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Leer el Evangelio

Leer el Evangelio

Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los más mínimos detalles de su existencia, de su carácter, para así identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrección. En los primeros años de mi labor sacerdotal, solía regalar ejemplares del Evangelio o libros donde se narraba la vida de Jesús. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el corazón, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ningún libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una película; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Señor.

Así nos sentiremos metidos en su vida. Porque no se trata sólo de pensar en Jesús, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores. Seguir a Cristo tan de cerca como Santa María, su Madre, como los primeros doce, como las santas mujeres, como aquellas muchedumbres que se agolpaban a su alrededor. Si obramos así, si no ponemos obstáculos, las palabras de Cristo entrarán hasta el fondo del alma y nos transformarán. Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más penetrante que espada de dos filos, y se introduce hasta en los pliegues del alma y del espíritu, hasta en las junturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.

Si queremos llevar hasta el Señor a los demás hombres, es necesario ir al Evangelio y contemplar el amor de Cristo. Podríamos fijarnos en las escenas cumbres de la Pasión, porque, como El mismo dijo, nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos. Pero podemos considerar también el resto de su vida, su trato ordinario con quienes se cruzaron con El.

San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei

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Dos anécdotas del Presidente Ramón Barros Luco, famoso por tomarse las cosas con calma.

Mientras estaba de visita en el Congreso Nacional, fue informado del enfrentamiento entre huelguistas y la policía, y en vez de preocuparse por el asunto se limitó a preguntar:

-¿Y quién va ganando?

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En otra ocasión removió a un gobernador provincial por no cumplir cabalmente con sus deberes. El funcionario le envió un telegrama diciendo:

-Las sociedades obreras y las personas más importantes me piden que me quede.

-No les haga caso, contestó el Presidente

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