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“No robes la dignidad a esta mujer”

“No robes la dignidad a esta mujer”

Mike Kerrigan, abogado norteamericano, cuenta en The Wall Street Journal cómo su madre le apartó de la pornografía y le enseñó a respetar a las mujeres.

Cuando estaba en sexto curso, cierto día un compañero de colegio le dio una foto de revista donde aparecía una joven medio desnuda en una bañera. La imagen le resultó muy seductora. Se la guardó y decidió clavarla en la pared de su cuarto de baño, para tenerla a la vista.

Cuando llegó a casa, enseñó la foto a su madre y le dijo lo que pensaba hacer. Ella debió de “sentirse decepcionada por mis gustos lascivos”, recuerda Kerrigan, pero no le riñó, ni fue a decirlo a su marido. “Solo hizo dos preguntas, que yo recuerde, y luego vino la lección”.

“‘¿Está bien robar?’, preguntó. ‘No’, respondí. ‘¿Tampoco cuando es fácil, y a cielo abierto?’, prosiguió. ‘Tampoco’, corroboré. ‘Entonces, no robes la dignidad a esta mujer’. Y me quitó mi bella de baño”.

Aunque me dieran cien intentos con mis hijos –concluye Kerrington–, nunca lo haría tan bien. Gracias, mamá, y gracias a todas las madres que a lo largo de la historia nunca se dieron por vencidas con sus ‘hijos de tantas lágrimas’”, como decía san Agustín de la suya, santa Mónica.

Fuente: The Wall Street Journal/ACEPRENSA, 13-05-2018

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Humor

Se cuenta que durante una cacería, el rey Alfonso XIII decidió permanecer un rato sentado a la sombra de un árbol para así poder descansar un poco, mientras sus compañeros de la partida de caza continuaron con la actividad.

Poco después se paró frente a él un campesino que estaba de paso, quien le preguntó al monarca si era verdad que por allí andaba el rey y de ser afirmativo le podía indicar quién era, pues le gustaría conocerlo personalmente.

Alfonso XIII se incorporó y pidió a aquel hombre que lo acompañara hasta donde se encontraba el resto de cazadores de la montería y podría averiguar quién era el rey porque todos los presentes estarían con sus cabezas descubiertas menos él.

Al alcanzar al resto de la partida, todos se descubrieron ante el rey a excepción del campesino.

-«Ahora ya sabe usted quién es el rey» comentó Alfonso XIII

A lo que el hombre contestó:

-«Una de dos. O es usted o soy yo, porque somos los únicos que seguimos con el sombrero puesto»

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El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

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