Jueves 28 de marzo del 2013

EL JESUITA

lillianEscribe Lillian Calm: “es clave que los católicos —tanto los clérigos como los laicos— salgamos al encuentro de la gente”, decía el obispo Bergoglio.

A todo vapor trabajaron los editores para distribuir (aquí se puede decir urbi et orbi) la reedición de un libro sobre un obispo, Jorge Mario Bergoglio, que ahora, bajo su título “El Jesuita”, lleva impresa una frase que nada tiene que ver con mero marketing, sino que es la pura y santa verdad: “La historia de Francisco, el Papa argentino”.

Lo compré en cuanto llegó a librerías y, para asombro mío, encontré párrafos que a mí —es al menos lo que recuerdo, claro que mi lectura puede haber sido un poco veloz— me parecieron intocados por medios informativos que han destacado algunas citas para dar a conocer al nuevo Pontífice. ¿Será que éstos se refieren más bien a su pensamiento sobre celo apostólico, parábolas evangélicas y hasta New Age?

El ahora Papa Francisco, siendo todavía obispo, reveló a los dos periodistas que lo entrevistaron durante dos años, que “es clave que los católicos —tanto los clérigos como los laicos— salgamos al encuentro de la gente. Una vez me decía un sacerdote muy sabio que estamos frente a una situación totalmente opuesta a la que plantea la parábola del pastor, que tenía noventa y nueve ovejas en el corral y fue a buscar a la que se perdió: tenemos una en el corral, y noventa y nueve que no vamos a buscar. Creo sinceramente que la opción básica de la Iglesia, en la actualidad, no es disminuir o quitar prescripciones o hacer más fácil esto o lo otro sino salir a la calle a buscar a la gente, conocer a las personas por su nombre. Pero no sólo porque esa es su misión, salir a anunciar el Evangelio, sino porque el no hacerlo le produce un daño”.

En otro acápite alude a “un alto miembro de la curia romana, que había sido párroco durante muchos años”. Le dijo una vez “que llegó a conocer hasta el nombre de los perros de sus feligreses. Yo no pensé qué buena memoria tiene, sino qué buen cura es. ‘Aunque te hagan cardenal, nunca dejarás de ser lo que eres’, le dije. Así fue”.

Otro ejemplo que pone es el del cardenal Agostino Casaroli, quien fuera secretario de Estado de la Santa Sede, y que “iba a una cárcel de menores todos los fines de semana (…) Un jesuita, al que le gustaba mucho ir a las cárceles, me contó que cuando comenzó las visitas estaba muy sorprendido por el celo apostólico de un sacerdote que les enseñaba catequesis y hasta jugaba con los menores detenidos. Quedó tan impresionado que comenzó a confesarse con él. Con el tiempo descubrió que era…¡Casaroli!”.

Y va más allá el Papa en sus declaraciones como obispo: “A una Iglesia que se limita a administrar el trabajo parroquial, que vive encerrada en su comunidad, le pasa lo mismo que a una persona encerrada: se atrofia física y mentalmente. O se deteriora como un cuarto encerrado, donde se expande el moho y la humedad”.

Luego vuelve a la parábola del pastor y las ovejas: “El pastor que se encierra no es un auténtico pastor de ovejas, sino un ‘peinador’ de ovejas, que se pasa haciéndole rulitos, en lugar de ir a buscar otras”.

Más adelante denuncia una clericalización, “pues con frecuencia los curas clericalizan a los laicos y los laicos piden ser clericalizados. Se trata de una complicidad pecadora”.

Ante una pregunta que le hacen los autores del libro —Sergio Rubin y Francesca Ambrogetti— sobre si existe una “religión a la carta”, responde: “Es una tendencia muy común que corresponde al consumismo actual. Algunos eligen una misa por cómo predica el sacerdote. Pero a los dos meses dicen que lo que no funciona bien es el coro y entonces vuelven a cambiar. Hay una reducción de lo religioso a lo estético. Se va cambiando de góndola en el supermercado religioso. Es la religión como producto de consumo, muy ligada, a mi juicio, a un cierto teísmo difuso llevado adelante dentro de los parámetros de la New Age, donde se mezcla mucho la satisfacción personal, el ‘relax’, el ‘estar bien’. Esto se está viendo especialmente en las grandes ciudades, pero no es solo un fenómeno que se produce entre la gente culta. En los sectores humildes, en las barriadas, en ocasiones se va a buscar al pastor evangélico, porque ‘me llega’”.

Desafíos y más desafíos para el Papa Francisco. Él los tiene clarísimos. Los tenía clarísimos desde que era obispo.◙

Lillian Calm

Periodista

25 03 2013