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Conviértase en el “coach” emocional de sus hijos

Conviértase en el “coach” emocional de sus hijos

La terapeuta ocupacional Victoria Prooday alerta en un artículo sobre los efectos perjudiciales del permisivismo en el bienestar emocional de los hijos. Pero hay una buena noticia: su experiencia profesional es que, cuando los padres cambian ciertos hábitos educativos, los niños también mejoran.

Prooday identifica algunos hábitos que hoy están privando a los niños de una infancia sana: la distracción digital de los padres, que resta atención a los hijos; la indulgencia, que lleva a los hijos a creerse que son ellos los que dictan las normas o a exigir derechos sin obligaciones; el sedentarismo; la sobreestimulación tecnológica o las gratificaciones instantáneas.

Para corregir esto, Prooday ofrece unas recomendaciones generales: “Pon límites y recuerda que tú eres el padre o la madre de tus hijos, no su amigo. Proporciona a tus hijos un estilo de vida equilibrado, basado en lo que necesitan y no solo en lo que quieren. No tengas miedo de decirles ‘no’, si lo que quieren no es lo que necesitan”.

Algunos consejos concretos para llevar estas orientaciones a la práctica son: limitar las comidas basura, hacer actividades al aire libre o juegos de mesa en familia, darles encargos en casa, establecer cenas libres de móviles…

En ocasiones, con la mejor intención del mundo, los padres sobreprotegen a sus hijos y los privan de la oportunidad de aprender de sus errores. Por eso, Prooday insiste en “enseñar responsabilidad e independiencia”. Entre otras cosas, esto exige “ayudarles a adquirir habilidades en vez de hacer las cosas por ellos”.

Pero tampoco se trata de estar todo el día encima. De hecho, es muy saludable dar a los hijos “oportunidades para que se aburran, pues el aburrimiento es el momento en que despierta la creatividad”. Para que la tecnología no se convierta en el remedio recurrente en estas situaciones, Prooday aconseja a los padres que diseñen con sus hijos “un kit de primeros auxilios contra el aburrimiento”, para que luego ellos echen mano de él y escojan actividades y planes en sus ratos de ocio.

Otro consejo feliz: “Conviértete en el entrenador emocional de tus hijos”. Es decir, enséñales a lidiar con las emociones negativas, a ser pacientes, a compartir, a tener buenos modales, a estar atentos a las conversaciones, a empatizar… Este entrenamiento es posible si los padres están presentes en cuerpo y mente; esto es, disponibles para conectar con sus hijos, mostrarles afecto y escucharles.

Fuente: Blog Your OT: Victoria Prooday

ACEPRENSA, 12-12-2017

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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