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NO ESTÁ MAL EL MALL

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NO ESTÁ MAL EL MALL

britoEscribe Juan Ignacio Brito: “La costumbre pequeñoburguesa de ir a comprar al mall es tan parte de nosotros que parece desmentir todo ese griterío altisonante sobre el malestar social”.

Cientos de miles de personas se han dado la molestia de ir a conocer el Costanera Center en el poco tiempo que lleva abierto. Las imágenes muestran a ávidos santiaguinos haciendo cola para subirse a una escalera mecánica o atochando la pasarela de acceso. Según los ejecutivos de Cencosud, se espera que, en promedio, lleguen hasta él unas 120 mil visitas diarias.

El sábado pasado, el cálculo se quedó corto: 210 mil personas recorrieron el mall. Una cifra impresionante que supera con largueza la asistencia a cualquier protesta para reclamar contra HidroAysén o en favor de la reforma de la educación.

La multitudinaria manifestación estudiantil de abril de este año, por ejemplo, congregó a 80 mil individuos (la de ayer en la Estación Mapocho reunió a 2.500). Según la generosa estimación de las “organizaciones sociales” que convocaron las marchas del año pasado, en agosto de 2011 -el mes más álgido de las protestas-, un millón 200 mil chilenos descontentos salieron a la calle. Incluso si esa cifra fuera cierta, equivaldría apenas a 10 días de visitas al Costanera Center.

Es cierto que muchos de los que van lo hacen animados sólo por la curiosidad. Pero, sin duda, todos saben a lo que van y por qué. Después de la Independencia, los santiaguinos paseaban por la Alameda de las Delicias; hoy, en cambio, lo hacen en el mall, aunque les duela a los que han asegurado que jamás pondrían un pie en uno. Como en ningún otro lugar, los chilenos encuentran allí posibilidades de esparcimiento seguro y de acceso a múltiples productos y servicios que el modelo económico pone a su disposición. Porque, esencialmente, el mall es la encarnación en unos cuantos miles de metros cuadrados del capitalismo más puro y duro.

Si los chilenos realmente repudiaran al modelo y sintieran la insatisfacción con éste de la que hablan con académica certeza algunos teóricos y políticos iluminados, no irían en masa al mall, el templo que lo glorifica. En Metro, en micro o en auto, millones de chilenos votan con los pies y pasan horas en los shopping centers. Puede gustar o no, pero así no más es. Quizás no hay mejor definición que ésta para aquello que algunos han llamado la mayoría silenciosa.

¿Por qué no hay sociólogos describiendo un fenómeno tan masivo? ¿Por qué los medios no le prestan atención a esta forma de movilización social mucho más numerosa y recurrente que cualquier otra? Simple: porque a nadie le sorprende. La costumbre pequeñoburguesa de ir a comprar y pasear al centro comercial es tan parte de nosotros que parece desmentir todo ese griterío altisonante sobre el malestar social. Porque sugiere que en Chile la gente sigue viviendo de manera normal, premiando a quienes proveen un servicio de calidad y denunciando los abusos cuando éstos ocurren, más allá de las tesis que hablan de una sociedad que padece enfermedad terminal y proponen interesadas reformas estructurales.

Si el modelo está agotado, los centenares de miles de personas que repletan cada fin de semana los malls parecen no haberse dado cuenta.▄▀

Juan Ignacio Brito

“La Tercera”

21 06 2012

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2 Comments

  1. Patricio Herrera
    Patricio Herrera junio 22, 11:38

    Cuando hay un accidente -sobre todo con cadáveres tapados con plásticos- los automovilistas hacen taco para “echar una miradita”, instinto irrefrenable que, quizás, no es sólo de los chilenos. Cualquier “curiosidad” nos mueve; cualquier “ganga” o “chuña”, nos aglomera y hasta nos hace pelear como perros por agarrar una polera con logo o lo que sea.
    Costanera Center es y será, durante unas semanas o meses, un acontecido de esta naturaleza. Luego vendrá la “regresión a la media”. No nos apresuremos a concluir nada antes de que pase un tiempo.
    Atentamente,
    Patricio.

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  2. Felipe Valenzuela Silva
    Felipe Valenzuela Silva junio 26, 02:39

    Sr Brito:

    He leído con atención su columna “No está mal el Mall”, e intentaré demostrar que detrás de sus palabras, se oculta una práctica muy extendida en nuestro país, desde que se ha consolidado este modelo de mercado, que es mucho más que un capitalismo duro y puro como usted afirma. La práctica a la que me refiero, es la que está dirigida a considerar como natural la existencia de este fenómeno sin querer ni siquiera discutir que se trata de una ideología hegemónica que se ha instalado con más fuerza que en muchas otros lugares del planeta.
    Por la razón recién expuesta creo comprender su pregunta, respecto a por que no hay sociólogos describiendo el fenómeno que usted relata (a pesar de que Tomás Moulian ya en los lejanos 1995 calificaba a los mall como “catedrales del consumo”). Pienso que los sociólogos que aparecen en los medios con mayor difusión, no lo hacen por su condición de cortesanos y si lo hicieran, por su formación académica, recurrirían a explicaciones cuantitativas similares a las que usted desarrolla.
    No obstante lo anterior me permitiré relacionar algunas cifras que aparecen en su artículo.
    De acuerdo a la encuesta CASEN del año 2009 un 15,1% de la población se encontraba en situación de pobreza, lo que equivale a 2.564.032 personas y sospecho que la encuesta del año 2011 que se publicará en los próximos días informará de un nuevo incremento, esta cantidad de personas son equivalentes a las que podrían visitar el mall durante 12 sábados de acuerdo a sus cifras, pero no nos alejemos más allá de la región metropolitana, donde cada día luchan por subsistir de acuerdo a la misma encuesta citada unas 697.000 personas que representan más de tres veces las que fueron el día sábado al que usted se refiere, pero para no seguir en medio cifras, con el riesgo de caer en las prácticas de los sociólogos chilenos, finalizaré este párrafo diciendo que si se cumple la proyección de 120.000 visitas diarias mencionadas, ese dato representa de acuerdo al censo del 2002 del INE sólo un 1,98 % de los 6.061.185 de habitantes de la región metropolitana.
    Mi intención en realidad es decir algo respecto a su mensaje relativo a los cambios estructurales propuestos, me refiero a que entender que la pequeña burguesía chilena esta compuesta solo por seres hedonistas, puede ser poco exacto y me inclino más a pensar que se trata de un modelo cultural asociado al modelo económico, en el cual Chile aparece como un ejemplo monumental en proporción a su población de un recipiente de la oferta inconmensurable del oriente extremo.
    Esta oferta descomunal se produce en los países asiáticos donde aún y sin rubor se practica la producción de acuerdo a la antigua forma de una economía de escala, entretanto por años a nuestros jóvenes se les enseña en la educación superior de acuerdo al Management, técnicas como “Just in time”, “Calidad Total” u otras formas de administrar la producción que implican no tener bodegas de productos terminados, mientras los malls constituyen bodegas finales, de la producción enorme del Asia y sus alrededores.
    Este cambio al que me refiero y que usted llama capitalismo puro y duro tiene la preocupante característica de ir más allá de la fetichización de la mercancía a una fetichización de las subjetividades, vehículo por el cual se ha contribuido a como lo informa La Tercera del 28 de Octubre del 2011: “De acuerdo con los datos del Banco Central, en el segundo trimestre de 2011, en promedio, la deuda total de los hogares chilenos llegó a 61,5% de su ingreso disponible bruto anual”.
    En un modelo en que de acuerdo a datos oficiales sólo 52 chilenos de cada cien que viven de un salario, tienen trabajo protegido, es probable que la tranquilidad que seguramente tuvo el Sr. Paulmann al girar del cajero automático de Cencosud que son las A F P, parte de los dineros necesarios para la construcción del famoso “mall costanera center”, no la tengan parte de esos miles de visitantes que usted cuenta con ingenuidad.

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