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10 Tips para educar en la prudencia

10 Tips para educar en la prudencia

10 Tips para educar en la prudencia

La prudencia es una de las virtudes cardinales por lo que su educación debe ser una de nuestras prioridades cuando hablamos de formar adultos sensatos y felices.

La prudencia es una virtud que para muchos puede sonar poco conocida. Si bien es una de las cuatro virtudes cardinales, no es tan familiar como la fortaleza o la justicia. ¿Qué es ser prudente? ¿Es ser sólo cauteloso? ¿Es únicamente pensar antes de actuar? “(La) prudencia es la virtud de la inteligencia cuando tiene que decidir. En definitiva, es el hábito de decidir bien”[1]. El término se nos puede hacer más amigable si lo definimos como sensatez, sentido común o criterio. “(La prudencia es) esa capacidad de discernir en una situación complicada y de llegar a un juicio sereno y equilibrado (…). Una persona con criterio es una persona serena y seria, que juzga bien, que resuelve bien, que acierta”[2].

Sin embargo, no podemos pretender que nuestro hijo de 7 años sea el ejemplo viviente de la prudencia ya que ésta es una virtud que toma mucho tiempo y maduración. Tanto así que hay un gran número de adultos que todavía están a mucha distancia de alcanzarla. Esto no quiere decir que no vamos a tener a la prudencia como un objetivo en nuestro día a día. Existen muchas ocasiones en lo cotidiano que nos sirven para ir inculcando en nuestros hijos esta importante virtud.

A continuación paso a señalar algunas de ellas. Como verán, hay que estar atentos y tener claras todas las oportunidades que se nos presentan para ir formando adultos prudentes.

1. Preocuparse de la comprensión lectora de nuestros hijos. Como ser prudente requiere manejar información, a través de la lectura los chicos pueden obtenerla.

2. Ayudar a los niños a desarrollar su capacidad de observación.Esta es muy importante para enterarse de situaciones de relación humana.

3. Crear situaciones en que los niños tienen que aprender a escuchar. Se recibe mucha información escuchando a los demás.

4. A partir de la adolescencia, ayudar a los jóvenes a distinguir entre hechos y opiniones, entre lo que es importante y lo que es menos relevante. La prudencia es una virtud intelectual y, como tal, requiere el desarrollo de la capacidad crítica.

5. Ayudar a los jóvenes a reconocer sus propios prejuicios para que tengan una visión más objetiva de su realidad.

6. Ayudar a los jóvenes a reconocer la diferencia entre fuentes de información fiables y las que no lo son. Deben aprender a identificar a las autoridades en los temas.

7. Insistir en que antes de opinar, deben recabar la información necesaria.

8. Si bien hay ciertas tendencias pedagógicas actuales que dicen que no hay que memorizar nada, es importante exigirle a los jóvenes que lo hagan con cierta información significativa. Si no lo hacen, jamás serán prudentes en sus vidas, ya que les influirán de sobremanera cualquier sentimiento del presente.

9. Ayudar a los jóvenes a pensar en los criterios que utilizarán cuando vayan a tomar una postura o una decisión concreta.

10. Exigir a los jóvenes que actúen de acuerdo a las consecuencias de las decisiones que hayan tomado, después de considerar los posibles efectos para ellos y para el resto.

Si analizamos un poco de qué trata la prudencia, no cabe duda que es una virtud de vital importancia para tenerla en cuenta a la hora de educar a nuestros hijos. Y, en caso que aún nosotros no la tengamos muy bien desarrollada, es una buena oportunidad para que a través del cultivo personal logremos enseñar con el ejemplo.

Fuentes de consulta:

[1] Lorda, JL. Virtudes. Experiencias humanas y cristianas. Ediciones Rialp, S.A. Madrid, 2013.

[2] Ibíd.

La educación de las virtudes humanas y su evaluación” de David Isaacs.

LaFamilia.info, 29-02-2016

 

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía promocionando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa de todos los tiempos en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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