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Acompañar al Papa en Fátima

Acompañar al Papa en Fátima

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El prelado del Opus Dei, Monseñor Fernando Ocáriz, nos invita a acompañar, con la cercanía que da la oración, al Santo Padre en su próximo viaje a Fátima, donde canonizará a los pastorcitos Francisco y Jacinta

El centenario, ya inminente, de las apariciones de la Virgen en la Cova da Iria y la peregrinación del Papa a Fátima despiertan de nuevo en nosotros, de un modo especial, aquel deseo vibrante de san Josemaría: Omnes cum Petro ad Iesum per Mariam! Acompañemos al Papa Francisco con la cercanía que da la oración: dejemos en las manos de nuestra Madre las grandes intenciones de paz y de conversión que Ella comunicó en sus apariciones. Confiémosle también la unidad de la Iglesia y de los cristianos, para que, ¡todos con Pedro!, sembremos paz y alegría en el mundo.

A la intercesión de los próximos santos Francisco y Jacinta encomendamos a quienes sufren las consecuencias físicas y espirituales de la violencia, de la guerra, de la falta de libertad, de la discriminación, de la soledad, de la pobreza. La Virgen recomendó en Fátima el Rosario. Recémoslo con el cariño y la confianza de hijos que acuden al corazón de la Madre.

La oración será fecunda si la paz y la fraternidad que inspiran los mensajes de Nuestra Señora se hacen más presentes en el amor atento, abierto, delicado, a quienes Dios pone a nuestro lado. La caridad no es una fría educación. Meditémoslo con calma: en nuestra casa, en el trabajo, en la relación con todos, a pesar de nuestras limitaciones y de nuestra impaciencia, ¿pueden reconocer los demás en nosotros algo de la mirada maternal de Santa María?

Fernando

Roma, 10 de mayo de 2017

Fuente: opusdei.es.

 

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Doña María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, acudía a todos los actos sociales que se celebraban con el propósito de ‘colocar’ a sus hijas Francisca y Eugenia.

Durante una recepción en el Palacio del Elíseo, en 1849, el Presidente de la República Francesa, futuro Napoleón III, fijó sus ojos en su benjamina Eugenia, y quedó prendado de ella.

En un encuentro posterior, el maduro pretendiente quiso ir más allá con la joven, a la que llevaba 18 años de diferencia, y le preguntó cómo podría llegar hasta su alcoba. Sin inmutarse, Eugenia de Montijo contestó: -Por la Iglesia.

El 30 de enero de 1853, él ya convertido en Emperador de los franceses, Napoleón III y la bella española se casaron en la catedral de Notre Dame.

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