Jueves 21 de junio del 2012

NO ESTÁ MAL EL MALL

britoEscribe Juan Ignacio Brito: “La costumbre pequeñoburguesa de ir a comprar al mall es tan parte de nosotros que parece desmentir todo ese griterío altisonante sobre el malestar social”.

Cientos de miles de personas se han dado la molestia de ir a conocer el Costanera Center en el poco tiempo que lleva abierto. Las imágenes muestran a ávidos santiaguinos haciendo cola para subirse a una escalera mecánica o atochando la pasarela de acceso. Según los ejecutivos de Cencosud, se espera que, en promedio, lleguen hasta él unas 120 mil visitas diarias.

El sábado pasado, el cálculo se quedó corto: 210 mil personas recorrieron el mall. Una cifra impresionante que supera con largueza la asistencia a cualquier protesta para reclamar contra HidroAysén o en favor de la reforma de la educación.

La multitudinaria manifestación estudiantil de abril de este año, por ejemplo, congregó a 80 mil individuos (la de ayer en la Estación Mapocho reunió a 2.500). Según la generosa estimación de las “organizaciones sociales” que convocaron las marchas del año pasado, en agosto de 2011 -el mes más álgido de las protestas-, un millón 200 mil chilenos descontentos salieron a la calle. Incluso si esa cifra fuera cierta, equivaldría apenas a 10 días de visitas al Costanera Center.

Es cierto que muchos de los que van lo hacen animados sólo por la curiosidad. Pero, sin duda, todos saben a lo que van y por qué. Después de la Independencia, los santiaguinos paseaban por la Alameda de las Delicias; hoy, en cambio, lo hacen en el mall, aunque les duela a los que han asegurado que jamás pondrían un pie en uno. Como en ningún otro lugar, los chilenos encuentran allí posibilidades de esparcimiento seguro y de acceso a múltiples productos y servicios que el modelo económico pone a su disposición. Porque, esencialmente, el mall es la encarnación en unos cuantos miles de metros cuadrados del capitalismo más puro y duro.

Si los chilenos realmente repudiaran al modelo y sintieran la insatisfacción con éste de la que hablan con académica certeza algunos teóricos y políticos iluminados, no irían en masa al mall, el templo que lo glorifica. En Metro, en micro o en auto, millones de chilenos votan con los pies y pasan horas en los shopping centers. Puede gustar o no, pero así no más es. Quizás no hay mejor definición que ésta para aquello que algunos han llamado la mayoría silenciosa.

¿Por qué no hay sociólogos describiendo un fenómeno tan masivo? ¿Por qué los medios no le prestan atención a esta forma de movilización social mucho más numerosa y recurrente que cualquier otra? Simple: porque a nadie le sorprende. La costumbre pequeñoburguesa de ir a comprar y pasear al centro comercial es tan parte de nosotros que parece desmentir todo ese griterío altisonante sobre el malestar social. Porque sugiere que en Chile la gente sigue viviendo de manera normal, premiando a quienes proveen un servicio de calidad y denunciando los abusos cuando éstos ocurren, más allá de las tesis que hablan de una sociedad que padece enfermedad terminal y proponen interesadas reformas estructurales.

Si el modelo está agotado, los centenares de miles de personas que repletan cada fin de semana los malls parecen no haberse dado cuenta.▄▀

Juan Ignacio Brito

“La Tercera”

21 06 2012