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Robert Evans, el chico que cambió Hollywood, murió a los 89 años

Robert Evans, el chico que cambió Hollywood, murió a los 89 años

Robert Evans, el chico que cambió Hollywood, murió a los 89 años

Tuvo un papel fundamental en el surgimiento del nuevo Hollywood, pues como directivo de Paramount produjo títulos como «El padrino» y «Chinatown».

Nacido en Nueva York, el 29 de junio de 1930, Robert J. Shapera en Nueva York  –su verdadero nombre– inició su singladura en el cine como actor, más bien mediocre. Primero interpretó a un soldado, en el film de aventuras Revuelta en Haití (1952), de Jean Negulesco. Tras pasar un año de convalecencia, por culpa de una enfermedad pulmonar, decidió que el Séptimo Arte no era lo suyo, y fundó con su hermano Charles Evan-Picone, empresa de ropa femenina. Mientras se alojaba en el hotel Beverly Hills, se cruzó en la piscina con Norma Shearer, actriz y viuda del productor Irving G. Thalberg. Ésta le convenció para que encarnara a su marido en El hombre de las mil caras, biopic en el que James Cagney interpretaba a Lon Chaney.

A continuación dio vida al torero Pedro Romero en Fiesta, adaptación de la obra de Ernest Hemingway. Por su falta de dotes para la interpretación, los actores se confabularon para pedirle al productor, Darryl Zanuck, que le despidiera. Pero por alguna razón, Robert Evans le había caído bien, así que envió un telegrama con el texto: «El chico se queda en la película». Esa frase serviría posteriormente como título para la autobiografía del propio Evans, y para un documental sobre su vida, rebautizado en España como El chico que conquistó Hollywood.

En aquel tiempo, el empresario Charlie Bluhdorn compró Paramount, que pese a éxitos del pasado como Los diez mandamientos, se estaba hundiendo. Como no sabía nada de cine, decidió dejar la compañía en mano de Evans, nombrándole jefe de producción a mediados de los 60. Tras haber visto las películas europeas de Roman Polanski, se convirtió en un apasionado de su trabajo, y le reclutó para ponerle al frente de La semilla del diablo, que fue un enorme éxito, así que puso al realizador a trabajar en Chinatown. Cuenta la leyenda –posiblemente falsa– que un día un mensajero le llevó un sobre, y él se fijó en su carismática sonrisa. Le dijo que le iba a poner como protagonista del film, y que le pagaría 11.000 dólares.

–¿Podrían ser 11.500? Es que estoy divorciado y tengo una hija.

–Que sean 12.500 entonces.

Y le contrató. Se trataba de Jack Nicholson.

 «Los productores actuales solo piensan en dinero, en rentabilidad», explicó en una entrevista. «Para ellos el cine es un negocio. Son capaces de producir cuatro o cinco películas al año. Yo tardo tres años en producir una sola película, pero estoy dedicado completamente a ella». Bajo su supervisión, y con su implicación directa, se gestaron títulos míticos como El padrino, de Francis Ford Coppola, o Love Story (1970) de Arthur Hiller, entre otras. Durante el rodaje de esta última se enamoró de la protagonista, Ali MacGraw, con quien se casó y tendría su único hijo, pero que después le cambió por Steve McQueen tras el rodaje de La huída. Él se convirtió en un mujeriego, que según las malas lenguas tenía que pedirle a su ama de llaves que le escribiera en una nota bajo la taza de café el nombre de la chica –normalmente una modelo o una prostituta– con la que había pasado la noche anterior, y con la que ahora estaba desayunando.

Cuando Bluhdorn vendió Paramount, Evans fundó su propia compañía, y firmó un acuerdo multimillonario sin parangón para que la ‘major’ le distribuyera. Su decadencia comenzó cuando los tribunales le condenaron por posesión de cocaína, y por el complicado rodaje de Cotton Club, de nuevo con Coppola, que fue un fracaso comercial. En los 90 regresó a Paramount, donde impulsó proyectos comerciales como Sliver (Acosada). Robert Evans quizás sea el único productor de Hollywood que ha protagonizado una serie de dibujos animados, Kid Notorius, de 2003. Ese año produjo Cómo perder a un chico en diez días, que supuso su último trabajo. Durante sus últimos años trató de desarrollar algunos proyectos más para Paramount, pero ninguno salió adelante.

Juan Luis Sánchez. DECINE21, 19-10-2019

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—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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