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La trágica historia de la Princesa Alicia, madre del Duque de Edimburgo

La trágica historia de la Princesa Alicia, madre del Duque de Edimburgo

La trágica historia de la Princesa Alicia, madre del Duque de Edimburgo
noviembre 27

Un episodio de la tercera entrega de la serie de Netflix, The Crown, ha dado a conocer de nuevo a la Princesa Alicia de Grecia, madre del Príncipe Felipe, esposo de la Reina Isabel II (ambos en la foto)

La Princesa Alicia es una figura casi olvidada de la Familia Real helena y de la inglesa también. Nacida en el Castillo de Windsor en 1885, en presencia de su bisabuela la Reina Victoria, era una de las hijas del Príncipe Luis de Battenberg y de la Princesa Victoria de Hesse, hija a su vez de la Princesa Alicia del Reino Unido (hija segunda de la Reina Victoria). Sus padrinos de bautizo fueron sus abuelos los Príncipes de Hesse y su tía Ella, la Gran Duquesa Elisabeth Feodorovna de Rusia. Viajó mucho por Europa con sus padres y tres hermanos durante su infancia, dado que su padre era oficial de marina. Y su madre, que la adoraba, descubrió que su lentitud en aprender a hablar era debido a una sordera congénita. Gracias a su apoyo, Alicia aprendió a leer los labios y a hablar en varios idiomas: inglés, alemán, francés y posteriormente griego.

Conoció durante la coronación del Rey Eduardo VII en 1902 a uno de los Príncipes de Grecia, Andrés (llamado en griego Andreas) el apuesto cuarto hijo militar del Rey Jorge I y su mujer, Olga, sobrina del Zar. Se enamoró localmente de él y se casaron en 1903. Tuvieron cinco hijos, cuatro hijas y un chico, Felipe, que terminaría siendo el esposo de la Reina de Inglaterra.

El Príncipe Andrés, al ser militar, tuvo que exiliarse tras la derrota griega en la guerra contra Turquía para salvarse de ser ejecutado por traición en 1922. Con su mujer y el resto de su familia (Felipe, nacido en el palacio de verano Mon Repos en Corfú, tenía entonces  18 meses y fue colocado en un cajón vacío de naranjas) salieron en un barco inglés hacia el exilio en Francia, donde  vivieron modestamente. Ahí  empezaron los problemas mentales de la Princesa: hablaba sola, se volvió muy religiosa y se convirtió a la religión ortodoxa, entró en depresión y se le diagnosticó en 1930 esquizofrenia… No se podía ocupar de su familia y se la ingresó en un sanatorio suizo. La llegó a tratar Freud, ordenando un duro tratamiento de electrochoques y radiaciones en sus ovarios para eliminar su líbido. Tras salir del sanatorio después de dos años y abandonada por su marido, vivió sola en distintas ciudades europeas. Felipe, su hijo más pequeño, estaba interno en Inglaterra y pasaba las vacaciones con sus tíos Mountbatten (el nombre que había elegido la rama inglesa de los Battenberg), especialmente su tío Luis que siempre le apoyó. Sus cuatro hijas se habían casado con nobles alemanes (sin su presencia). Alicia se encontró de nuevo con toda su familia en el funeral de su hija Cecilia, que junto con su marido el Gran Duque Georg Donatus de Hesse y sus hijos tuvieron un accidente de avión en 1937.

Sentados: Margarita, la Princesa Alicia, el Príncipe Andrés y Teodora. De pie: el Principe Felipe vestido de marinero, Cecilia y Sofía. – ABC

La Princesa quiso que su hijo Felipe fuera a vivir con ella en Atenas. Él ya era oficial de la Marina inglesa y rehusó. Ella se quedó viviendo en la capital griega, sobreviviendo la invasión italiana y  la alemana gracias a los paquetes de víveres enviados por los Mountbatten. Generosa y discreta, ayudaba a quien podía, organizaba comedores y colaboraba con la Cruz Roja griega. Fue junto a su cuñada las únicas personas de la familia real griega que sufrieron las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial en Grecia, ya que el resto estaba en el exilio. Está demostrado que llegó a esconder en su casa a una familia judía, los Cohen, algo que puso su vida en peligro. El saber alemán, tener yernos nazis y hacerse la sorda cuando le convenía la libró de ser arrestada muchas veces.

La Princesa Alicia de Battenberg antes de su boda en 1903 – ABC

Su marido, mujeriego y frívolo, siguió viviendo en el exilio gracias a las dádivas de sus parientes, terminando su vida en Monte Carlo con su amante, una bella actriz francesa, muriendo en el Hotel Metropole monegasco en 1944.

Al terminar la guerra, la Princesa Alicia eligió diamantes de su tiara para la sortija de pedida y una pulsera que su hijo regaló a la entonces Princesa Isabel. Vendiendo el resto de sus joyas fundó en 1949 su propia orden monástica ortodoxa, la Hermandad Cristiana de Marta y María, ayudando y protegiendo a ancianos vulnerables y a huérfanos en un barrio pobre de Atenas, Neo Iraklio. Sin embargo la financiación de esta institución, a base de donaciones, fue disminuyendo, lo mismo que las vocaciones. Finalmente en 1967 con el golpe de estado de los coroneles en Grecia, la Familia Real inglesa le pidió que regresara a Londres. Vivió sus últimos años en el palacio de Buckinham, siempre discreta y jovial, fumando constantemente unos pitillos baratos y malolientes, los Woodbines. A su muerte dicen que sólo poseía tres vestidos.

Pidió a su familia ser enterrada cerca de su madrina Ella de Hesse, conocida como la Gran Duquesa Elisabeth Feodorovna y santificada por la Iglesia Ortodoxa rusa en Jerusalén (se hizo monja y fue asesinada por los bolcheviques en 1918). Algo que tras muchos problemas diplomáticos se pudo llevar a cabo en 1988. La Princesa Alicia descansa ahora en el monasterio de Santa María Magdalena situado en el Monte de los Olivos cerca del huerto de Getsemaní. En 1993 recibió el reconocimiento póstumo de Justa entre las Naciones por haber arriesgado su vida para salvar a judíos y esta distinción la recogieron con emoción sus hijos Felipe de Edimburgo y la Princesa Sofía de Hannover en 1994.

Begoña Castiellas, corresponsal en Atenas

ABC, España, 25-11-2019

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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