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AYUDAR EN LAS TAREAS, ¿SÍ O NO?

AYUDAR EN LAS TAREAS, ¿SÍ O NO?

¿Hasta dónde deben ayudar los padres en las labores escolares de sus hijos? ¿Deben limitarse a supervisar? ¿O deben dejar que los hijos se valgan por sí solos? Depende de varios factores.

Los deberes son un complemento del programa escolar. Lo ideal es ayudarle al niño a aceptar libremente sus responsabilidades y a concebir el aprendizaje como un objetivo primordial de la vida. Pero lo cierto es que algunos niños requieren mayor acompañamiento de los padres, ya sea porque se les dificulte el tema o porque se desconcentren con facilidad; no obstante, en ningún caso los adultos deberán asumir la responsabilidad de las tareas escolares.

En otros niños, bastará con que los padres revisen los trabajos, y si es del caso, les pidan repetir lo que no está bien hecho. Esta es un forma de enseñarles a culminar las labores y hacerlas bien hechas.

Tampoco es aconsejable desligarse del tema por completo, los padres han de ser apoyo de sus hijos también en la educación académica. Es importante además, elogiarlos cuando se esfuerzan por ser buenos estudiantes, pero no se les debe dar regalos por hacer algo que es su deber.

A continuación algunas ideas para que el estudio en casa sea una experiencia positiva y efectiva:

Propicie un ambiente agradable de estudio. Si se puede, asígnele un escritorio propio con silla cómoda en un lugar sin ruido y con buena luz.

Dele al niño la oportunidad de descansar y alimentarse antes de que se siente a hacer tareas. El estómago vacío y la fatiga le impedirán concentrarse.

Antes de entrar en materia, es recomendable revisar con el niño cuáles son las tareas del día y preguntarle si sabe cómo hacerlas. Una vez aclaradas las dudas, es importante dejarlo solo para que se concentre.

No lo deje abandonado. Es probable que requiera alguna indicación o unas palabras de ánimo, y necesite que alguien esté disponible. No es bueno que se le fatigue, pero sí agradecerá alguna oportuna y aislada visita de vez en cuando para preguntarle cómo va.

Establezca un horario fijo o rutina. Es positivo que el niño sea consciente de que hay un momento para cada cosa y que las tareas no se deben dejar a la mitad. Hay que acabarlas.

Educar a los hijos en la responsabilidad, voluntad y autodisciplina, también hace parte del aprendizaje que se da alrededor del estudio en casa.

LaFamilia.Info, 24-03-2014

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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