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Consejos para padres separados

Consejos para padres separados

A pesar de lo difíciles que puedan ser las circunstancias de una pareja, la separación es una decisión que afecta negativamente a los hijos, no importa la edad de éstos.

Por lo general en una separación, los hijos quedan en medio de dos “bandos” e injustamente resultan bastante afectados. No es el objetivo reprochar la conducta de los padres que están pasando por una situación de separación, sino invitarlos a observar su manejo del problema y su forma de proceder ante los hijos.

Para que los hijos salgan lo menos lastimados posible de esta situación, los padres deben evitar las siguientes conductas:

Ocultarles lo que está sucediendo

Los hijos tienen derecho a saber lo que está sucediendo en casa, ellos no deben estar engañados por una situación que tarde que temprano tendrán que afrontar. Se debe hablar con ellos desde un primer momento, escucharlos, comprenderlos y responderles a todas sus preguntas: ¿qué será de mí?, ¿dónde vivirá papá?, ¿cuándo podré estar con mi papá/mamá?

Incitar a los hijos a tomar partido

Utilizar a los hijos de manera consciente o inconsciente. Usarlos como chantaje para dominar, perjudicar o vengarse del otro y hasta como trofeo de victoria, es un error fatal que provoca terribles daños en ellos.

Convertirlos en mensajeros

Eso de estar enviándole razones al ex esposo(a) con los hijos es inaceptable, y menos cuando son para desprestigiar al otro. Hay que tratar los conflictos como personas adultas y civilizadas.

Hablarles mal del “ex” 

Lo que pase como esposos no tiene por qué afectar la relación padre-hijo. Él/Ella seguirá siendo el papá o la mamá y eso no debe cambiar a pesar de que ya no estén juntos.

Educar en contravía

Por el bien de los hijos, padre y madre se tendrán que poner de acuerdo en la educación y tomar decisiones conjuntas. Es dañino que el papá apruebe algo que la mamá no ha autorizado y viceversa. Se debe buscar la unión de criterios.

Hacerle “mala fama” al matrimonio

Todos quisiéramos tener un buen matrimonio, sin embargo, no siempre se da de esta forma. Por eso es importante evitar transmitirles a los hijos una idea errónea del matrimonio; ni es malo, ni es una pesadilla. Vale la pena recalcarles que la unidad matrimonial es algo por lo que vale la pena luchar, y que algún día cuando encuentren la persona idónea, luchen por compartir una vida juntos.

 

Y, como puntada final, una premisa básica: se puede acabar el matrimonio pero nunca el rol de papá/mamá. ¡Ser padre es vitalicio e inherente! El hecho que ya no se comparta el mismo techo con la pareja, no quiere decir que las obligaciones como mamá/papá han culminado. Los hijos no tienen por qué sufrir las consecuencias de los problemas de sus padres, pero lamentablemente, muchas veces ellos son los que pagan el precio de la ruptura… Por eso, nunca hay que perder las esperanzas de volver a tener la familia unida y en armonía.

LaFamilia.info

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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