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El viaje apostólico a Tailandia y Japón

El viaje apostólico a Tailandia y Japón

El viaje apostólico a Tailandia y Japón

El 32° Viaje Apostólico Internacional que lo llevó a visitar Tailandia y Japón, del 19 al 26 de noviembre, ha sido el tema de la catequesis del Papa durante la Audiencia general del miércoles. Ofrecemos el texto completo:

QUERIDOS HERMANOS

Ayer regresé del viaje apostólico a Tailandia y Japón, un don del que estoy tan agradecido al Señor. Deseo renovar mi reconocimiento a las Autoridades y a los Obispos de esos dos países, que me han invitado y recibido con gran primor, y sobre todo dar las gracias al pueblo tailandés y al japonés. Esta visita ha aumentado mi cercanía y mi cariño a esos pueblos: Dios los bendiga con abundancia de prosperidad y de paz.

Tailandia es un antiguo Reino que se ha fuertemente modernizado. Al encontrar al Rey, al Primer Ministro y las demás Autoridades, he rendido homenaje a la rica tradición espiritual y cultural del pueblo Thai, el pueblo de la “bella sonrisa”. La gente allá sonríe. He animado el compromiso por la armonía entre los diversos componentes de la nación, así como para que el desarrollo económico pueda ir en beneficio de todos y se sanen las llagas de la explotación, especialmente de las mujeres y de los menores. La religión budista es parte integrante de la historia y de la vida de ese pueblo, por eso visité al Patriarca Supremo de los budistas, siguiendo el camino de la recíproca estima iniciada por mis Predecesores, para que crezcan en el mundo la compasión y la fraternidad. En ese sentido fue muy significativo el encuentro ecuménico e interreligioso, en la mayor Universidad del país.

El testimonio de la Iglesia en Tailandia pasa también por obras de servicio a los enfermos y a los últimos. Entre estas sobresale el Hospital Saint Louis, que visité animando al personal sanitario y encontrando algunos pacientes. Luego dediqué momentos específicos a los sacerdotes y a las personas consagradas, a los obispos, y también a mis hermanos jesuitas. En Bangkok celebré la Misa con todo el pueblo de Dios en el Estadio Nacional y luego con los jóvenes en la Catedral. Allí experimentamos que en la nueva familia formada por Jesucristo hay también rostros y voces del pueblo Thai.

Luego, fui a Japón. Al llegar a la Nunciatura de Tokio, fui recibido por los obispos del país, con los que enseguida compartimos el desafío de ser pastores de una Iglesia muy pequeña, pero portadora del agua viva, el Evangelio de Jesús.

“Proteger toda vida” fue el lema de mi visita a Japón, un país que lleva impresas las llagas del bombardeo atómico y es para todo el mundo portavoz del derecho fundamental a la vida y a la paz. En Nagasaki e Hiroshima estuve en oración, encontré algunos supervivientes y familiares de las víctimas, y repetí la firme condena a las armas nucleares y la hipocresía de hablar de paz construyendo y vendiendo aparatos bélicos. Tras aquella tragedia, Japón ha demostrado una extraordinaria capacidad de luchar por la vida; y lo ha hecho también recientemente, después del triple desastre del 2011: terremoto, tsunami e incidente en la central nuclear.

Para proteger la vida hay que amarla, y hoy la grave amenaza, en los países más desarrollados, es la pérdida del sentido de vivir. Las primeras víctimas del vacío del sentido de vivir son los jóvenes, por eso un encuentro en Tokio se dedicó a ellos. Escuché sus preguntas y sus sueños; les animé a oponerse juntos a toda forma de acoso, y a vencer el miedo y la cerrazón abriéndose al amor de Dios, en la oración y en el servicio al prójimo. A otros jóvenes los encontré en la Universidad “Sophia”, junto a la comunidad académica. Esa Universidad, como todas las escuelas católicas, es muy apreciada en Japón.

En Tokio tuve la oportunidad de visitar al Emperador Naruhito, al que renuevo la expresión de mi gratitud; y encontré a las Autoridades del país con el Cuerpo Diplomático. Les deseé una cultura de encuentro y diálogo, caracterizada por sabiduría y amplitud de horizonte. Siendo fieles a sus valores religiosos y morales, y abierto al mensaje evangélico, Japón podrá ser un país pionero para un mundo más justo y pacífico y para la armonía entre hombre y ambiente.

Queridos hermanos y hermanas, encomendemos a la bondad y a la providencia de Dios los pueblos de Tailandia y de Japón. Gracias.

ALMUDI, 27-11-2019

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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