Jueves 14 de junio del 2012

LA BATALLA DE MIDWAY: UNA CASUALIDAD BIEN PREPARADA

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Ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, del 4 a 6 de junio de 1942, y enfrentó a las fuerzas estadounidenses con la fuerza aeronaval del Imperio del Japón.

La Batalla de Midway ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, del 4 a 6 de junio de 1942, y enfrentó a las fuerzas estadounidenses con la fuerza aeronaval del Imperio del Japón. Fue uno de los episodios más interesantes de aquella guerra y de la historia militar que hasta hoy día suscita acalorados debates.

EL PLAN VICTORIOSO

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No es de extrañar: la primera derrota del poder marítimo japonés resulta demasiado brutal, especialmente tras una serie de rotundas victorias y la Batalla del Mar del Coral, que costó bajas importantes a ambas partes. Además, para el momento del despliegue la parte nipona tenía superioridad de fuerzas. El almirante y comandante en jefe de la Flota Combinada de la Armada Imperial japonesa, Isoroku Yamamoto (en la fotografía), conducía al atolón Midway 185 buques, entre ellos cuatro portaaviones pesados y dos ligeros, siete buques de línea, 14 cruceros, muchos submarinos, destructores y buques de abastecimiento.

Los portaaviones transportaban más de 250 aviones de combate, 226 de los cuales estaban desplegados en los cuatro barcos de la Primera Flota Aérea: Akagi, Kaga, Hiryu y Soryu.

Estos aviones, o más bien los pilotos de los mismos, eran la principal apuesta de los japoneses. La 1ª Flota Aérea, comandada por el vicealmirante Chuichi Nagumo, había protagonizado las sucesivas victorias japonesas durante seis meses en el inmenso territorio desde Pearl Harbor hasta la isla de Ceylon. La supremacía naval de Japón le permitió poner fin a la presencia militar británica en el archipiélago malayo, conquistar la inexpugnable fortaleza de Singapur, de Filipinas e Indonesia, lo cual le garantizaba la obtención de recursos naturales, el objetivo principal que perseguía Tokio entrando en la guerra. El Imperio nipón debía conquistar más territorios insulares y establecer un anillo perimetral en el Asia Oriental, uno de estos territorios era el alotón Midway. A la vez la idea de los japoneses consistía en obligar a los estadounidenses a utilizar sus portaaviones para destruirlos.

El ataque a la base estadounidense de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 no tenía otro objetivo que acabar con la flota estadounidense estacionada en el Océano Pacífico, pero tuvo un efecto contraproducente. La exitosa operación nipona de bombardeo acabó con el hundimiento de la flota de acorazados y de esta manera los mismos japoneses terminaron con la era de este tipo de barco, haciendo que desde entonces la guerra naval se basase en la aviación naval.

A partir de ese momento los portaaviones de EE.UU. asestaron varios golpes dolorosos a la flota nipona, especialmente en el Mar de Coral. Las pérdidas sufridas en esta batalla obligaron al alto mando japonés a renunciar los ambiciosos planes de conquista de Nueva Guinea y Australia. Estas pérdidas eran difíciles de recuperar, ya que el sistema de entrenamiento no permitía formar con premura muchos pilotos.

De ahí que la Primera Flota Aérea se dirigiese a Midway con su potencial reducido en una tercera parte, pero los dirigentes militares confiaban en que sería más que suficiente. Lo mismo pensaban los pilotos, especialmente tras el exitoso ataque contra los portaviones estadounidenses Lexington y Yorktown realizado por los efectivos de la 5ª División, que tenían menos experiencia y peor preparación. Se hizo proverbial la frase que era muy popular entre los aviadores en aquel momento: “Si triunfaron los hijos bastardos, tanto más lo harán los hijos legítimos”.

La Flota Combinada de Japón iba camino de una gloriosa victoria que mermara la fuerza naval estadounidense. Al mismo tiempo, el imperio asiático planificó un ataque de distracción a las posesiones estadounidenses en las islas Aleutianas, objetivos que se hallaban en el propio territorio continental estadounidense, pero que por su lejanía al teatro principal de combate tenían escaso valor militar para los japoneses.

PREPARATIVOS SECRETOS

Ante el almirante y comandante en jefe estadounidense de las Fuerzas Aliadas durante la Segunda Guerra Mundial, Chester Nimitz, se planteaban dos tareas principales a finales de mayo de 1942: prever las acciones de los japoneses y poner fin a la sucesión de fracasos de EE.UU.

La principal fuerza de Nimitz, más que buques de guerra y portaviones, era el grupo de especialistas militares y civiles en materia de criptografía, matemática y lingüística bajo el mando del comandante Joseph J. Rochefort. Este oficial tenía fama de ser el mejor criptógrafo de EE.UU.: la mereció por haber conseguido descifrar un código naval japonés en otoño de 1940. Aunque este éxito no pudo prevenir el ataque a Pearl Harbor, porque los japoneses cambiaron el código, para mayo de 1942 los estadounidenses leían todos los mensajes de radio del enemigo.

Para el día 15 del mes no quedaba ninguna duda de que el imperio asiático estaba preparando un ataque a Midway, y Nimitz decidió adelantarse a los japoneses. El 25 de mayo el grupo de Rochefort interceptó un mensaje que contenía todos los detalles del ataque planeado. Era más que suficiente.

Para poder enfrentarse a una fuerza enemiga que se sabía de forma anticipada estaba compuesta con unos cuatro o cinco portaviones, Nimitz necesitaba todas las cubiertas de vuelo disponibles. Ordenó de forma precipitada la urgente puesta en marcha del portaviones Yorktown que había sido seriamente dañado el la Batalla del Mar de Coral y estaba en reparación en los muelles de Pearl Harbor. Yorktown tuvo que ser reparado en el asombroso plazo de tres días, gracias al duro esfuerzo de los obreros de los arsenales de la Marina que trabajaron día y noche para dejar operativo al portaviones.

Así que los norteamericanos disponían de los portaviones Enterprise, Hornet y Yorktown, que transportaban 233 aviones de combate e iban acompañados por 25 buques de guerra. Además se destinaron a Midway patrullas de submarinos, compuestas de 20 unidades en total.

En el propio atolón los estadounidenses desplegaron unos 130 aviones, preparando así otra sorpresa para los atacantes: la fuerza aérea estadounidense superaba numéricamente a la nipona.

LOS REVESES DEL DESTINO

Un PBY Catalina, el avión estadounidense de patrulla, comunicó el 3 de junio el avistamiento de 11 buques sospechosos a 700 millas náuticas al noreste del atolón. En ese mismo instante despegaban de Midway unos 16 bombarderos estadounidenses B-17 con la misión de localizar y bombardear en altura a los buques avistados. Los japoneses atacaron Midway a las cuatro de la madrugada del día siguiente, a eso de las seis un PBY Catalina informó por radio que había localizado a dos portaviones del enemigo.

A partir de las siete de la mañana del 4 de junio los portaviones japoneses fueron objeto de continuos ataques de los aviones que salían desde Midway, mientras los portaviones estadounidenses se iban acercando sin ser todavía descubiertos. A pesar de esto el almirante Nagumo dejó en reserva 108 aviones cargados con torpedos, para el caso de detectarse la presencia de los portaviones enemigos y sus respectivas escuadrillas de aeronaves.

Sin embargo, sin tener noticia de haber avistado portaviones estadounidenses, el almirante Nagumo creyó que los buques enemigos estaban muy alejados y, por lo tanto, su flota estaba fuera del alcance de los aviones. Ante ello, a las 7.15 horas Nagumo ordenó que los torpedos de los aviones que se encontraran preparados para enfrentarse a los portaviones enemigos, fuesen desmontados y reemplazados con bombas, para realizar un segundo bombardeo de la isla Midway. A las 7.40 los portaviones estadounidenses fueron detectados y Nagumo ordenó volver a subir todos los aviones a la cubierta, quitarles las bombas y cargarlos otra vez con torpedos, incurriendo en una nueva demora.

Cuando a las 10.20 horas esta tarea se dio por terminada dos escuadrillas de 30 aviones Dauntless conducidas por Clarence McClusky detectaron a los japoneses. McClusky tuvo mucha suerte, primero porque había estado buscando al enemigo durante una hora y ya estaba a punto de volver, pues su combustible estaba en el límite razonable. Y segundo, porque descubrió los tres portaviones nipones en el momento más vulnerable para un navío de estas características, ya que el hecho de tener a los aviones cargados con torpedos hacía muy peligroso que uno de ellos fuese destruido por el enemigo estando aún en cubierta.

McClusky ordenó a los Dauntless atacar por parejas, repartiéndose entre los tres portaviones avistados. El primero fue el Akagi, y más adelante el Kaga y el Soryu.

La respuesta de los japoneses ya no cambiaba nada. Dos oleadas de aviones enviados desde Hiryu consiguieron detectar el azaroso Yorktown y hundirlo, pero en el próximo ataque de los estadounidenses el Hiryu también fue hundido. Los japoneses perdieron cuatro portaviones pesados, un crucero pesado, 250 aviones y unas 2.500 personas. Los estadounidenses: el portaviones Yorktown, un destructor, 150 aviones y 307 personas. El servicio de salvamento de EE.UU. estaba mejor organizado que el de los japoneses, por lo tanto la mayor parte de los pilotos abatidos fueron salvados.

En cambio las pérdidas humanas de Japón resultaron irrecuperables: desde ese momento perdieron la superioridad garantizada por el nivel de profesionalidad de los pilotos. Éstos no pudieron ser completamente remplazados hasta principios de 1945, cuando ya era demasiado tarde para que pudieran desequilibrar la balanza en favor de Japón.

Las discusiones sobre el resultado de la batalla continuarán, pero son evidentes las causas del mismo. La victoria se gana con orden y por sorpresa, que son más importantes que la superioridad numérica. Estas verdades se confirmaron una vez más en la batalla de Midway.▄▀

Iliá Krámnik

RIA Novosti

08 06 2012