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Los laicos son los responsables de hacer crecer la Fe

Los laicos son los responsables de hacer crecer la Fe

En su catequesis semanal, durante la Audiencia general de hoy, el Papa ha subrayado el papel de los laicos en la evangelización del Imperio Romano

Los Hechos de los Apóstoles narran que Pablo, como evangelizador infatigable que es, tras la estancia en Atenas, lleva adelante la carrera del Evangelio en el mundo. Nueva etapa de su viaje misionero es Corinto, capital de la provincia romana de Acaya, una ciudad comercial y cosmopolita, gracias a la presencia de dos puertos importantes.

Como leemos en el capítulo 18 de los Hechos, Pablo encuentra hospitalidad en una pareja de esposos, Aquila y Priscila (o Prisca), obligados a trasladarse de Roma a Corinto después de que el emperador Claudio ordenase la expulsión de los judíos (cfr. Hch 18,2). Quisiera hacer un paréntesis. El pueblo hebreo ha sufrido mucho en la historia. Ha sido expulsado, perseguido… Y, en el siglo pasado, vimos tantas, tantas brutalidades que hicieron al pueblo judío, y todos estábamos convencidos de que eso se había acabado. Pero hoy, empieza a renacer aquí y allá la costumbre de perseguir judíos. Hermanos y hermanas, eso no es ni humano ni cristiano. ¡Los judíos son hermanos nuestros! Y no deben ser perseguidos. ¿Entendido?

Estos esposos demuestran tener un corazón lleno de fe en Dios y generoso con los demás, capaz de dejar sitio a quien, como ellos, experimenta la condición de forastero. Esa sensibilidad les lleva a descentrarse de sí para practicar el arte cristiano de la hospitalidad (cfr. Rm 12,13; Hb 13,2) y abrir las puertas de su casa para acoger al apóstol Pablo. Así acogen no solo al evangelizador, sino también el anuncio que él lleva consigo: el Evangelio de Cristo que es «fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rm 1,16). Y desde aquel momento su casa se impregna del perfume de la Palabra «viva» (Hb 4,12) que vivifica los corazones.

Aquila y Priscila comparten con Pablo también la actividad profesional, que es la construcción de tiendas. Pablo estimaba mucho el trabajo manual y lo consideraba un espacio privilegiado de testimonio cristiano (cfr. 1Cor 4,12), además de un justo modo para mantenerse sin ser peso para otros (cfr. 1Ts 2,9; 2Ts 3,8) o la comunidad.

La casa de Aquila y Priscila en Corinto abre las puertas no solo al Apóstol sino también a los hermanos y hermanas en Cristo. De hecho, Pablo puede hablar de la «iglesia que se reúne en su casa» (1Cor 16,19), la cual se convierte en una “casa de la Iglesia”, una “domus ecclesiae”, un lugar de escucha de la Palabra de Dios y de celebración de la Eucaristía. También hoy en algunos países donde no hay libertad religiosa y no hay libertad para los cristianos, se reúnen en una casa, un poco a escondidas, para rezar y celebrar la Eucaristía. También hoy hay esas casas, esas familias que son un templo para la Eucaristía.

Tras un año y medio de permanencia en Corinto, Pablo deja aquella ciudad junto a Aquila y Priscila, y se quedan en Éfeso. También allí su casa será lugar de catequesis (cfr. Hch 18,26). Finalmente, los dos esposos volverán a Roma y serán destinatarios de un espléndido elogio que el Apóstol incluye en la carta a los Romanos. Tenía el corazón agradecido, y así escribe Pablo sobre estos dos esposos en la carta a los Romanos. Escuchad: «Saludad a Prisca y Aquila, mis colaboradores en Cristo Jesús, que expusieron sus cabezas para salvar mi vida, a quienes damos gracias no sólo yo sino también todas las iglesias de los gentiles» (16,3-4). ¡Cuántas familias en tiempo de persecución arriesgan la cabeza para mantener escondidos a los perseguidos! Ese es el primer ejemplo: la acogida familiar, incluso en los momentos malos.

Entre los numerosos colaboradores de Pablo, Aquila y Priscila emergen como «modelos de una vida conyugal responsablemente comprometida al servicio de toda la comunidad cristiana» y nos recuerdan que, gracias a la fe y al esfuerzo en la evangelización de tantos laicos como ellos, el cristianismo ha llegado hasta nosotros. Pues «para arraigarse en la tierra del pueblo, para desarrollarse vivamente, era necesario el compromiso de esas familias. Y pensad que el cristianismo desde el comienzo fue predicado por laicos. También vosotros laicos sois responsables, por vuestro Bautismo, de sacar adelante la fe. Era el compromiso de tantas familias, de estos esposos, de esas comunidades cristianas, de fieles laicos que dieron el “humus” para el crecimiento de la fe» (Benedicto XVI, Catequesis, 7-II-2007). Es bonita esta frase del Papa Benedicto XVI: los laicos dan el humus para el crecimiento de la fe.

Pidamos al Padre, que decidió hacer de los esposos su «verdadera “escultura” viviente» (Amoris laetitia, 11) ─creo que aquí hay recién casados: escuchad vuestra vocación, debéis ser la verdadera escultura viviente─, infundir su Espíritu en todas las parejas cristianas para que, siguiendo el ejemplo de Aquila y Priscila, sepan abrir las puertas de sus corazones a Cristo y a los hermanos y transformen sus casas en iglesias domésticas. Bonita palabra: una casa es una iglesia doméstica, donde vivir la comunión y ofrecer el culto de la vida vivida con fe, esperanza y caridad. Debemos rezar a estos dos santos Aquila y Prisca, para que enseñen a nuestras familias a ser como ellos: una iglesia doméstica donde está el humus, para que la fe crezca.”

Francisco

ALMUDI, 13-11-2019

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—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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