutos electorales su independencia y autonomía.

 Balance

Los órganos electorales se han transformado en los páganos de las intenciones de otros actores políticos que sin escrúpulos buscan destruirlos o controlarlos. Ésa es una ruta suicida que no conviene a nadie.

La lucha democrática por el poder supone la existencia de órganos y jueces electorales que se encuentren por encima de los vulgares apetitos de la política. Su función es crucial para el mantenimiento de la civilidad, el diálogo y la tolerancia.

En un mundo de verdades alternativas y relatos fanáticos necesitamos de instituciones sólidas que no sucumban a las presiones y los chantajes de la política. Cuidar al árbitro es cuidar a la democracia.

Columna de Francisco Guerrero Aguirre

EXCELSIOR, México, 03-12-2019

Video de la semana

Video Recomendado












Humor

El dramaturgo francés Victorien Sardou (1831-1908) dio a un mendigo una moneda de diez céntimos. El pobre se enfadó ante lo exiguo de la limosna y le dijo desafiante:

—¿Qué quiere usted que haga con esto?

—Puedo sugerirle que dé esa moneda a un pobre —le contestó Sardou.

~ ~ ~



Le preguntaron durante una comida al abogado, diplomático y multimillonario estadounidense Joseph Hodges Choate (1832-1917), durante muchos años embajador de su país en el Reino Unido, quién le habría gustado ser, y respondió sin dudar:

—Mi heredero.