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¿Es conveniente elegir los amigos de mis hijos?

¿Es conveniente elegir los amigos de mis hijos?

Debemos saber qué hacen y con quién se relacionan y advertirles si están tomando malas decisiones.

Desde que nuestros hijos nacen, tomamos decisiones por ellos. Cuando son pequeños el control está todo en nuestras manos: la ropa que se van a poner, sus comidas, actividades, con quién se relacionan y cualquier otra decisión es enteramente nuestra. Sin embargo, nuestros hijos van creciendo y es lógico y natural que vayamos cediendo el control, ¿no es esta la manera de educarlos en el uso de la libertad?

En el tema de las amistades es igual, cuando son pequeños las relaciones sociales de nuestros hijos están limitadas a sus familiares y los hijos de nuestros amigos. Pero llega un momento en el que nuestros hijos parecen independizarse de nuestro parecer, y sus amigos son elegidos por ellos mismos y son en gran parte desconocidos para nosotros. Hay muchos casos en los que los padres rechazan este pequeño acto de independencia e insisten en que sus hijos sean amigos de niños que ellos conocen y aprueban.

Aunque este miedo a lo desconocido es comprensible, además porque conocemos las consecuencias de amistades mal concebidas, es importante entender que, si queremos que nuestros hijos sean adultos verdaderamente libres y responsables de las decisiones que toman, pues entonces hay que dejarlos tomar decisiones como estas.

¿Cómo ayudarlos entonces a ejercer esta libertad en la elección de sus amigos?

En primer lugar tienen que entender el valor de la verdadera amistad. Los buenos amigos son esenciales en la vida de una persona, pero si no enseñamos a nuestros hijos que los amigos son leales, quieren el bien de su amigo, lo ayudan en momentos de necesidad y lo protegen, probablemente tengan muchas amistades desechables, en las que se busca el bien propio en vez del bien del otro.

En segundo lugar, nuestros hijos deben tener una formación clara en valores. Debemos alejarlos de la onda de relativismo que inunda nuestra sociedad actual. En casa debemos hablar de lo que está bien y de lo que está mal. Deben entender que existen valores perdurables como la justicia, la solidaridad y el respeto, y que no todo da igual. Sólo educando a nuestros hijos con una brújula moral bien afinada podremos luego confiar en las decisiones que toman libremente.

En tercer lugar es importante estar involucrados en las vidas de nuestros hijos. Aunque es esencial que ellos puedan ejercer su libertad, no debemos olvidar que nosotros somos los que los estamos enseñando a usarla bien. Debemos saber qué hacen y con quién se relacionan, nuestra casa debe estar abierta para ellos y sus amigos. Sólo de esta manera podremos guiarlos y advertirles si están tomando malas decisiones.

Finalmente debemos tener en cuenta que la amistad también es ayuda. Muchos padres se escandalizan pues los amigos de sus hijos no son los que ellos escogerían, pero debemos preguntarnos ¿No es esencial que nuestros hijos aporten algo al ambiente en el que se mueven? Tenemos el deber de enseñar a nuestros hijos a acercarse a los demás, incluso a los que no se parecen a ellos, y hacer el bien, que se traduce en ayudarlos a ser mejores.

La próxima vez que nos invada la preocupación por la elección de amigos de nuestros hijos, mejor pongamos nuestro esfuerzo en educar mejores personas: aquellas que pueden acompañar a un niño que se siente solo en la escuela, aquellas que son leales con sus amigos y saben guardar un secreto, aquellas que en definitiva saben que para ser un buen amigo hay que preocuparse porque el otro sea bueno… ya lo demás viene solo.

María Verónica Degwitz. ALETEIA, 30-03-2017

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