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Qué efectos tiene el cannabis y qué pasa si se legaliza

Qué efectos tiene el cannabis y qué pasa si se legaliza

Qué efectos tiene el cannabis y qué pasa si se legaliza

Ahora que cobra fuerza la idea de legalizar el comercio de cannabis, la revista médica “The Lancet” estudia qué consecuencias tendría.

La marihuana es ilegal, aunque por lo general tolerada hasta cierto punto, en la mayor parte del mundo; pero se abre paso la idea de autorizar la producción y la venta. ¿Qué consecuencias tendría para la salud pública? Dentro de un serial sobre las drogas, la revista médica The Lancet ha publicado un estudio (1) que resume lo que se sabe sobre los efectos del cannabis y la experiencia de los lugares que lo han legalizado.

El cannabis es la droga más difundida en el mundo: la consumen unos 192 millones de mayores de edad, casi el 4% de la población adulta (datos de 2015). La tasa de consumo es mucho mayor en los países ricos de América del Norte, Europa occidental y Oceanía, que en los de renta más baja.

Desde hace decenios hay, principalmente en esos mismos países, un movimiento de liberalización del cannabis en tres oleadas.

Solo hay pruebas sólidas de eficacia terapéutica del cannabis para aliviar el dolor y mejorar el bienestar general en pacientes con esclerosis múltiple

En la década de 1970, primero en los Países Bajos y Estados Unidos, se comenzó a despenalizar el consumo y la posesión de pequeñas cantidades de marihuana.

Luego se empezó a permitir el uso del cannabis con fines medicinales. California fue la primera en hacerlo, en 1996, y después se fueron sumando otros 37 estados o territorios norteamericanos, Canadá y distintos países de los demás continentes.

En 2012, Colorado y el estado de Washington aprobaron por referéndum el consumo “recreativo” o “por placer”. Les siguieron nueve estados más, junto con el distrito de la capital y dos territorios (la marihuana sigue estando prohibida por la ley federal). También la legalizaron dos países: Uruguay en 2013 y Canadá en 2018.

Argumentos para legalizar

Además de la utilidad terapéutica que justificaría autorizar el cannabis para diversos tratamientos, a favor de legalizarlo de modo general se aduce, en primer lugar, que su consumo está muy extendido, es inocuo para la mayoría de las personas y causa menos problemas de salud pública que el alcohol y el tabaco. También se argumenta que la represión es desproporcionada y costosa, mientras que el mercado legal y regulado permite controlar la calidad y las garantías sanitarias del producto, y a la vez proporciona impuestos al Estado.

¿Es así realmente? No resulta fácil responder con certeza, porque la legalización es aún reciente y no se han comprobado las consecuencias a largo plazo. Pero el estudio del Lancet resume lo que se sabe hasta ahora.

Marihuana medicinal

Por lo que respecta a la utilidad terapéutica, solo hay pruebas sólidas de la eficacia del cannabis para aliviar el dolor y mejorar el bienestar general en pacientes con esclerosis múltiple. Hay indicios moderados de eficacia contra el dolor crónico de origen no canceroso. Y son débiles o muy débiles los indicios en los demás casos en que se emplea el cannabis: espasmos e insomnio en pacientes de esclerosis múltiple; náuseas y falta de apetito a causa del sida; dolor y náuseas en enfermos de cáncer; epilepsia, ansiedad y depresión.

Los consumidores diarios de cannabis tienen riesgo importante de dependencia y de psicosis; los efectos son más acusados en los adolescentes

Los autores del estudio anotan que las investigaciones sobre la efectividad terapéutica del cannabis son escasas, y además hay pocos datos porque ni los productores ni las autoridades tienen obligación de recopilar información. Así, añaden, varios estados norteamericanos han aprobado tratamientos con cannabis sin base científica, de modo que muchos médicos se resisten a recetarlo por eso mismo y por temor a incurrir en responsabilidades en caso de efectos adversos.

Existen, por otro lado, indicios –tampoco concluyentes– de otras consecuencias sociales de permitir el uso del cannabis en medicina. Al parecer, favorece que se consuma algo más, principalmente entre quienes ya lo hacían, y facilita la legalización del consumo “recreativo”, al fomentar en la opinión pública la impresión de que no es peligroso.

Riesgos para la salud

Sin embargo, el cannabis no es inocuo. Las investigaciones realizadas hasta ahora han detectado, en los consumidores diarios, un riesgo alto de dependencia (en torno al 41%) y de psicosis o esquizofrenia. Los consumidores ocasionales se exponen a un riesgo pequeño o moderado de ambas cosas. Los fumadores de marihuana, habituales o no, presentan un riesgo importante de contraer bronquitis.

En cambio, otros daños son poco probables: accidentes de coche por conducir bajo los efectos del cannabis, falta de peso al nacer si la madre consume durante la gestación, cáncer de pulmón, depresión.

Se ha observado que los efectos son más acusados en adolescentes, que tienen mayor riesgo de esquizofrenia, trastornos cognitivos o ideas suicidas. En ellos, el consumo de marihuana está asociado también con el de otras drogas y con el abandono de los estudios.

Más barata, más potente

A continuación, los autores del estudio tratan de evaluar las repercusiones de la legalización del cannabis en la paz social y en la salud pública. ¿Se han cumplido las previsiones de los partidarios?

Tras la legalización ha bajado el precio y aumentado la potencia del cannabis en circulación, y se ha difundido el consumo entre adultos

Por un lado, se observa, como cabía esperar, un descenso de las detenciones y procesamientos por comercio de marihuana, si bien no es fácil distinguir el efecto de la legalización y el de la previa despenalización. También hay menos mercado negro en los estados norteamericanos que han legalizado el cannabis, pero al parecer hay más contrabando desde estos hacia los que siguen penalizándolo. La reducción del mercado negro es escasa en Uruguay, porque la oferta no ha aumentado significativamente; en Canadá, no se sabe.

Es claro el descenso del precio, en torno a un 50%, así como el aumento de la concentración de cannabis en los productos en venta. Esto último, dicen los autores del estudio, es motivo de preocupación, porque se temen los efectos a largo plazo. De momento, hay indicios dispersos de que el cannabis más potente provoca mayor riesgo de dependencia y de trastornos psíquicos. Una investigación hecha en los Países Bajos ha detectado que cuando aumenta la potencia del cannabis en circulación, más consumidores acuden en petición de ayuda para desengancharse. Pero no se sabe si se mantendrá el efecto inicial de la legalización en el precio y en la potencia del cannabis.

Finalmente, los datos disponibles indican que tras la legalización aumenta el consumo entre adultos, aunque no significativamente entre menores de 21 años. Ahora bien, un obstáculo mayor para evaluar el efecto de la legalización en la salud pública es que se desconoce si el cannabis sustituirá o no al alcohol y al tabaco. Sería beneficiosa si la extensión del cannabis redujera el número de bebedores y fumadores; pero si el consumo de cannabis se suma a los otros dos hábitos, habrá que lamentar más daños.

Medidas paliativas

A la vista de lo anterior, el análisis del Lancet se plantea qué políticas de limitación de daños pueden aplicar las autoridades allí donde se ha legalizado el cannabis. Hay algunas que se han mostrado más o menos eficaces en los casos del tabaco y del alcohol. Cabe, por ejemplo, establecer un monopolio público de producción y venta de cannabis –como ha hecho Uruguay–, restringir el número y la ubicación de los puntos de venta, limitar la publicidad, o gravar el cannabis con impuestos para desincentivar el consumo. También se pueden tomar medidas educativas: alentar al público, sobre todo a los adolescentes, a que no se inicien en el cannabis; desaconsejar la marihuana fumable; advertir contra el consumo si se va a conducir. Finalmente, conviene facilitar tratamientos de deshabituación a los dependientes.

Un obstáculo para evaluar el efecto de la legalización en la salud pública es que no se sabe si sustituirá o no al alcohol y al tabaco

Las medidas fiscales no están funcionando bien por ahora. En Estados Unidos al menos, se grava el cannabis en función del precio, y como el precio baja, la recaudación es menor. Pero ningún estado ha subido los impuestos en medida suficiente para frenar la caída del precio. Sería en principio más rentable, y más beneficioso para la salud pública –pues desincentivaría más los productos más peligrosos–, gravar la droga según su potencia, como se hace con las bebidas alcohólicas. El problema es que resulta difícil medir la concentración de cannabinoides, y por eso es costoso establecer un sistema fiable de certificación.

En el fondo, comentan los autores, “existe un conflicto ineludible entre dos intereses públicos: bajar al mínimo los impuestos para reducir el mercado negro de cannabis, e imponer impuestos elevados para desincentivar el consumo frecuente”.

De las medidas educativas, se puede decir que apenas hay pruebas de que las campañas masivas, dirigidas al público en general, sean eficaces. Logran más los programas específicos para adolescentes en las escuelas, siempre que no se limiten a dar información: han de tener en cuenta la influencia del entorno y mostrar modelos que imitar.

Por último, los programas de tratamiento a dependientes tienen eficacia, pero solo a corto plazo. Pocos de quienes los completan mantienen la abstinencia de 6 a 12 meses después.

Existe un conflicto ineludible entre dos intereses públicos: aplicar impuestos bajos al cannabis para reducir el mercado negro y aplicar impuestos elevados para desincentivar el consumo

Un experimento social

En fin, legalizar el cannabis es un experimento social. Faltan por lo menos diez años hasta que se pueda evaluar con suficiente seguridad las consecuencias para la salud pública.

Los experimentos pueden salir bien o mal. Y, como concluyen los autores del estudio, “cuando dispongamos de información sobre los costes y beneficios de la legalización, puede ser difícil dar marcha atrás, porque se habrá creado una rentable industria del cannabis que aporte sustanciosos ingresos al Estado”.

(1) Wayne Hall, Daniel Stjepanovic, Jonathan Caulkins, Michael Lynskey, Janni Leung, Gabrielle Campbell et al., “Public health implications of legalising the production and sale of cannabis for medicinal and recreational use”, The Lancet, vol. 394 (2019), n. 10208, pp. 1580-1590.

ACEPRENSA, 20-11-2019

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