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Barcelona en crisis: es riesgo del autoengaño

Barcelona en crisis: es riesgo del autoengaño

Barcelona en crisis: es riesgo del autoengaño

El antropólogo, geógrafo y biólogo estadounidense Jared Diamond hablará sobre su libro Crisis el jueves 21 en el CosmoCaixa de Barcelona. En él explica cómo reaccionan los países en los momentos decisivos (Debate), y traza un paralelismo entre las crisis que sufren los individuos y las que padecen los países.

Jared Diamond advierte que el proceso que denomina de “autoevaluación honesta” requiere de dos pasos que no siempre se cumplen, ni en el caso de los países ni en el de los individuos, (aunque en éste sería obviamente más fácil por haber menos voluntades implicadas). Por un lado, es imprescindible disponer de una información correcta y precisa. Pero, sobre todo, hay que ser capaz de evaluar esa información con honestidad. Y ahí radica el problema. La tentación inconsciente de negar la realidad se refuerza en la burbuja de las redes sociales.

Es una peligrosa negación de la realidad mirar hacia otro lado mientras se queman contenedores, persiste la inestabilidad política y las empresas expresan su alarma sobre el futuro de Barcelona: la proyección de la ciudad se deteriora y ya no basta con propagar buenas noticias para hacer frente a la crisis de reputación.

Es un hecho que a las personas nos cuesta admitir que atravesamos una crisis. Pero aún nos resulta más difícil asumir nuestra propia responsabilidad en un fracaso y, sobre todo, resistir la tendencia al autoengaño, que es el recurso que empleamos cuando queremos negar una realidad que nos disgusta.

El autor aporta varios ejemplos de obstinación colectiva en rechazar la realidad. La mayoría no vienen al caso porque están relacionados con episodios bélicos, pero hay alguno que es susceptible de evocar situaciones presentes. Por ejemplo, el de los Estados Unidos de Donald Trump, el país de Diamond, donde el autor destaca que mucha gente sigue negando problemas tan evidentes como la polarización política, la baja participación electoral, las desigualdades o la poca movilidad socioeconómica, factores que están perjudicando también al prestigio exterior de los EE.UU.

Nunca ha sido fácil que las personas valoren las razones del rival y que cedan cuando las han convencido de que estaban erradas. Pero esta dificultad ha aumentado ahora en esta suerte de sociedad-burbuja propiciada por las redes sociales. La tentación inconsciente de negar la realidad se refuerza en ese mundo feliz de las personas afines que son las cuentas de Twitter, Facebook o Instagram. No hay un sólo indicador económico negativo al que no se le pueda dar la vuelta hasta convertirlo en munición argumental contra el enemigo.

En eso se ha convertido el debate sobre si los persistentes bloqueos independentistas, muy concentrados en el área de Barcelona, están dañando la imagen y la economía de la ciudad y favoreciendo de paso a Madrid. En realidad, el debate se circunscribe a un círculo perverso: hay quien defiende que sí; quien sostiene que no tienen incidencia y quien admite que la situación empeora pero se justifica en aras de la soñada independencia. El resultado, en algunos casos, es que los argumentos de la otra parte se usan de manera torcida para retroalimentar los propios.

Los Mossos se disponen a cargar en una de las concentraciones (Blanca Blay / ACN)

Pero la realidad es tozuda y no deja de manifestarse. Luca de Meo, presidente de Seat y persona mesurada que siempre ha evitado irrumpir en el debate político, ha advertido esta semana que la imagen que proyecta Catalunya no ayuda a atraer inversores, mientras la Cámara de Comercio Británica en España decía que una de cada tres empresas de su país se ha replanteado sus inversiones en Catalunya.

También esta semana, GSMA-Mobile World Congress, a preguntas de este diario, precisaba que los disturbios recientes no han afectado a ninguna de las ferias que se han celebrado estos días en Barcelona, pero admitía que está siguiendo muy de cerca el conflicto para evaluar el riesgo de impacto en su congreso.

El del Mobile Congress es un ejemplo claro de polarización con tintes políticos. Cierta prensa de Madrid da alegremente por hecho que Barcelona perderá el evento antes de que expire el contrato firmado hasta el 2023, mientras que parte del independentismo sigue alentando la revuelta en la calle –a veces desde el mismo Govern– pese a saber que los comportamientos violentos comprometen el futuro de certámenes feriales como éste.

Si la edición del 2020 del Mobile transcurre tranquila, el congreso querrá quedarse

El debate sobre la continuidad del Mobile World Congress debería ser tal vez menos visceral. Si la edición del 2020 transcurre sin incidentes, es muy probable que el congreso ni siquiera se plantee la posibilidad de irse, al menos antes del 2023. El certamen se ha hecho mayor en Barcelona de la mano de organizaciones y profesionales locales, por lo que está profundamente enraizado en la ciudad.

Pero es evidente que la inestabilidad política y los incidentes dificultan la inversión y la captación y retención de talento. El álbum fotográfico de la ciudad insurgente se renueva a diario, por minoritarias que estén siendo las movilizaciones después de que la mayoría del independentismo haya decidido participar sólo en las grandes marchas pacíficas. Y las ciudades competidoras toman nota.

El director de Barcelona Global, Mateu Hernández, ha podido comprobar esta semana hasta qué punto ha cambiado la percepción exterior de la ciudad. En Bogotá, donde participaba en una jornada sobre urbes globales organizada por el foro empresarial ProBogotá, el representante barcelonés tuvo que situarse a la defensiva, mientras que Madrid era invitada como modelo de metrópolis de éxito (eso sí, la ponente era Esperanza Aguirre, investigada por corrupción).

En las jornadas se presentó a Barcelona como ejemplo de ciudad convulsa, junto con Hong Kong y París. Hernández, preguntado sobre cómo se puede gestionar desde la sociedad civil una crisis política y de seguridad como la barcelonesa, respondió que no queda otro remedio que hacerlo “hablando de aquello que hacemos y no de aquello que somos”, refiriéndose a las políticas de promoción cultural o de atracción de gente con talento.

Pero comprobamos a diario que persiste una resistencia a aceptar que Barcelona está pagando ya un coste por los disturbios. ¿Hasta cuándo? “Igual que los individuos –escribe Diamond–, los países pueden ignorar, negar o minimizar el problema en un momento inicial, hasta que tiene lugar algún suceso externo que pone fin a la fase de negación”.

Miquel Molina. LA VANGUARDIA, Barcelona, 16-11-2019

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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