Jueves 15 de marzo del 2012

EDUCACIÓN. ¿ES POSIBLE LA IGUALDAD SIN MEDIOCRIDAD?

educacionLa igualdad de niños y niñas en la escuela parece un objetivo difícil de conseguir. Los países donde menor es la diferencia son México, Chile y Alemania.

La OCDE ha publicado el informe Equity and Quality in Education que suena a llamada de atención para que los países miembros no olviden la función social de la escuela en aras de la excelencia. Además de las recomendaciones generales, estructuradas en torno a propuestas claras, el informe incorpora un análisis específico de cada país.

El correspondiente a España señala las lagunas del actual sistema educativo: la mediocre puntuación en las tres partes de los exámenes PISA, el alto grado de repetidores (un 35% de los estudiantes ha repetido al cumplir los 15), la elevada tasa de abandono escolar prematuro (un 36% de entre los jóvenes de 25 a 34 años no ha completado la secundaria superior: Bachilleratos o Ciclos formativos) y la gran desventaja que supone en el mercado laboral español el no haber alcanzado un título más allá de la ESO.

No obstante, el informe también ofrece algún diagnóstico positivo: el sistema educativo español se cuenta entre los más “inclusivos”, es decir, los factores socioeconómicos (nivel de renta, educación de los padres, inmigración) y el sexo del estudiante tienen menos incidencia en los resultados que en la mayoría de los países de la OCDE.

EL IDEAL DE LA EQUIDAD

Aunque de la futura reforma del sistema educativo español se sabe aún poco, ya ha generado controversia la decisión de aumentar un año el bachillerato a costa del último curso de la ESO. Este cambio, en la medida en que adelanta un año la opción educativa, supone distanciarse del ideal de “escuela comprensiva”, que frecuentemente identifica la igualdad de currículum para todos con la igualdad de oportunidades. La postura contraría sería la de orientar a los alumnos lo antes posible con la idea de que dediquen más años a una formación más específica, aun a riesgo de “marcar” el futuro educativo del estudiante.

El paradigma de escuela comprensiva en Europa lo encarnan los países escandinavos: todos los alumnos cursan un mismo currículum hasta los 16, como aún ocurre en España. En el lado opuesto están Alemania, Austria, Suiza u Holanda, donde los alumnos empiezan a decantarse entre los 10 y los 12 años. A la OCDE le preocupa la equidad de estos sistemas educativos. Considera que separar pronto impide que las escuelas cumplan su función de equilibrar las desigualdades con las que parten los estudiantes de distintos niveles socioeconómicos.

De hecho, todas las propuestas de la OCDE van encaminadas a asegurar que los colegios cumplen esta función socializadora. El informe diferencia dos aspectos dentro de este ideal de equidad: la “justicia” (fairness) se da cuando las diferencias de carácter étnico, económico o familiar no impiden el desarrollo del máximo potencial del estudiante; la “inclusividad” (inclusión) significa que la escuela consigue que todos los estudiantes obtengan al menos un mínimo de capacidades, es decir, que no se abandona a nadie.

CALIDAD E IGUALDAD, UNA RELACIÓN COMPLEJA

La OCDE entiende que estos ideales no tienen por qué estar reñidos con la calidad de la enseñanza. Al contrario, intenta demostrar que son precisamente los países más equitativos, aquellos que más y mejor luchan contra la desigualdad, los que consiguen mejores resultados. En la base de este argumento está la idea de que gran parte de los malos resultados en las escuelas son resultado de que los colegios no consiguen ofrecer, de hecho, las mismas oportunidades a todos los alumnos.

Sin embargo, el análisis de los hechos no permite deducir una conexión tan clara. Si se toma como indicador del éxito o fracaso de un sistema educativo su tasa de abandono escolar prematuro (sin terminar más que la primera etapa de la secundaria), entonces se puede decir que hay países exitosos entre los no equitativos y también entre los equitativos; de igual manera se encuentran sistemas educativos fracasados en uno y otro lado.

Por ejemplo, el caso de Finlandia casa perfectamente con algunas tesis de la OCDE, pero desmiente otras. El finlandés es un sistema “comprensivo” —los estudiantes no siguen itinerarios separados hasta los 16 años—, y logra los mejores resultados de toda Europa en las pruebas PISA. Sin embargo, algunos factores socioeconómicos como el nivel educativo de los padres, la inmigración o el sexo del alumno tienen una influencia en las calificaciones mucho mayor que en la media de la OCDE.

No es, por tanto, un sistema que se pueda calificar de igualitario, y sin embargo se suele tomar como ejemplo de modelo exitoso. De hecho lo es en cuanto al abandono escolar prematuro (AEP): no llegan al 10% los jóvenes entre 25 y 34 años que no hayan obtenido un título de educación secundaria superior. Pero esto se produce a la vez que los alumnos nacionales sacan casi 90 puntos —el equivalente a dos cursos— a sus compañeros inmigrantes de primera generación en la prueba de lectura, y cerca de 50 a los de segunda, nacidos ya en Finlandia.

Otros casos de sistemas poco igualitarios pero exitosos, al menos en cuanto al AEP, son Corea del Sur, Eslovaquia y Alemania. Holanda no pueda estar orgullosa de su AEP, muy cercano a la media de la OCDE (19%), pero en cambio sus resultados académicos en PISA sí son muy buenos. En cambio, entre los sistemas más igualitarios se encuentran algunos de los países europeos que peor puntúan en PISA, como España, Portugal o Italia. También los hay que obtienen puntuaciones medias (Islandia y Estados Unidos) y otros que logran muy buenas puntuaciones, como Canadá. Como se ve, la relación entre la “comprensividad” de la escuela, el abandono escolar y la calidad de la enseñanza es más compleja de lo que la OCDE da a entender en su informe.

EL PESO DE LA CONDICIÓN SOCIOECONÓMICA

Tomando cada factor de desigualdad por separado, se observa cómo los países donde la condición de inmigrante del alumnado pesa más son los del norte de Europa (Islandia, Dinamarca y Finlandia) y Corea del Sur. En el lado contrario están países no europeos como Australia, Israel, Estados Unidos y Canadá, y también algún europeo, como Reino Unido y Hungría. Ser inmigrante en estos países no supone una barrera tan alta. En el conjunto de la Unión Europea, los alumnos inmigrantes abandonan prematuramente los estudios en más del doble de casos que los nacionales.

El estrato socioeconómico es muy determinante en Corea, Hungría, Alemania y Bélgica, y poco en Holanda, Estonia, Islandia o Japón. En cuanto a la influencia de la educación de los padres, es muy fuerte en Corea —el sistema menos “equitativo” de toda la OCDE—, Alemania y Finlandia; en cambio no se nota tanto en la República Checa, Eslovenia, Nueva Zelanda y Estados Unidos.

La igualdad de niños y niñas en la escuela parece un objetivo difícil de conseguir. De hecho, desde 2010 la brecha ha ido aumentando a favor de ellas. Los países donde menor es la diferencia son México, Chile y Alemania; también es bastante inferior a la media la brecha de género en Estados Unidos y Reino Unido.▀▄