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¡Horror, viene la adolescencia!

¡Horror, viene la adolescencia!

“Después de la tempestad viene la calma” y esa paz la van a construir nuestros hijos, con nuestro apoyo y ejemplo.

Ayer estuve en el colegio de Javi en una conferencia dedicada a los padres con hijos adolescentes. El tema trataba sobre la droga y el alcohol y el conferenciante nos habló del panorama existente: porcentaje de chicos y chicas que se drogan, qué tipos de productos consumen, plan habitual de la “movida” y un largo etcétera cargado de cifras y cifras… 

El ambiente que se respiraba entre los padres era cada vez más “pesado” y en el turno de ruegos y preguntas su preocupación se hizo manifiesta y todas las intervenciones giraban en torno a la misma idea:”¿cómo explicarles…?, ¿cómo hacerles ver los peligros con los que se encuentran…?, ¿qué hacer…, qué decir…?”; incluso alguno sugirió la idea de la conveniencia de llevarles a algún centro de parapléjicos accidentados para que vieran en qué podían acabar… Una madre detrás de mí suspiraba con resignación: “¡A ver cómo salimos de ésta!”, como si de una bomba se tratara y en la desesperación todo el mundo buscara el casco más grande… “-¿Y si los agotáramos con mucho, mucho, mucho deporte para que su cuerpo no pueda con más movidas?”, sugirió otra… 

Dentro de mí sentía tristeza y como si me faltara aire para respirar… ¿Es que no hay salidas? ¿Todo es malo, negativo? ¿Es que nuestros hijos adolescentes son incapaces de asumir ideales nobles? ¿No pueden enfocar su rebeldía natural a la revolución cuyo lema sea “ahogar el mal en abundancia de bien”? ¡Pues claro que sí, seamos positivos! También realistas, de acuerdo, pero señores…, este mundo materialista que se encuentran no lo han inventado ellos, ya lo dice el refrán “siembra vientos y recogerás tempestades…”, pero también es cierto que “después de la tempestad viene la calma” y esa paz la van a construir nuestros hijos, con nuestro apoyo y ejemplo. 

¡No estamos solos! Dios es omnipotente. A lo largo de la historia lo ha demostrado en innumerables ocasiones y su poder no se desgasta con el tiempo. Es el mismo siempre y para asegurarnos el éxito, sólo quiere apoyarse en un detalle nuestro, la libertad; en otras palabras, que libremente queramos de verdad, que nos empeñemos realmente en desempolvar los valores humanos, que son cristianos; y los valores cristianos, que son también humanos, porque Jesucristo es Dios hecho verdadero hombre, camino, verdad y vida. Soy joyas sobre las que se ha echado mucha basura encima, perlas que es preciso desempolvar para que se vean bien sus bellos matices. 

¿No podemos transmitir esto a nuestros hijos? ¿Somos incapaces de contagiarles la ilusión de ser “levadura y fermento” de este mundo? Quizá muchos padres tenemos que empezar por empeñarnos (aplicando la libertad, el querer de veras) en crecer en virtudes humanas y cristianas. Sin olvidar que, en educación, hay que ser previsores y avispados: si sabemos que en la adolescencia no van a escuchar nuestro mensaje, tendremos que hacerlo cuando están en “buen plan”, lo que llaman la edad de oro: 7, 8, 9, 10 y 11. Son años de siembra que no caen en saco roto, años de cariño, de conversaciones, paseos, juegos, exigencia, en fin, tiempo de ganarnos su confianza y viceversa. Luego, será tiempo de espera vigilante y de mucha oración. Tengamos la seguridad de que lo que se ha sembrado, se recogerá a su tiempo.

Lourdes Rivero Sánchez-Guardamino

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