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QUERIDOS PADRES MAGOS

QUERIDOS PADRES MAGOS

QUERIDOS PADRES MAGOS

magosPodemos hacer una lista casi infinita de todos los juguetes que los niños escriben en sus cartas a los Reyes Magos, pero ¿qué pedirían a sus padres si pudieran hacerlo en una carta como la que mandan a sus Majestades de Oriente? Una vez más, el buen hacer del publicista nos da la respuesta (La otra carta).

Varios niños escriben su carta a los Reyes Magos: en el papel consignan ilusionados, y con su mejor letra, los juguetes que se han pedido este año, procuran no dejarse ninguno. Pero, una vez acabada, se les sugiere que escriban otra, ésta dirigida a sus padres. Vuelven a tomar el lápiz, más ilusionados si cabe y con letra inmejorable. Ahora no piden juguetes, sino cosas que sólo los Reyes Magos de verdad, los padres, les pueden traer.

Si la primera lista es casi infinita, la que escriben a sus padres se reduce a unos mínimos comunes:

Que estéis más tiempo conmigo.

Que hagáis más experimentos en casa.

Que me hagáis un poco más de caso.

Que cenéis más con nosotros.

Que me hagáis cosquillas.

Que me leáis un cuento.

Que pasemos un día juntos.

Que juguéis conmigo.

En fin, los niños piden a sus padres más tiempo, más atención, más presencia. Y cuando se les pregunta cuál de las dos cartas escogen para echar al buzón, dudan un momento, pero al final deciden: “la de mis padres”. Y es que los niños prefieren a sus padres más que a cualquier juguete.

Nosotros hemos hecho la misma prueba con nuestros alumnos y alumnas adolescentes. En esta etapa vital, los juguetes se convierten en consolas, ordenadores, móviles, discos, ropa, dinero…, pero a los padres les siguen pidiendo lo mismo, expresado de otra manera, claro está:

Que tengáis más paciencia y no me gritéis tanto.

Que me ayudéis en los malos momentos.

Que me escuchéis y me deis confianza.

Que trabajéis menos y paséis más tiempo conmigo.

Que os pongáis en mi lugar.

Que me sonriáis cada día.

Que me comprendáis y me perdonéis.

Que no deis tanta importancia a las cosas que hago mal.

Tenemos que decir que no todos los adolescentes quisieron escribir su carta, mientras que los niños del anuncio no dudaron en hacerlo. Se nota que la ilusión de los pequeños se ha convertido al cabo del tiempo en cierta decepción, quizá porque los niños creen en los Reyes Magos mientras que los ya más mayores saben que son los padres los que traen los juguetes y, muchas veces, sólo eso. Hemos de decir también que algunos adolescentes dijeron estar muy contentos con sus padres y aprovecharon “la otra carta” para darles las gracias y desearles que se sigan queriendo como hasta ahora.

Queridos padres magos: sólo vosotros podéis ser magos para vuestros hijos y traerles, esta Navidad y todo el año, lo que sabéis que ellos más necesitan, os lo pongan por escrito o no.

Pilar Guembe y Carlos Goñi. ACEPRENSA

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Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

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Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

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