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Cómo enseñar la gratitud a los hijos: 11 ideas prácticas

Cómo enseñar la gratitud a los hijos: 11 ideas prácticas

Aprender a ser agradecidos por lo que somos, por lo que tenemos y por lo que nos rodea, no solo genera un mejor ambiente a nuestro alrededor, ¡sino que nos hace más felices! A través de la gratitud, también aprendemos a vivir el esfuerzo, la humildad, la reciprocidad, el respeto, la generosidad y la laboriosidad. Por eso es tan importante educar a los hijos en la gratitud desde que son pequeños.

La gratitud se aprende en la familia

El agradecimiento, además de ser una muestra de buena educación y respeto, nos proporciona felicidad, capacidad de goce y asombro, algo primordial en el ser humano. Por eso decimos que la gratitud abre los ojos, el corazón y la conciencia, pues por más insignificante que algo parezca, esta virtud lo engrandece y lo llena de gozo. Quien no agradece lo que es, lo que recibe y lo que tiene, vive amargado e insatisfecho, anhelando aquello que no ha podido lograr.

Los padres debemos proponernos que los hijos vivan el agradecimiento como una actitud habitual, tanto en el trato con los demás, así como con la vida misma y con quien la hizo posible. Es importante enseñarles a agradecer los alimentos que reciben, la posibilidad de estudiar, de tener una familia, de compartir con otros, de aprender…; en fin, tantas y tantas cosas que por momentos se nos vuelven invisibles a la vista y damos por hecho que nos pertenecen.

De esta forma los hijos crean conciencia de que el mundo no está rendido a sus pies en espera que ellos pronuncien su petición, sino que las cosas que se obtienen merecen un valor y un agradecimiento. 

Cómo promover la gratitud en casa: 11 ideas prácticas

Las siguientes son algunas ideas que promueven la virtud de la gratitud en el hogar. No hay que olvidar que son aplicables a todos los miembros de la familia, no sólo a los chicos, pues el ejemplo de los padres es un elemento básico para el aprendizaje de valores.

1. Fijarse en las cosas buenas que suceden, así como en las fortalezas de las personas.

2. Percatarse de las necesidades que pasan otras personas y poner los propios dones a su servicio.

3. Saber disfrutar de las cosas y situaciones de nuestra vida, sobre todo de lo más sencillo.

4. Valorar los sacrificios y esfuerzos que hacen los demás para darnos lo que necesitamos.

5. No exigir otras cosas, sino agradecer aquello que se nos ofrece.

6. Dar siempre las gracias en compañía de una sonrisa, aunque sea por cosas aparentemente pequeñas y sin importancia.

7. Cuidar de las cosas que se nos han sido regaladas, mantenerlas en orden, hacer un uso apropiado de éstas y compartirlas con quien las necesite.

8. Volver una costumbre, el ofrecer detalles entre hermanos, padres e hijos.

9. En la noche, agradecer los dones recibidos a lo largo del día y en la mañana siguiente, agradecer por el nuevo día y ofrecer vivirlo de la mejor manera.

10. Nunca quejarse o lamentarse por lo que no se tiene.

11. Disfrutar de las actividades que se realizan en familia.

Para finalizar, una reflexión de Francisco Gras de la Escuela para Padres: “La gratitud con los padres, es un deber de cariño elemental. La gratitud con Dios, es un homenaje que arranca de lo más profundo del corazón. La gratitud a los demás, es señal de ojos abiertos y corazones humildes. El mundo necesita una buena dosis de gratitud hacia los demás y un poco menos, de reivindicaciones. Hay que pedir lo que nos falta y nos corresponde, pero sin olvidar que también hay que agradecer lo que recibimos.”

LaFamilia.info

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.