Jueves 14 de junio del 2012

ENTRE LOS MUROS DEL VATICANO

vaticano

Entrevista con el cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio cardenalicio, publicada por el diario vaticano L’Osservatore Romano.

Cuando de la información se pasa a la deformación de la noticia, esta óptica distorsionada puede ofuscar hasta a la realidad más positiva. La Curia Romana y el Governatorato del Vaticano son en su conjunto una comunidad de trabajo al servicio del papa, aunque no falte alguno que no haga su deber. Diversidad de opinión no significa división y entre los purpurados, personalidades diversas sea por nacionalidad, cultura y sensibilidad, se expresan naturalmente juicios diferentes. Los cardenales de la Curia que rodean al Romano Pontífice, alentados todos los días por la gran bondad de Benedicto XVI y de sus sabias orientaciones, se sienten muy contentos de estar trabajando para él. Estos son los puntos principales de una entrevista con L’Osservatore Romano, del cardenal decano, Angelo Sodano, al servicio de la Santa Sede por más de cincuenta años, dieciséis de los cuales como secretario de Estado.

—¿Cómo califica la actitud de los medios de comunicación frente a los últimos episodios que se produjeron en el Vaticano?

—La prensa ciertamente tiene la misión de informar al público acerca de la Santa Sede. Por ejemplo, me dio gusto ver que se ha dado una gran importancia a la visita de Benedicto XVI a Milán para el Encuentro Mundial de las Familias; así como sobre la contribución del papa y de la Iglesia para ayudar a las víctimas del terremoto en Emilia (Italia), y para sostener a los cristianos de Nigeria, probados por hechos dramáticos. Otra cosa es cuando se pasa de la información a la deformación de la noticia. De hecho, frente a los fenómenos negativos, está a veces la tentación de enmarcarlos en una perspectiva distorsionada, que puede ofuscar la belleza del todo.

—El Vaticano es un pequeño mundo variopinto, tanto en las diferentes oficinas de la Curia Romana como en el Governatorato. ¿Qué puede decir al respecto?

—Como es sabido, la Curia es el conjunto de los dicasterios y organismos que ayudan al Romano Pontífice en el servicio a la Iglesia universal. El Governatorato es en cambio, el responsable de la dirección del Estado de la Ciudad del Vaticano. Dada la naturaleza de la Curia, su personal es sobre todo eclesiástico, mientras que en el Governatorato es predominantemente laico. Son hombres y mujeres de diferentes nacionalidades, que conocen bien la importancia del trabajo que realizan para el sucesor de Pedro, pastor de la Iglesia universal.

—Según las últimas estadísticas, prestan sus servicios en la Curia 2.843 personas y 2.001 lo hacen en el Governatorato. Por experiencia personal, puedo asegurar que en general hay un compromiso para construir una verdadera comunidad de trabajo al servicio del papa. Por supuesto que en una comunidad tan grande, algunos también pueden fallar en el cumplimiento de sus obligaciones. ¡Solo son impecables los ángeles y los santos en el cielo!

—Algún periódico también informó de la existencia de divisiones entre los cardenales de la Curia…

—A decir verdad, esta afirmación me sorprendió. En realidad, no debería haberme sorprendido. Nuestro antiguo profesor de filosofía, durante los estudios secundarios en el seminario de Asti, nos decía: “No se sorprendan de nada, sorpréndanse solamente cuando vean que el río Po no tiene orillas”.

—Ni siquiera la insinuación de las varias maniobras me ha sorprendido, porque la diversidad de opiniones no significa división. Cuántas veces he votado en las reuniones de cardenales, sin sorprenderme que uno de mis hermanos votara a favor y otro en contra. Éramos amigos y seguíamos siendo amigos. Al final, a la luz de las varias votaciones, el santo padre podía decidir de manera libre, con todos los elementos de juicio que se le ofrecía. Así ocurre incluso en los consistorios, a los que están invitados todos los cardenales del mundo. Como es sabido, los cardenales son ahora 209. Y lo mismo sucede en las reuniones de los jefes de los departamentos de la Curia o de los residentes en Roma: aquí en total somos 75.

—Por lo tanto, es comprensible que entre las diferentes personalidades, de diferentes nacionalidades, culturas o sensibilidad social, existan juicios varios sobre los diversos métodos de trabajo. ¿Quién no recuerda que ya al principio de la Iglesia hubo discusiones? Por ejemplo, entre Pablo y Bernabé por el anuncio del evangelio. “El desacuerdo fue tal que se separaron el uno del otro”, leemos en los Hechos de los Apóstoles (15,39). Y Bernabé salió rumbo a Chipre, mientras que Pablo se fue a Siria. En los siglos han surgido en la Iglesia órdenes religiosas muy diferentes. Entre sus métodos de apostolado aparecen a veces contradicciones, pero todo se recompone en la unidad fundamental del mismo espíritu de servicio a la Iglesia de Cristo.

—Secretario de Estado durante dieciséis años, ¿qué puede decir acerca de esta oficina y de los que han asumido esta responsabilidad?

—Cada uno tiene su propia personalidad y cada uno encuentra diferentes problemas, de acuerdo a los tiempos. Conocí poco al cardenal Domenico Tardini, quien murió en 1961. Después sí tuve contactos frecuentes con sus sucesivos y llorados secretarios de Estado: Amleto Cicognani, Jean Villot y Agostino Casaroli. Ahora estoy muy contento de colaborar, en lo que más puedo, con mi sucesor el cardenal Tarcisio Bertone, al cual me une una antigua familiaridad y un espíritu de servicio al romano pontífice. Todos nosotros los cardenales de la Curia tratamos de constituir un «cenáculo apostólico», reunido en torno al sucesor de Pedro, sin extrañarnos de las dificultades del momento.

—En esto estamos animados cada día por la gran bondad de Benedicto XVI y sus sabias orientaciones, complacidos de poderle ofrecer nuestros servicios. Monseñor Giuseppe Del Ton, que era un gran latinista, en un poema compuesto en la lengua de Virgilio y de Horacio había descrito la cúpula de la Basílica de San Pedro como un símbolo de la estabilidad de la Iglesia. Eran los años difíciles de la Segunda Guerra Mundial y al prelado le parecía que la cúpula dijera: ‘He visto otros vientos, he visto otras tormentas’ (Alios vidi ventos, aliasque tempestates). Esta es la serenidad que la historia, maestra de vida, nos enseña también a nosotros.▄▀

Traducción del italiano por José Antonio Varela V.

Ciudad del Vaticano

Zenit

08 06 2012