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Francisco: “El optimismo defrauda, ¡la esperanza no!”

Francisco: “El optimismo defrauda, ¡la esperanza no!”

La esperanza cristiana no ofrece recetas fáciles, pero sí un fundamento más sólido que el optimismo o el pensamiento positivo para construir la propia vida. Así lo explica el Papa Francisco en las 15 audiencias generales que hasta ahora ha dedicado a exponer los rasgos de esta virtud teologal. De su retrato emerge un mensaje atractivo, centrado en la misericordia y la cercanía de Dios.

Ante la experiencia del mal, la violencia o el dolor –explicó el Papa el 7 de diciembre, en la primera de sus catequesis– es fácil sentirse “perdidos y también un poco desanimados, porque nos sentimos impotentes y nos parece que esta oscuridad no se acaba nunca”. Es “la oscuridad de la desilusión, del desánimo” (28 de diciembre), que también experimentaron algunos de los personajes bíblicos que van apareciendo a lo largo de las audiencias: Abraham, Raquel, Jonás…

Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza”

Sirviéndose de imágenes bíblicas, Francisco constata que “la vida es a menudo un desierto” (7 de diciembre), “un camino arduo” o un “éxodo (…) largo y complicado” (1 de marzo). Pero la historia de Israel muestra también que “Dios con su amor camina con nosotros. (…) Cada uno de nosotros puede decir: ‘Yo espero, tengo esperanza, porque Dios camina conmigo. Camina y me lleva de la mano” (7 de diciembre).

De la esclavitud a la libertad

Parece que Francisco no ha dejado al azar la fecha de inicio de este ciclo de catequesis. La Navidad –dice– “marca el momento concreto en que la esperanza entró en el mundo. El nacimiento de Jesús nos trae una esperanza segura, una esperanza visible y evidente, que tiene su fundamento en Dios mismo. Jesús, entrando en el mundo, nos da fuerza para caminar con Él hacia la plenitud de la vida y vivir el presente de un modo nuevo” (21 de diciembre).

Esta frase sintetiza muy bien la idea de la esperanza cristiana que tiene el Papa. La virtud teologal de la esperanza “es sólida” y “nunca decepciona” porque su fundamento es “de lo que más fiel y seguro pueda estar, es decir, el amor que Dios mismo siente por cada uno de nosotros. (…) Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza” (15 de febrero).

Todo tiene sentido dentro del proyecto de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor”

A diferencia del optimismo y del pensamiento positivo, que dependen de la capacidad de cada cual de ver el lado favorable de las cosas, la esperanza “no está fundada sobre eso que nosotros podemos hacer o ser, y tampoco sobre lo que nosotros podemos creer” (15 de febrero). Hay motivos para la esperanza porque Dios ha hecho una promesa: viene “a realizar algo nuevo, a instaurar un reino de paz; (…) a traer libertad y consolación. El mal no triunfará para siempre, hay un fin al dolor” (14 de diciembre).

Es más: “La esperanza cristiana es la espera de algo que ya se ha cumplido”, porque Cristo, en su Resurrección, ya ha vencido al mal. “Está la puerta allí, y yo espero llegar a la puerta. ¿Qué tengo que hacer? ¡Caminar hacia la puerta! (…) Esperar por tanto significa aprender a vivir en la espera” (1 de febrero).

En ese “camino de la esclavitud a la libertad”, Dios acompaña con su misericordia y ofrece siempre la oportunidad de un nuevo comienzo. “Cada paso, cada fatiga, cada prueba, cada caída y cada recuperación, todo tiene sentido dentro del proyecto de salvación de Dios, que quiere para su pueblo la vida y no la muerte, la alegría y no el dolor” (1 de marzo).

Oración y caridad

Como el camino es largo, la tentación del desánimo acecha siempre. Por eso, vivir en la espera –volverse a Dios– “requiere un corazón humilde, un corazón pobre. Solo un pobre sabe esperar. Quien está ya lleno de sí y de sus bienes, no sabe poner la propia confianza en nadie más que en sí mismo” (1 de febrero). E insiste: “La esperanza es una virtud de los pequeños. Los grandes, los satisfechos no conocen la esperanza, no saben qué es” (7 de diciembre). De ahí la “unión entre oración y esperanza. La oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, ¡se necesita más oración! Y habrá más esperanza” (18 de enero).

La oración te lleva adelante en la esperanza y cuando las cosas se vuelven oscuras, ¡se necesita más oración! Y habrá más esperanza”

Otro elemento del que no puede prescindir la esperanza es la caridad: “La esperanza cristiana no tiene solo una respiración personal, individual, sino comunitaria, eclesial. (…) Ayudarnos mutuamente. Pero no solo ayudarnos ante las necesidades, en las muchas necesidades de la vida cotidiana, sino en la esperanza, ayudarnos en la esperanza” (8 de febrero).

Sobre la caridad ha vuelto en una de sus últimas catequesis sobre la esperanza: “Estamos llamados al amor, a la caridad: y esta es nuestra vocación más alta, nuestra vocación por excelencia; y a esta está unida también la alegría de la esperanza cristiana. Quien ama tiene la alegría de la esperanza, de llegar a encontrar el gran amor que es el Señor (15 de marzo).

ACEPRENSA, 28-03-2017

 

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