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Terminator: Destino oscuro

Terminator: Destino oscuro

Terminator: Destino oscuro
noviembre 27

Dirección: Tim Miller. Intérpretes: Arnold Schwarzenegger, Mackenzie Davis, Linda Hamilton, Brett Azar, Natalia Reyes, Diego Boneta, Gabriel Luna, Steven Cree, Fraser James, Tristán Ulloa, Claudia Trujillo, Alicia Borrachero. Guión: Tim Miller, David Ellison, Justin Rhodes, Billy Ray, Josh Friedman, David S. Goyer. Música: Junkie XL. Fotografía: Ken Seng

Cuando la joven Dani Ramos discute con el supervisor de la fábrica en la que trabaja, para que no echen a su hermano a la calle, sustituyéndole por un robot, aparece de improviso un individuo idéntico a su padre, pero en realidad resulta ser una máquina con la capacidad de cambiar de apariencia que pretende acabar con su vida. Le salva una mujer con fuerza sobrehumana que advierte a Dani que debe dejarlo todo y salir corriendo junto a ella porque el agresor no parará hasta lograr su objetivo. En su huida recibirán la ayuda de una madura mujer, con enorme experiencia en luchar contra asesinos llegados del futuro y de un extraño personaje arrepentido por un acto que cometió en el pasado.

James Cameron vendió los derechos de su primer éxito, Terminator, a su ex mujer, Gale Anne Hurd, coguionista y productora de la emblemática cinta. A partir de 2019 ha vuelto a recuperarlos, por lo que ha aprovechado para impulsar una nueva entrega, que ignorase todas las que se han rodado desde la última que dirigió, Terminator 2: La rebelión de las máquinas, o sea prosiguiendo la trama como si no hubieran existido las desmejoradas Terminator 3: La rebelión de las máquinas, Terminator: Salvation y Terminator: Génesis, y recuperando a Sarah Connor, el personaje central. Pero anda enfrascado en sus secuelas de Avatar, así que ha decidido quedarse relegado a productor ejecutivo, y creador del argumento, cediendo la realización a Tim Miller, responsable de Deadpool.

Este último demuestra su dominio de los efectos visuales en escenas de acción al nivel de lo esperado: la que tiene lugar en un avión resulta especialmente trepidante. Pero al final, Terminator: Destino oscuro queda lejos de la primera entrega, que en 1984 contribuyó a que las producciones de corte fantástico pasaran de subproductos a blockbusters de amplio presupuesto, y la segunda, que en 1991 revolucionó el uso de la CGI fotorrealista en pantalla. Aporta algunas ideas, pero básicamente se repite la jugada de Star Wars: El despertar de la fuerza y similares ‘reboots’ de sagas muy apreciadas por el público, o sea se recuperan elementos del original, e incluso se homenajea a los planos más conocidos, y se coloca como secundarios a los anteriores protagonistas ya envejecidos, en este caso Linda Hamilton –que con el paso del tiempo no conserva demasiada fotogenia– y Arnold Schwarzenegger, del que casi se podría decir lo mismo. En la escena inicial han sido rejuvenecidos por ordenador.

Ambos veteranos le dan la alternativa a una nueva generación, compuesta por la colombiana Natalia Reyes, que demuestra la misma solvencia que exhibió como una de las actrices principales de Pájaros de verano, la también prometedora Mackenzie Davis, que brilló como niñera en Tully, y Gabriel Luna, visto en las series True Detective y Agentes de S.H.I.E.L.D., que logra inquietar, como corresponde al principal antagonista en cada entrega de la franquicia. Cameron, pionero en dar peso a las mujeres en el cine de acción, imprime su toque en que aquí también se concede el mayor protagonismo a las actrices. También vuelve a colocar como principal estrella a una latina, en tiempos de Donald Trump, después de haber hecho lo propio en la anterior cinta apadrinada por él, Alita, ángel de combate. Por supuesto se mantiene el leitmotiv de la serie, la advertencia del lado oscuro del progreso tecnológico.

Juan Luis Sánchez. DECINE21

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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