Jueves 14 de junio del 2012

UN SUPUESTO “DISCRIMINADO”

lillian

Escribe Lillian Calm: “Paula nunca hace alarde de las evidentes virtudes de ese hijo, el único hombre entre cinco hermanas. Es por eso que su carta me llegó al alma”.

“Durante los últimos días me he estado preguntado: ¿qué es realmente discriminar?, ¿quiénes son los discriminados?, ¿discrimino yo a alguna persona?”

Este encabezamiento no es mío. Pertenece a una carta que una madre envió a un diario (de ésas que empiezan “señor director”) y que no se publicó.

Ahora soy yo la que se pregunta el por qué se discriminan ciertas cartas, más aún si tienen que ver con un tema tan contingente. No quiero llegar a pensar que ésta no calificó simplemente porque no era políticamente correcta con los enviones de la moda.

Pero, primero, una aclaración. La recibí por mail, no directamente de su autora —a quien conozco podría decir que desde siempre—, y me llegó tan adentro que pensé que podía convertirla en columna en este mundo de contradicciones que nos están tragando a todos.

Paula Allende Decombe, quien la firma, es la mamá de Fermín. Es, en presente, porque lo fue dedicadamente cuando él estaba aquí en la tierra y lo sigue siendo, yo diría siempre orgullosa de él, ahora que está en el Cielo.

Con una enfermedad invalidante, progresiva y terminal, yo siempre lo vi contento, incluso sonriente: de niño y después de adolescente. Es que quizás cada vez era menos físicamente pero, al mismo tiempo y sobrenaturalmente, cada vez era más. Su vida interior, que se palpaba, fue madurando como pocas y, ¿por qué no admitirlo?, sin duda contaba con mucha gracia de Dios.

Paula nunca hace alarde de las evidentes virtudes de ese hijo, el único hombre entre cinco hermanas. Es por eso que su carta me llegó al alma.

Démosle paso a sus palabras:

“Después de advertir que no encontraba respuestas que me resolvieran efectivamente mis cuestionamientos (¿qué es realmente discriminar?, ¿quiénes son los discriminados?, ¿discrimino a alguna persona?), me di cuenta de que yo, por casi dieciocho años, había vivido con un supuesto “discriminado”. Sí, con un niño que tenía tantas dificultades físicas como las que uno pueda imaginar, aunque no limitaciones intelectuales, lo que lo convertía en un blanco perfecto para unirse al grupo de los discriminados”.

Y Paula se pregunta:

“¿Por qué él nunca se quejó? La respuesta es sencilla: porque nunca se sintió diferente a los demás. No era que ignorara sus limitaciones; por el contrario, las tenía clarísimas, pero valoraba cada una de sus ventajas que, aunque parezca increíble, eran muchas. Habría numerosos ejemplos para contar, pero no me detendré en ellos porque esa no es mi intención. Mi punto de vista es otro: creo que tanto reportaje, tanta ley, tanto comentario, tanta discusión, lo único que logran es que muchas personas se sientan muy mal.

“Si nos hubiéramos pasado la vida haciéndole ver a mi hijo que, por sus limitaciones, nos teníamos que sentar en la peor ubicación en los cines; que por sus limitaciones, no podíamos ver la exposición de cuadros del segundo piso; que no podíamos entrar al lugar donde estaban los libros que él quería porque la silla no cabía por los pasillos de la librería… posiblemente él se habría sentido rechazado por la sociedad y muy amargado.

“El sentirse o no discriminado no es algo exterior; va en el interior de cada uno. Si valoramos realmente todo lo bueno que tenemos y que sucede a nuestro alrededor, no gastaremos nuestra vida añorando lo que tienen los demás”.

Hasta ahí la carta de una madre sobre su hijo, que los diarios no publicaron.

A mí sólo me queda decir: gracias Paula y gracias también a ese hijo Fermín.▄▀

Lillian Calm

Temas.cl

13 06 2012