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Los peligros de la hipersexualización: cuando a las niñas no se les deja ser niñas

Los peligros de la hipersexualización: cuando a las niñas no se les deja ser niñas

Las niñas se transforman en “pequeñas mujeres” que necesitan maquillarse y llevar bolsos. La sociedad de consumo las transforma en el perfecto cliente, que exige una serie de productos y necesita saciar unas necesidades aparentes con artículos que hace apenas unos años los más pequeños ni siquiera conocían.

Si uno se asoma a cualquier patio de colegio, le bastará solamente unos segundos para darse cuenta de que las cosas ya no son lo que eran. Ni rastro de combas, gomas elásticas, o grupos de niños y niñas jugando al pillarse, al momia es o a balón prisionero. El suelo del recreo, antes cubierto de tiza blanca empleada para jugar a la “Rayuela”,  se ha llenado de corros de niñas, que a pesar de su corta edad, hablan de su instagram, del nuevo “Kit” de maquillaje de Frozen, de su manicura o de sus nuevos bolsos.

Cuando las niñas dejan de ser niñas

Es evidente que con el paso de los años las modas han ido cambiando. Sin embargo, dejando a un lado las costumbres y modas propias de cada generación, nos encontramos con un fenómeno que ha ido implantándose en nuestra sociedad con el paso de los años. Se trata de la hipersexualización infantil, una tendencia que hace que las niñas ya no parezcan niñas, sino mujeres.

Es un nuevo patrón de exaltación de la sexualidad de las niñas de hoy, convertidas en meros agentes de consumo. La hipersexualización infantil aniquila por completo la niñez, sexualiza la infancia y crea en los menores una serie de necesidades que hace apenas unos años eran inimaginables.

Esta situación condiciona el desarrollo y crecimiento de las más pequeñas y puede derivar incluso en trastornos de la conducta alimentaria durante la adolescencia.

¿Qué hay detrás de la hipersexualización?

En primer lugar, es necesario definir el término de hipersexualización como un proceso de transformación del niño en un agente de consumo. Para ello, se crean en ellos una serie de necesidades que responden a una maduración precoz.

Las niñas dejan de ser niñas y se transforman en “pequeñas mujeres” que necesitan maquillarse, llevar bolsos, ponerse tacones o utilizar ropa interior con relleno. La sociedad de consumo transforma a las niñas de hoy en el perfecto cliente, que exige una serie de productos y necesita “saciar” unas necesidades aparentes con artículos que hace apenas unos años los más pequeños ni siquiera conocían.

Para responder a estas “necesidades”, se les ofrece unos productos vinculados a la naturaleza sexual: ropa, maquillaje, accesorios, etc. El mercado sexualiza a los más pequeños antes de que estos hayan alcanzado la maduración sexual.

La psicóloga Elena Mayorga, explicó en el diario El Mundo que “hoy en día, los niños y, sobre todo, las niñas están siendo utilizadas y sexualizadas como medio para vendernos a los adultos y a ellas mismas, todo tipo de productos, desde sopas y coches, hasta muñecas, videojuegos, ropa, joyas y casas. Se está exponiendo a nuestros hijos y sobre todo a nuestras hijas como mercancía sexual”.

La evolución ideológica

Además, este fenómeno coincide con una evolución ideológica. La reivindicación de la llamada “emancipación sexual” responde a la intención de ciertos colectivos que pretenden sexualizar la infancia como una operación para legitimar la maduración precoz.

Es el caso, por ejemplo, del colectivo LGTBI, que para legitimar el derecho a la transexualidad o a la homosexualidad, enarbolan el argumento “yo soy así desde pequeño”. Es decir, promueven la sexualización de la infancia para justificar su condición.

A todo ello hay que sumarle la trivialización de la sexualidad, una sociedad cada vez más materialista y la evolución de la tecnología y las redes sociales.

¿Hay solución?

La respuesta a este fenómeno que roba a las niñas su niñez e impide que sean lo que son, ha sido siempre la familia, donde los padres, ejerciendo su derecho de educar a sus hijos según sus convicciones, se convierten en los principales escudos frente a esta amenaza.

También lo es el sistema educativo, una pieza esencial que, junto a la institución de la familia, está siendo corrompida.

LaFamilia.info

 

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