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¿Y qué está pasando en Chile?

¿Y qué está pasando en Chile?

¿Y qué está pasando en Chile?

La publicación on line La Abeja, de Perú, reprodujo la columna de Lillian Calm, nuestra columnista exclusiva, aparecida con este título en el número anterior de TEMAS&NOTICIAS.

Importante artículo de la periodista chilena Lillian Calm. Da una explicación de lo que sucede en Chile con referencias también al Perú. Menciona a nuestro colaborador Alfredo Gildemeister. El artículo fue publicado en el periódico digital TEMAS Y NOTICIAS, por considerarlo de interés y con su autorización previa, lo reproducimos en La Abeja

¿Qué pasa en Perú? No hace un mes siquiera, el 1º de octubre, yo le pedía vía mail a un amigo peruano, Alfredo Gildemeister, abogado, profesor universitario y periodista, que me explicara qué ocurría en su país. En la víspera, el Presidente Martín Vizcarra había disuelto el Congreso.

Me respondió de inmediato y entendí.

El sábado pasado recibí un nuevo mail suyo: “Ahora soy yo el que escucho y miro con mucha preocupación las noticias que llegan de Chile. ¿Son revueltas organizadas por grupos de izquierdas, comunistas, etc? ¿Otras agrupaciones? ¿Cuál es el dónde de todo esto? ¿A qué se debe todo ello? La historia es cíclica y me recuerda la época de Allende previa al golpe. Cuéntame cómo periodista y dame tu opinión por favor…”.

A primeras, me nace responderle: “No sé, no entiendo nada. Si hace escasos días el Presidente Sebastián Piñera declaró que Chile parecía un oasis en una América Latina convulsionada…”.

A mi modo de ver, y quizás por deformación profesional, considero que el tema comunicacional es demasiado importante y hay que cuidar las declaraciones, más aún las espontáneas, pero tampoco voy a suponer que esa frase de Piñera, u otras suyas, vayan a ser la causa (no usaría jamás la palabra desgobierno) del caos que se ha producido en Chile desde el viernes y que ha obligado a recurrir a estados de emergencia que, a pesar de estar contemplados en la Constitución, han sido calificados por políticos de las izquierdas como un atentado a la democracia.

Sin esos estados de excepción constitucional, con toque de queda incluido, no se habrían impedido al menos en parte -digo en parte-  algunos saqueos, el vandalismo, la delincuencia, los destrozos de hordas irracionales que incluso se atreven a desafiar a las propias Fuerzas Armadas. Y para qué hablar de muchos de los que ayer se ponían el rótulo de ecologistas… Muchos de ellos no han trepidado en ennegrecer la ciudad, con letales incendios, y un humo muy denso y oscuro.

El caldo de cultivo a mi juicio fue un descontento creciente:

-Sueldos bajos.

-Pensiones irrisorias.

-Deficiente salud pública.

-Deficientes servicios de salud previsional, tanto pública como privada. (Estas últimas suelen comunicar por mail que la prestación que se cobra carece de código y por lo tanto no hay reembolso).

-Altísimos sueldos de funcionarios públicos y, dentro de este rubro, principalmente de los de los parlamentarios (senadores y diputados), algunos de los cuales carecen de la preparación requerida, no presentan proyectos de ley, tienen incontables ausencias y si están donde están es porque su elección se ha debido a que pertenecen a la farándula.

-Una delincuencia que parece no mermar, incluso perpetrada por menores.

-Una drogadicción -azuzada por el narcotráfico- que ha ido en aumento y que está muy relacionada con el punto anterior.

-Una corrupción detectada en algunos (enfatizo algunos) miembros de altas cúpulas uniformadas, léase Ejército y Carabineros de Chile. Esto ha creado una desconfianza hacia quienes, desde esas mismas filas, ejercen sus funciones con dignidad y transparencia.

-Y, por último, aunque en primer lugar, el olvido de Dios.

En fin, podría seguir enumerando.

Desgraciadamente en el último tiempo las autoridades chilenas  han estado con la mente puesta, quizás demasiado, en solucionar los problemas de Venezuela y del cambio climático universal.

Lo principal pareciera ser, además de la APEC 2019, la COP 25, cumbre de Naciones Unidas del cambio climático, que se realizará en nuestro país entre el 2 y el 13 de diciembre y a la que vendrían representantes de 197 países; ya habrían casi confirmado Trump, Putin y Xi Jinping.

Todo lo anterior hizo hervir la olla. A mí que no me digan que esto es espontáneo sino que calculado de maravillas y planificado profesionalmente al milímetro por grupos de izquierda criollos y foráneos (me atrevo a afirmar de la izquierda dura), que han sabido utilizar el descontento creciente y las redes sociales. Si no sería muy raro que con la armonía digna de un ballet clásico ardieran ese viernes fatídico, todas al mismo tiempo, tantas estaciones del Metro.

Fuentes de inspiración no les faltaron: los chalecos amarillos en Francia quedaron pálidos al lado de los insurgentes de Ecuador, país donde el presidente Lenin Moreno debió enfrentar violentísimas protestas motivadas por la subida del precio de la gasolina.

¿No existen en Chile expertos en Inteligencia que previeran esta situación? ¿En qué están esos expertos?

En Chile el detonante fueron los $30 del alza del pasaje del Metro, pero por $30 nadie cree que simultáneamente se iban a destruir los puntos más neurálgicos de Santiago y de diferentes  ciudades donde no hay Metro (¡si hasta hubo manifestaciones en Berlín!), con un saldo de muertes, heridos, devastación y estragos difícil de cuantificar.

Más que singular es que el Presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, le haya pedido al Presidente de Chile, Sebastián Piñera, que renuncie.

Tal vez con estas líneas le responda a mi amigo peruano Alfredo Gildemeister. Este es solo un esbozo, pero reitero que, perpleja, aún estoy muy lejos de entender del todo lo que ha ocurrido en Chile.

Post Scriptum:

Por supuesto mi interpretación no es la única. Le pedí a un amigo, avezado analista político, que me ayudara a comprender, y ahora no sé si su versión se contrapone con la mía o, quizás, se complementa. Me guardo su identidad. Él me escribe:

“De alguna manera convivíamos con la realidad que tu señalas, al menos quienes debemos mantener en pie nuestros hogares. Recordemos la Revolución o Revuelta de la Chaucha, el 16 y 17 de agosto de 1949, durante el gobierno de González Videla, debido al alza del transporte colectivo en 20 centavos de peso. Luego, en 1957, Carlos Ibáñez vivió una situación similar…

Pero hoy los grandes protagonistas son los jóvenes. Viven las preocupaciones de sus padres, origen tal vez de  diarias discusiones familiares. Aquí hay algo larvado lentamente y no creo que responda a manejo político al menos en su origen, pero sí ha sido utilizado después.

“Quizás el modelo económico nuestro no sea sustentable socialmente. No es posible que una sociedad no tenga otro horizonte que producir y producir. Me recuerda a Kafka y sus historias, y aquí entran los nihilismos. Las diferencias sociales son demasiado grandes, sobre todo en un pueblo triste que no sabe disfrutar de la vida. Perú a causa de ello vivió su Sendero Luminoso”.

Y agrega:

 “El Gobierno no ha demostrado capacidad para manejar esta crisis interna. Se trata de una explosión de rabia que me recuerda la obra de Egon Wolf, “Los Invasores”, en que una mansión de lujo es tomada por un grupo de ocupas y la audiencia es incapaz de determinar del todo si se trata de un hecho real o simplemente de una pesadilla. Me parece que eso es lo que está sucediendo. Y la razón: la  ceguera de una sociedad”.

LA ABEJA, Perú, 24-10-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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