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Aplastante victoria de la oposición democrática en las elecciones municipales de Hong Kong

Aplastante victoria de la oposición democrática en las elecciones municipales de Hong Kong

Aplastante victoria de la oposición democrática en las elecciones municipales de Hong Kong

Con una participación récord del 71,2 por ciento, los partidos que apoyan las protestas contra el autoritarismo chino arrasan a los aliados del Gobierno en el recuento: 388 a 58 de los 452 escaños en juego

Los votos son más fuertes que las balas. Con la mejor rima del inglés («Ballots are stronger than bullets»), la pintada al salir del muelle del legendario ferri Star resume el espíritu con que Hong Kong hace frente a su mayor crisis política desde su devolución a China en 1997. Tras cinco meses y medio de protestas que han traído la violencia, el caos y la recesión económica, los hongkoneses volvieron a echarse a las calles este domingo. Pero no para manifestarse contra el autoritarismo de Pekín, sino para votar en unas elecciones municipales que fueron un plebiscito para el Gobierno local y los partidos que lo apoyan. Dándole una importancia inusual a estos comicios a los consejos de distrito, órganos asesores con más funciones sociales que políticas, se formaron largas colas para votar desde las siete y media de la mañana hasta las diez y media de la noche.

Con una participación récord del 71,2 por ciento, en estas quince horas acudieron a la llamada de las urnas tres de los cuatro millones de electores registrados en el censo. Al unísono, su mensaje fue mucho más duro y doloroso que los cócteles molotov lanzados por los radicales desde las barricadas en llamas durante los últimos meses. Hacia el mediodía del lunes, hora local (las 05:00 de la madrugada en la España peninsular), la oposición democrática arrasaba en el escrutinio a los partidos oficialistas. De los 452 escaños en juego en los 18 consejos de distrito de Hong Kong, llevaba 388 por solo 58 de los pro-gubernamentales, que sufrieron una contundente derrota bajo un festivo ambiente de domingo.

A pesar de las amenazas por el violento estallido de las dos últimas semanas en las universidades, la jornada se desarrolló con normalidad en medio del calor primaveral de este otoño de cambio climático. Aprovechando la tregua de las elecciones, las criadas filipinas e indonesias volvieron a tomar las calles para disfrutar de su único día libre y los hongkoneses se lanzaron a pasear, navegar por la bahía, hacer deporte y, por supuesto, votar.

«Aunque estas elecciones nunca han sido muy importantes, he venido a votar al Partido Democrático, y no al candidato pro-China, porque tenemos que demostrar al mundo que los hongkoneses estamos comprometidos con la lucha por la libertad», explicaba Angie, estudiante de 21 años de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong, tras salir de un colegio electoral en Mong Kok. A su alrededor, las aceras levantadas, las bocas de metro cerradas y los bancos estatales chinos blindados con planchas de metal revelaban las cicatrices de las últimas batallas campales libradas en este barrio entre los manifestantes y la Policía. «Para mí, el nivel de violencia es todavía aceptable porque nos da fuerza para presionar al Gobierno local y al central, pero mucha gente mayor prefiere la estabilidad y quiere que acaben ya las protestas», analizaba la brecha generacional que se está abriendo en la excolonia británica, que goza de más libertades que el resto de China.

Espoleada por el malestar contra las autoridades, que ha provocado las manifestaciones más multitudinarias de Hong Kong, tan amplia participación benefició al bando democrático, que reclama sufragio universal para elegir al Gobierno y a todo el Parlamento. Hasta ahora, tanto el jefe ejecutivo de la isla como la mitad del Consejo Legislativo (Legco) son seleccionados por comités afines a Pekín. Dichas ansias democráticas sentenciaron al bando afín a China, donde destaca la Alianza para la Mejora de Hong Kong. Aunque se trata de la mayor fuerza política de la ciudad, sufrió un varapalo en estos comicios al perder la mayoría de sus escaños.

«He intentado hacer lo mejor posible mi trabajo en los últimos cuatro años, sirviendo a la comunidad. Cada semana recorro el distrito, hablo con la gente y apunto sus números de teléfono para llamarles y preguntarles por sus problemas. Si pierdo, se deberá en un 99% a la ley de extradición a China y al momento político actual», advertía resignada Kenny Lee, candidata de la Alianza por el céntrico distrito de Wan Chai. Las protestas, que empezaron en junio contra la ya retirada ley de extradición, han derivado en la revuelta más violenta contra Pekín, cuyos medios oficiales la retratan falsamente como una revolución por la independencia y llamaron a participar a sus partidarios para recobrar la estabilidad.

Demandas pendientes

A pesar del clarísimo resultado, todavía está por ver que estos comicios provoquen una reacción del Gobierno, que solo cedió a una de las seis demandas de los manifestantes y con tres meses de retraso. Entre las cinco que quedan figuran una comisión independiente para investigar la fuerza policial en las protestas, una amnistía para los 4.500 detenidos y el pleno sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo. Entre sus banderolas ondeando al viento, los aspirantes de ambos bandos llamaron a votar hasta el último minuto sabiendo que se jugaban algo más que unas municipales.

«Me da igual cómo lo haga en este distrito el candidato al que vote. Para mí, lo importante es que va a ser uno de los que seleccione al próximo jefe ejecutivo, que es lo que yo querría hacer», justificaba su opción Lui, empleada de 46 años de una naviera. Y es que 117 concejales de distrito forman parte del comité de 1.200 miembros, representantes de todos los sectores de la sociedad, que designan al jefe del Gobierno. Además, seis serán diputados en el Parlamento local, donde el bando democrático sumará escaños para contrarrestar la mayoría pro-gubernamental. Una revolución con votos, más fuertes que las balas, que hasta algún chino curioso cruzó la frontera para ver lo que se puede hacer en Hong Kong, pero no en el resto del país: elegir a sus gobernantes.

Para los partidos demócratas que apoyan las protestas contra el autoritario régimen chino, una de sus mayores victorias fue arrebatarle el escaño a Junius Ho, el político afín a Pekín más odiado por los manifestantes de Hong Kong. Chulesco y deslenguado, acostumbra a insultar a sus rivales e incluso a amenazarlos, como hizo con el demócrata Eddie Chu después de que la tumba de sus padres fuera profanada en verano.

Pero lo que más enfureció al movimiento democrático, y en general a la sociedad hongkonesa, es que felicitara a los matones que atacaron brutalmente a los manifestantes en la estación de tren de Yuen Long el 21 de julio, donde dejaron 45 heridos. Un asalto con cañas de bambú y barras de hierro que indignó a Hong Kong no solo por su salvajismo, sino también por la pasividad o incluso connivencia de la Policía, que dejó marchar a los matones. Tan lamentable episodio supuso un punto de inflexión que radicalizó aún más las protestas y rompió definitivamente la confianza del público en las autoridades.

Durante la campaña, Junius Ho fue apuñalado por un hombre que se hizo pasar por uno de sus partidarios. Aunque salvó la vida de milagro, no ha podido retener su escaño como concejal de distrito, arrebatado por Lo Chun-yu, del Partido Democrático. Pero seguirá siendo diputado del Parlamento local, que no celebra elecciones hasta el próximo año.

Pablo M. Diez, enviado especial a Hong Kong

ABC, España, 25-11-2019

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Humor

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—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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