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Noticias de Isaac Albéniz

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noviembre 06

Desde la izquierda, Albéniz, su hija Laura, Nellie Money-Coutts, Alfonso (de pie), Enrique Fernández Arbós (sentado), Rosina Jordana de Albéniz, Enriqueta y Francis Money-Coutts

El emotivo reencuentro barcelonés de los descendientes del compositor con los de quien fue su mecenas y letrista

“¡Cómo puede un objeto inanimado despertar semejantes sentimientos!”

Quien así se exclama es el actual Lord Latymer, tataranieto de Francis B. Money-Coutts, el banquero, poeta y gran aficionado a la música que hace más de un siglo fuera mecenas y letrista de Isaac Albéniz, además de un gran amigo. El objeto inanimado al que se refiere Crispin Latymer, descendiente de la notoria familia Coutts de banqueros, es el piano Bechstein de cola con el que ambos artistas trabajaban la obra lírica cuando coincidían en aquel Londres finisecular.

“Y pensar que se sentaron a este piano a crear un extraordinario trabajo…”, dice Lord Latymer en CaixaForum

Este instrumento cargado de historia y ahora restaurado se exhibe en el Museu Isaac Albéniz de Camprodon, lugar de nacimiento del autor de Suite Iberia, aunque temporalmente preside en el CaixaForum de Barcelona una de las salas de la muestra Ópera. Pasión, poder y política. La Vanguardia asiste al reencuentro de los descendientes de ambas familias, que con el paso de los años habían perdido contacto.

El bisnieto del compositor, Alfonso Alzamora, pintor, escultor, autor de la muy humana biografía Suite Albéniz y miembro de la Fundació Isaac Albéniz, ha recuperado ahora el contacto con los descendientes del benefactor inglés y les ha invitado a reunirse alrededor de este instrumento, testimonio privilegiado de aquellos procesos creativos

Isaac Albéniz y su mecenas y letrista Francis Money-Coutts

Y es ahí donde el rostro de Lord Latymer –alargado como el de su antepasado– refleja destellos de una sobrevenida conexión intergeneracional. “Es una sensación muy extraña”, apunta en su inglés pausado y elegantemente entrecortado, como corresponde a un aristócrata británico. “Y pensar que se sentaron aquí a hacer el trabajo extraordinario que hicieron…”.

En ese piano nacieron, probablemente, las primeras notas de las tres óperas que Albéniz y Money-Coutts escribieron a la par: Henry Clifford (1895), Pepita Jiménez (1896) y Merlín (1902).

“Si nos reunimos hoy aquí –apunta sin solemnidad Alzamora, acompañado de su esposa y sus dos hijos– es gracias a que Francis estuvo al lado de mi bisabuelo. De lo contrario, Albéniz, que era un pianista excepcional, se habría tenido que dedicar a tocar el piano, que era su modus vivendi. Poca broma con el tema de ganarse la vida, es muy duro. Si pudo dedicarse a componer fue gracias al apoyo de Money-Coutts, que era poeta y en parte propietario de una banca, pero sobre todo era un hombre sensible. Al final, ¿quién escribe la historia? ¿El artista o la persona que le permite desarrollar su talento?” Y añade: “Con ese apoyo financiero dejaron obras para la posteridad que de alguna manera han cambiado la historia de la música”.

El descendiente de la saga bancaria se citó con Alfonso Alzamora, bisnieto del compositor, en la muestra de ópera de CaixaForum (Llibert Teixidó)

Ese era el trato al que llegaron Money-Coutts y Albéniz. Al involucrarse en las finanzas de los teatros del príncipe de Gales en Londres, el banquero se había convertido en gran admirador de su música, y le garantizó una pensión a cambio de que Albéniz utilizara sus textos. Aquel autor, que entre 1896 y hasta su muerte en 1923 publicaría 23 trabajos, firmó parte de la producción de canciones y libretos del músico catalán. Eso sí, jamás le presionó para que priorizara la lírica por delante de otras obras. Y así surgió la Suite Iberia.

Pero volvamos a esta soleada tarde otoñal que se cierne sobre Montjuïc y la sede del CaixaForum. Crispin Latymer ha hecho su entrada acompañado de su esposa, Lady Latymer, y de sus hermanos Giles y Fanny Money-Coutts. La familia británica ha seguido el curso de la exposición a sabiendas de que al llegar al capítulo de Barcelona y el Modernisme, representado por Pepita Jiménez, les aguardaba esta sorpresa. Es un piano muy viajado: cuando Albéniz falleció, en 1909, Francis se lo regaló a la hija de éste Enriqueta por sus nupcias con el mallorquín Vicente Alzamora, esto es, los abuelos de quien hoy ejerce de anfitrión de los Money-Coutts. Y viajó de Londres a Mallorca, para finalmente pasar a Camprodon, donde le acoge el museo inaugurado hace veinte años. El espacio ha estado cerrado los últimos siete por deterioro de humedades, pero ha reabierto este 2019 tras una debida reforma.

No es raro que los Money-Coutts hubieran perdido el rastro del instrumento y que ahora lo contemplen por primera vez, rodeado de vitrinas que encierran fotos de su antepasado sentado junto a Albéniz y los volúmenes de la partitura original de Pepita Jiménez.

“He de decir que de jóvenes no éramos conscientes de que el tatarabuelo hubiera trabajado tan estrechamente con Albéniz”, asegura un ahora ya jubilado Crispin Latymer, heredero de esta baronía que estuvo siglos suspendida hasta que el rey Jorge V la rescató para otorgársela a Francis. “Yo no supe de la conexión de nuestra familia con Albéniz hasta que hace veinte años compramos una casa en el Empordà y mi padre y mi madrastra, la madre de Fanny, nos dijeron: ‘¿Os dais cuenta de la clara conexión entre el tatarabuelo e Isaac Albèniz?’ Pues no, no éramos conscientes”, apunta.

Sentado a la derecha, Lord Latymer tiene detrás a sus hermanos Fanny y Giles Money-Coutts. Lady Latymer está en el centro con collar y la rodean Teresa Casanovas, Alfonso Alzamora y sus hijos Max y María, tataranietos de Albéniz. (Llibert Teixidó)

¿Cómo es eso posible? ¿Acaso no se conservan documentos y fotografías en familias de abolengo?

“Creo que es muy probable que mi bisabuelo destruyera muchas de las fotos y de la correspondencia que mantuvieron esos dos. Porque tratándose de una relación muy estrecha, es posible que se viera como inapropiada entre dos hombres”, apunta Crispin. “Conservo muchos papeles de otros periodos, y en cambio no de este. Y sospecho que esta podría ser la razón. O tal vez había alguna otra cosa en la familia…”.

A Albéniz, rebelde, librepensador pero de carácter noble y bonachón –“un don Quijote con maneras de Sancho Panza”, diría su amigo Paul Dukas–, le gustaban mucho las mujeres. Y en su carácter melancólico propio de la época manifiesta añoranza de su esposa Rosina. Tras el éxito del estreno de Pepita Jiménez en Praga escribe anotaciones que Alzamora recoge en Suite Albéniz : “Rosina, mis hijos y mi Money-Coutts, con este cariñazo que por mi tiene, y que con toda mi alma le devuelvo, me hace soportar con paciencia esto que llamamos regalada vida…. Un organillo está tocando en ritmo de vals la marcha religiosa del segundo acto de Lohengrin … ¡Oh, la popularidad!”

“En mi opinión –interviene Alzamora en la oscura sala del CaixaForum–, podría ser fruto de un cariño por el arte, o tratarse de un trío extraño entre el matrimonio Francis-Nellie y Albéniz, pues leí que cuando este murió, Nellie les escribió una nota a sus hijos, Alfonso, Enriqueta y Rosina, en la que decía: ‘Era la luz de mi vida’. Al mismo tiempo –prosigue– Francis estaba apasionadamente enamorado de su mujer, que era mucho más atractiva que en la foto que aparece aquí, estando todos en Tiana. No está claro qué relación mantenían pero es posible que Francis, que acabó divorciado de ella, quisiera seducirla respaldando algo que compartían: la pasión por la música de Albéniz”.

Un siglo después, la sincronicidad quiso que, a pesar de desconocer la estrecha relación que mantuvieron ambas familias, los descendientes de Francis se instalaran en Catalunya. Crispin y Shaunagh Latymer compraron en 1999 una casa cerca de la Bisbal y viven a caballo entre Turquía, Londres y el Baix Empordà. Así es desde que él se jubiló dejando su puesto en la junta de Money-Coatts & Co., la octava banca más antigua del mundo, hoy parte del Royal Bank of Scotland Group. La fundó en 1692 un tío abuelo del propio Francis, si bien al morir el poeta, justo protagonista de este artículo, la familia la vendió a un banco mayor que siempre ha tenido la elegancia de contar con un miembro de la familia a bordo.

También Giles Money-Coutts tiene casa en el Empordà: en verano e invierno vive en su apartamento de Londres, pero las otras dos estaciones se las pasa cuidando su jardín. No en vano su padre, Hugo Money-Coutts, fue autor del superventas El jardín mediterráneo …

En cuanto a Fanny, cuenta en perfecto castellano que diseña joyas y que fue en Barcelona donde tuvo a su primera profesora. En realidad fue su madre, Jinty Latymer, apasionada del arte contemporáneo y benefactora del Macba hasta su defunción, en el 2010, quien les descubrió a todos este rincón del planeta.

Entonces… ¿qué significa para ellos Albéniz?

“Para mí son recuerdos de infancia –afirma Fanny–, de ver a mi padre tocando su música al piano y de repente levantarse corriendo y decirte, ‘escucha, escucha esto’”. Giles, por su parte, coleccionista y gran amante de la música, recuerda que tenían la grabación de Plácido Domingo de la ópera Merlín. Aunque él supo de Albéniz por la guitarra. “Me encanta la guitarra española, y Albéniz en particular. Le descubrí por las obras transcritas a ese instrumento, aunque cuando vi que estaban escritas para piano compré esas versiones, claro”.

La experiencia de Crispin no es artística, pero sí muy reveladora. “Habiendo descubierto esa conexión familiar con Albéniz, me hace feliz estar viviendo en Catalunya, me da un ancla”, dice revelando sus mejillas las horas de velero que lleva a sus espaldas. “Es casualidad vivir aquí pero la conexión histórica tiene un gran significado para mí”.

¿Están hoy día los Money-Coutts en posición de ejercer de mecenas?

“Ja ja, en realidad no. Habrá que esperar a los éxitos de Drummond Money-Coutts, mi hijo”, dice Crispin. Es el mago DMC que triunfa en Nétflix… “Y ahora vámonos que hay que dar de comer a los perros”, ataja divertida Shaunagh. Ya volverán a Barcelona, les encanta ver ballet y ópera en el Liceu. “¡Es más barato e igual de bueno que en Londres!”.

Maricel Chavarría. LA VANGUARDIA, Barcelona, 03-11-2019

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—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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