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Cómo podemos vivir la Cuaresma en el Año de la Misericordia

Cómo podemos vivir la Cuaresma en el Año de la Misericordia

En este 2016 el Papa Francisco nos ha pedido vivir la misericordia de manera especial. Por eso en este tiempo de Cuaresma, debemos llevar a la acción esta invitación que nos hace el Santo Padre.

Las obras de misericordia «nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu (…). Por eso, expresé mi deseo de que “el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio”». Ha dicho el Papa Francisco en su mensaje para la Cuaresma 2016.

Partiendo entonces de sus palabras, exponemos las siguientes formas de vivir la misericordia:

1. Ayudar a los más necesitados

Es ver a Cristo en los pobres y enfermos, es salir al encuentro de quién más necesita de nuestra ayuda: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, acoger al forastero, asistir los enfermos, visitar a los presos, enterrar a los muertos; son las propuestas del Santo Padre. Y todo esto en el día a día, en personas concretas que están, de alguna manera, cerca de nosotros.

2. Enseñar al que no sabe

Es dedicar un poco de tiempo para compartir nuestros conocimientos con alguien que lo necesite: puede ser un compañero de trabajo, un niño de la calle que no sabe leer, prestar nuestros servicios en un voluntariado o fundación, o enseñar a las personas que trabajan en nuestra casa u oficina.

3. Dar buen consejo al que lo necesita y consolar al triste

Todos en algún momento hemos necesitado una voz de aliento. Por eso debemos estar prestos a escuchar al otro y ser empáticos, es decir, tratar de conectarnos con la situación del otro sin juzgarlo, ni reprocharlo. Busquemos la iluminación del Espíritu Santo para darle un buen consejo y consolar su tristeza.

4. Corregir al que se equivoca

Es sano corregir al otro, hacerle caer en cuenta de su error pero hacerlo de buena forma, con amor todo es bien recibido.

5. Perdonar al que nos ofende

¡Cómo es difícil muchas veces perdonar! Y, sin embargo, el perdón es el instrumento puesto en nuestras frágiles manos para alcanzar la serenidad del corazón. Dejar caer el rencor, la rabia, la violencia y la venganza son condiciones necesarias para vivir felices”. Frase del Papa Francisco para la XXXI Jornada Mundial de la Juventud 2016.

6. Soportar con paciencia las personas molestas

Ante los defectos de los otros tenemos dos caminos: llenarnos de ira, rencor y envenenarnos; o respirar profundo, ser pacientes y no dejar que nos roben nuestra paz. La segunda opción es la que nos permite tener un espíritu sano y un corazón tranquilo.

7. Orar por los vivos y los difuntos

Hablar con Dios y poner en sus manos a nuestras personas cercanas, rezar por sus necesidades y orar también por los que ya han partido.

«La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar».

Tener un corazón misericordioso no significa tener un corazón débil. Quien desea ser misericordioso necesita un corazón fuerte, firme, cerrado al tentador, pero abierto a Dios”. Papa Francisco.

Lafamilia.info, 29-02-2016

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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