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Tus hijos necesitan el contacto con la naturaleza

Tus hijos necesitan el contacto con la naturaleza

Tus hijos necesitan el contacto con la naturaleza

Nuestros niños cada vez son más citadinos, tecnológicos y ajenos a los entornos naturales. Tal vez hemos olvidado los beneficios de la naturaleza en su desarrollo.

Si permitimos que los niños crezcan en contacto íntimo con la naturaleza, su bienestar y el del planeta están casi garantizados. No es una idea romántica, sino una conclusión basada en conocimientos pedagógicos y psicológicos,” afirma el pedagogo Manuel Núñez

¿Estamos criando niños de asfalto?

Nuestros niños no juegan al aire libre, no se suben a los árboles, no saltan en los charcos, no juegan con la tierra ni atrapan bichos. Los niños de hoy pasan horas en sus casas rodeados de pantallas, es a través de ellas que conocen los animales, los ríos y los bosques. Al mismo tiempo, los padres evitan exponerlos a la naturaleza porque se ensucian o se enferman; hemos olvidado que el contacto con el mundo natural es fundamental para su desarrollo físico y sicológico.

El doctor José Antonio Díaz Huertas, presidente de la Sociedad Española de Pediatría Social, explica en un artículo del diario ElMundo.es: “El niño necesita estar en contacto con la naturaleza para su desarrollo. Necesita pasar frío, calor, sudar, descubrir los insectos… Si piensa que la leche o los huevos vienen del supermercado, le faltará una parte importante para comprender todo el ciclo biológico”.

Asimismo, Richard Louv, autor del libro “El último niño de los bosques”, ha llamado a este fenómeno el “Síndrome por Déficit de Naturaleza”, para referirse a la poca conexión que existe entre los menores y el entorno natural. Aunque el término sirve más como descripción de una realidad que como diagnóstico médico, el autor explica que “a medida que pasan menos tiempo en el medio natural, sus sentidos se reducen, física y psicológicamente. Esto reduce la riqueza de la experiencia humana y contribuye al déficit que yo menciono”, declara Louv a Elmundo.es.

Beneficios de crecer junto a la naturaleza

La naturaleza es un aula de aprendizaje. Mejora la salud, desarrolla la creatividad, la destreza para la convivencia y resolución de problemas, la capacidad de exploración; además estimula los sentidos, fomenta las habilidades motoras y cognitivas, refuerza la seguridad, la autonomía, y permite el aprendizaje de valores.

De hecho, diversos estudios prueban que los niños del campo enferman menos, tienen mejor concentración y autodisciplina, mejor coordinación física, equilibrio y agilidad, son más imaginativos, tienen más habilidad para divertirse y colaborar en grupo, son más observadores, muestran más capacidad de razonamiento y más paz interior. Los de ciudad, en cambio, son más temerosos, desarrollan más alergias, tienen más problemas de sobrepeso u obesidad, son más nerviosos e inseguros y se aburren más, señala un artículo de LaVanguardia.com.

Por eso los padres deben exponer al niño a los entornos naturales: hay que dejarlos que se mojen los pies, que respiren el aire puro del campo, que descubran dónde viven las vacas y que vean los pájaros volar. Estas vivencias aportan mucho más que una pantalla. No podemos permitir que el principal entretenimiento de los niños provenga de la tecnología; existe un mundo natural que los está esperando.

Diez experiencias naturales para niños

Estas son algunas ideas para fomentar dicha sensibilidad en los más pequeños:

1. Realizar paseos por el campo, observar cada árbol, desde sus raíces, su tronco hasta sus hojas y comprender el proceso por el que adquieren los nutrientes.

2. Plantar una hortaliza en el huerto. Lo importante es poder seguir todo su proceso hasta que finalmente se pueda tomar y llevar a casa para realizar una deliciosa preparación con ese alimento.

3. Sembrar un árbol es una experiencia que adoran los niños, hay que dejarlos que tomen ellos mismos la tierra, hagan la abertura y lo siembren con todo el cuidado. Esto les dará la satisfacción de hacer un bien al planeta y con seguridad pensarán dos veces antes de arrancar una hoja o una rama de un árbol.

4. Plantar una semilla en casa y seguir todo su crecimiento. Dejar que el niño se encargue de los cuidados como echarle agua, sacarla al sol, etc. Así no sólo aprende acerca del ciclo de vida, sino también del valor del tiempo y el esfuerzo.

5. La playa y el mar son un escenario bellísimo de naturaleza pura. Además los niños gozan buscando caracolas en su diversidad de formas y colores. También se pueden estudiar los animales que viven en el agua.

6. Observar a los pajaritos en el jardín o en el parque, incluso se les puede llevar un poco de alimento para que los niños se los den.

7. Observar las estrellas al anochecer: algunos niños tienen especial interés por conocer el cosmos, así que se les puede llevar al planetario o invitarles a observar el cielo a través de un telescopio.

8. Realizar excursiones a una granja.

9. Buscar y dibujar insectos, sus formas, sus colores.

10. Cuidar a una mascota.

LaFamilia.info

 

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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