Lunes 12 de julio del 2010

UNASUR, UNA ORGANIZACIÓN MÁS

Nueva imagenLa composición de la Unión Sudamericana de Naciones le resta representatividad y, por la exclusión mexicana, crea desequilibrios internos debido a la falta de contrapesos y la abismante asimetría entre Brasil y sus demás miembros.

Desinterés y aprensiones, en Chile y en la región, despierta la ratificación de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur): por su condición sudamericana, excluye a México y Centroamérica y, en desmedro de su carácter latinoamericano, sólo pretende asociar a 11 países del subcontinente, incluidos Guyana y Surinam. Esta composición le resta representatividad y, por la exclusión mexicana, crea desequilibrios internos debido a la falta de contrapesos y la abismante asimetría entre Brasil y sus demás miembros. Además, como se ha demostrado, permite una gravitante y desmesurada influencia del Presidente Chávez y sus aliados de la Alianza Bolivariana para las Américas (Alba).

El presidente del Senado ha manifestado también reservas por la falta de poder resolutivo de la nueva institución: sus estatutos contemplan la abstención constructiva, que exime a los estados de aplicar sus políticas, y sus acuerdos se adoptan por consenso y no son obligatorios. También se objeta la redundancia de Unasur con numerosas instancias y organizaciones latinoamericanas, agregando con ello otro obstáculo a las iniciativas de integración y unidad regionales e irrogando costos prescindibles para su funcionamiento. Entre éstos está el compromiso de construir un parlamento regional en Bolivia, que se superpone a los parlamentos del Mercosur, al Parlatino, al Amazónico y demás legislaturas regionales, que viven en la intrascendencia. En fin, el gobierno chileno ha planteado que esa organización carece de una cláusula democrática —de origen y de ejercicio—, condicionante para su membresía. Ése no es el único cambio necesario de la institución que se pretende ratificar, y así deberían manifestarlo la Cancillería y los parlamentarios.

Unasur ha experimentado dificultades desde su concepción, en 2004. Transcurridos más de seis años, más de la mitad de los congresos de los miembros fundadores aún no lo ratifican, y sólo la inercia latinoamericana ha permitido que continúe vigente. A su presidencia, fijada por orden alfabético, renunció Colombia y se forzó a que la asumiera Chile. Entonces se presionó para que nuestra Cámara de Diputados aprobara la ratificación.

La Secretaría General de Unasur, acéfala por años, tras la temprana renuncia de su primer titular, fue recientemente asumida por el ex Presidente Kirchner, diputado, presidente del Partido Justicialista y eventual candidato a la Presidencia argentina. Su designación se contrapone con la norma estatutaria que dispone que este cargo es de dedicación exclusiva y que su titular debe abstenerse de actuar en forma incompatible con su condición de funcionario internacional, responsable únicamente ante esta organización.

En estos días el ex Presidente Kirchner ha realizado una nueva ofensiva para que el Senado chileno proceda a la ratificación. Es probable que logre su cometido, sin mayor entusiasmo del Congreso chileno, pese a sus costos innecesarios y a que la existencia jurídica de Unasur no tendría mayor consecuencia, pues será uno más de tantos foros latinoamericanos ineficaces en los que predomina la retórica. Eso olvida que tal ratificación demostraría tanto la falta de acuciosidad sudamericana como de voluntad de promover la integración y unidad latinoamericana sin exclusiones y mediante instrumentos eficaces, como lo han hecho Europa, Asia y Centroamérica. Antes de ratificar Unasur se debería reformar su convenio constitutivo, para que sirva a los propósitos de unidad, convergencia e integración.■■■■■

“El Mercurio”

Editorial

10 07 2010