Jueves 17 de noviembre del 2011

TRES MITOS

sáenzEscribe Orlando Sáenz R.: El gobierno “ha permitido que una pandilla sediciosa les cause al país y al estudiantado un daño pavoroso”.

Chile es un gran productor de mitos e incluso ha llegado a exportar algunos con mucha aceptación internacional. Por ejemplo, el mito del “marxismo democrático” del Presidente Salvador Allende y de la Unidad Popular sigue rodando por el mundo, a pesar de las abrumadoras pruebas de que se trataba de llegar a la típica dictadura del proletariado por el camino más corto y rápido posible, como denunciaron en su tiempo todos los otros poderes del Estado (Congreso Nacional, Corte Suprema, Contraloría General de la República, etcétera).

Hoy, en escala más modesta, nuestro país trabaja en la elaboración de otros mitos que seguramente descarrilarán nuestros textos de historia en los próximos decenios. Deseo mencionar tres de ellos, de mucha actualidad.

1.- El movimiento estudiantil que nos aflige es el estallido espontáneo de protesta provocado por el estado educacional de nuestra niñez y juventud. —Falso. El tal movimiento es un exitoso intento de subversión largamente planeado y preparado, que utilizó magistralmente como combustible la universal insatisfacción de todos los chilenos por nuestro actual sistema educacional y la impaciencia por engendrar uno distinto que realmente funcione con buenos resultados. Para los que detonaron el movimiento y lo dirigen desde las sombras, el objetivo fue desestabilizar al gobierno del Presidente Piñera, destruir políticamente sus figuras más emblemáticas y demostrar la inviabilidad de los regímenes de derecha. Una vez logrado eso, el movimiento cayó en la deriva que hoy vemos, porque afloran todas sus inconsistencias e incoherencias y porque el terrible daño que les ha causado a Chile, a sus instituciones y a los propios estudiantes comienza a volverse en su contra en la medida que es cada vez más difícil endosarle ese daño al Gobierno.

2.- El movimiento estudiantil es la versión chilena del movimiento de indignados que sacude a buena parte de los países del mundo. —Falso. Los movimientos de indignados se generan en el descontento por las políticas de ajuste económico que se ven obligados a aceptar los regímenes que, a veces por muchísimos años, han elevado el estándar de vida de sus pueblos artificial e irresponsablemente, sin relación alguna con los crecimientos de sus productividades. En otras palabras, son expresiones del disgusto que siempre causa la llegada de la cuenta de un gran banquete, que es cuando se empieza a discutir quién paga, quién comió más y quién fue el invitante.

El movimiento estudiantil chileno es exactamente lo opuesto. Se produce en un país que exhibe un envidiable récord de sano crecimiento, que practica una disciplina fiscal muy responsable y previsora, y que está en medio de la mayor expansión del gasto social sustentable que registra su historia. En realidad, el movimiento estudiantil chileno, si algo coherente pretende, es obligar al Estado a caer en la farra irresponsable que, a su debido tiempo, producirá los inevitables ajustes dolorosos que, recién entonces, producirán en Chile los movimientos de indignados. De hecho, pues, si existe alguna relación de parentesco entre nuestro movimiento y los del extranjero, es la filial de padres a hijos y en ningún caso la fraternal entre hermanos.

3.- La desaprobación al gobierno actual es la aprobación del movimiento estudiantil. —Falso. La mayor parte del incremento de la desaprobación al gobierno del Presidente Piñera es fruto de quienes, como yo mismo, estamos espantados e indignados por la forma en que ha enfrentado al movimiento estudiantil. Sin jamás acertar con su verdadera naturaleza, y con una debilidad inconcebible, ha permitido que una pandilla sediciosa les cause al país y al estudiantado un daño pavoroso, haya incumplido sistemáticamente la ley, alterado profunda y reiteradamente el orden público, humillado y menoscabado la dignidad y el prestigio de todas las instituciones en que se sustenta nuestra convivencia democrática y puesto en entredicho los conceptos básicos en que se basa nuestro desarrollo como nación y como pueblo. Si el gobierno actual culmina su lastimoso e indigno desempeño en este asunto dejando que quede impune este daño atroz, le habrá hecho al país el peor de los servicios y habrá dejado crecer las semillas de incontables descalabros futuros.

La denuncia de estos tres mitos en modo alguno significa negar la urgente necesidad de gestar y poner en práctica una profunda reforma educacional, en la que habrá que empeñar todos los recursos que sean precisados porque de ella dependerá el futuro de Chile. La planificación de esa reforma es una tarea compleja y propia de expertos muy calificados, entre los que no se encuentran ni los agitadores sociales, ni las directivas gremiales instrumentalizadas, ni los políticos con la vista fija en las próximas elecciones municipales, parlamentarias o presidenciales.▄▀

Orlando Sáenz
“El Mercurio”
11 11 2011