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“No robes la dignidad a esta mujer”

“No robes la dignidad a esta mujer”

Mike Kerrigan, abogado norteamericano, cuenta en The Wall Street Journal cómo su madre le apartó de la pornografía y le enseñó a respetar a las mujeres.

Cuando estaba en sexto curso, cierto día un compañero de colegio le dio una foto de revista donde aparecía una joven medio desnuda en una bañera. La imagen le resultó muy seductora. Se la guardó y decidió clavarla en la pared de su cuarto de baño, para tenerla a la vista.

Cuando llegó a casa, enseñó la foto a su madre y le dijo lo que pensaba hacer. Ella debió de “sentirse decepcionada por mis gustos lascivos”, recuerda Kerrigan, pero no le riñó, ni fue a decirlo a su marido. “Solo hizo dos preguntas, que yo recuerde, y luego vino la lección”.

“‘¿Está bien robar?’, preguntó. ‘No’, respondí. ‘¿Tampoco cuando es fácil, y a cielo abierto?’, prosiguió. ‘Tampoco’, corroboré. ‘Entonces, no robes la dignidad a esta mujer’. Y me quitó mi bella de baño”.

Aunque me dieran cien intentos con mis hijos –concluye Kerrington–, nunca lo haría tan bien. Gracias, mamá, y gracias a todas las madres que a lo largo de la historia nunca se dieron por vencidas con sus ‘hijos de tantas lágrimas’”, como decía san Agustín de la suya, santa Mónica.

Fuente: The Wall Street Journal/ACEPRENSA, 13-05-2018

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Detrás de esa aura de inviolable dignidad y severidad de la reina Isabel II, se esconde su alma de bromista implacable y desconcertante.

La actriz Sheila Hancock recuerda que cuando fue invitada al Palacio de Buckingham, pisó a uno de los perros de la reina.

-“Me sentí mortificada y le ofrecí disculpas a la reina, pero ella contestó, sin que se le moviera un párpado:

- ‘Es su culpa (de la mascota), por ser del mismo color de la alfombra’

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Durante una visita a una exposición de pinturas de Lucien Freud, Isabel se detuvo frente a sus característicos desnudos. El curador de la muestra le preguntó:

- “¿No fue usted pintada por Freud?”

- “Sí, pero no como a ellos”, contestó la Reina, muy seria.

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