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Las ventajas de leer libros de papel a los niños

Las ventajas de leer libros de papel a los niños

Un estudio publicado en la revista “Pediatrics” aconseja a los padres que lean libros impresos a sus hijos para favorecer las interacciones con ellos y reducir las distracciones durante la lectura.

Leer cuentos es una de las actividades que más unen a un padre o a una madre con su hijo. La lectura pone en contacto con un nivel de lenguaje y de conocimiento superior, favorece el desarrollo de habilidades, y es una ocasión irrepetible –alejada de la prisa– para establecer vínculos. El entusiasmo del niño y la pasión de los padres durante esos ratos son el acicate para desarrollar el interés por la lectura y conseguir una cultura mayor en la edad adulta.

También en este escenario han irrumpido los libros electrónicos. Sin embargo, existen dudas de que contribuyan igual que el libro convencional al desarrollo de habilidades y al interés por la lectura.

Cuando se les leían libros impresos, los niños manifestaban un mayor interés y menos episodios de distracción

La revista Pediatrics, órgano de expresión de la Academia Americana de Pediatría, publicó hace unos meses los resultados de un estudio experimental en el que se comparaba la interacción entre padres y sus hijos en edad preescolar cuando les leían un cuento en un soporte electrónico o en papel.

En el estudio, que se llevó a cabo en la Universidad de Michigan, participaron 37 díadas de padres o madres e hijos. A todos los niños, de entre 2 y 3 años, se les leías de forma secuencial tres libros en distintos formatos –libro electrónico, libro electrónico con animación y libro impreso–, aunque no siempre en el mismo orden. No de forma casual, en el 81% de los casos la lectora era la madre. Se recogieron como variables principales las interacciones no verbales entre los padres y sus hijos: por ejemplo, compartir afectos o querer colaborar en la lectura del libro. Los estudios se grababan en video y los investigadores los analizaban con posterioridad, valorando las reacciones de los padres y de los hijos, y puntuándolas en una escala elaborada para este fin.

Cuando los padres leían un libro en papel había más verbalización, se generaban más preguntas y respuestas, que con los libros electrónicos. También leían más texto cuando estaba impreso y hacían menos comentarios sobre el formato del libro. Por su parte, los niños manifestaban un mayor interés y menos episodios de distracción.

Menos interacciones

De la mano de nuestros padres, aprendimos muchas de nuestras primeras palabras cuando nos leyeron cuentos. También asistimos al despertar de la curiosidad, que se manifestaba en una serie casi interminable de preguntas sobre la propia historia. El estudio realizado por la Dra. Tiffany G. Munzer y sus colaboradores sugiere que la calidad de ese aprendizaje de la prelectura es peor cuando se utilizan dispositivos electrónicos. Los padres y los niños hablan menos y lo hacen de una forma menos colaborativa. Los niños necesitan que se adecue la historia a sus capacidades. No es solo transmitir un contenido, sino adaptarlo a sus capacidades e intereses. Los autores señalan que el libro electrónico reduce el número de ocasiones en que padres e hijos interaccionan durante la lectura.

Exclamaciones, preguntas, ruidos, silencios…, deben ser parte del escenario de la lectura

En una sociedad en la que escasean las oportunidades para la interacción verbal entre padres e hijos, y a la luz de los hallazgos de su estudio, los autores proponen que los pediatras recomendemos a los padres que continúen leyéndoles un libro en papel; y si optan por un libro electrónico, que lo usen como si estuvieran leyendo uno impreso. Exclamaciones, preguntas, ruidos, silencios…, deben ser parte del escenario de la lectura.

Si además el tiempo de leer es, sobre todo, en el momento de irse a la cama, con mayor razón aún. Para adquirir un buen hábito de sueño es preciso una buena preparación antes (menor intensidad de luz, luces de colores cálidos, menos ruidos…), lejos quizá de la forma de leer a través de un dispositivo. Probablemente este trabajo haga que Gutenberg sonría ahora en su tumba. La amenaza para el libro impreso, al menos, no va con los niños pequeños.

Dr. José Manuel Moreno Villares, Departamento de Pediatría

Clínica Universidad de Navarra

ACEPRENSA, 08-10-2019

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—¿Usted me toma por imbécil?

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