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La oración cristiana no es “zen” ni “mindfulness”

La oración cristiana no es “zen” ni “mindfulness”

La oración cristiana no es “zen” ni “mindfulness”

La práctica del mindfulness, el alcanzar la “conciencia plena” que lleva progresivamente a la meta de la iluminación según el budismo zen, gana terreno en un Occidente que, atado a ciertos clichés reverenciales sobre la “sabiduría oriental”, mantiene metida en un polvoriento cajón una rica espiritualidad cristiana de veinte siglos.

La difusión del budismo y de sus métodos de meditación ha traspasado también el umbral de varias Iglesias, y algunos creyentes los perciben como un “complemento” de la espiritualidad católica, aun cuando su sistema de creencias muestra conceptos extraños u opuestos a la fe cristiana.

Sobre esto alertó recientemente la Comisión Episcopal Española para la Doctrina de la Fe, en sus Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana; guías que no han quedado sin contestación por parte de algunas voces. Una de ellas, la de Koldo Aldai en Religión Digital, advierte que “no durará dos telediarios la Iglesia que […] alienta la separación y fomenta el alejamiento de vías espirituales serias, responsables y necesarias”.

“Toda forma de espiritualidad que conlleve un desprecio de nuestro mundo y su historia no es conforme con la fe cristiana”

Pasados ya varios telediarios –y con la Iglesia aún en su sitio–, los fieles pueden consultar en las orientaciones si ciertas prácticas de moda se ajustan al verdadero mensaje cristiano. Los obispos ponen como ejemplo la diferencia entre la meditación zen, encaminada a un reencuentro del individuo consigo mismo en un estado de quietud, en círculo cerrado, y la apertura de la oración cristiana a un Tú: un Dios personal, no una abstracción. “El centro y la meta es siempre Dios, a cuyo encuentro se encamina la vida del hombre”, señalan.

Asimismo, el documento hace notar que el zen elimina la diferencia “entre el propio yo y lo que está fuera, entre lo sagrado y lo profano, entre lo divino y lo creado”, por lo que “cuando la divinidad y el mundo se confunden y no hay alteridad, cualquier tipo de oración es inútil”. Como inútil es un culto que mira en exclusiva por el bienestar propio y se muestra indiferente hacia las circunstancias del resto: “Toda forma de espiritualidad que conlleve un desprecio de nuestro mundo y su historia, en particular de aquellos que más sufren, no es conforme con la fe cristiana”.

Por último, los obispos subrayan que la iluminación, desde el punto de vista cristiano, supone acceder al conocimiento interno de Cristo –“un conocimiento impregnado por la caridad”–, y que la unión con Dios se alcanza por medio de la oración y los sacramentos. “Cualquier misticismo que, rechazando el valor de las mediaciones eclesiales, oponga la unión mística con Dios a la que se realiza en los sacramentos, especialmente en el Bautismo y la Eucaristía, o que lleve a pensar que los sacramentos son innecesarios para las personas ‘espirituales’, no puede considerarse cristiano”.

Filosofías diametralmente opuestas

La periodista estadounidense Susan Brinkmann (ver foto), terciaria carmelita, militó una vez en el movimiento New Age y conoció muy de cerca el tema de la espiritualidad budista y el mindfulness.

Según explicaba meses atrás al Catholic World Report, la razón de que haya tantos católicos inmersos en la meditación zen y en otras de procedencia oriental, es que no conocen realmente la oración cristiana. “La tradición mística de la Iglesia es muy raramente abordada desde el púlpito, lo que deja a muchos en situación de vulnerabilidad para ser arrastrados hacia modos de oración orientales que no son compatibles con el modo cristiano”. Brinkmann, autora del libro A Catholic Guide to Mindfulness, en el que alerta de los problemas de esa práctica, no puede estar más de acuerdo con el mensaje de los obispos españoles. Conversa ahora con Aceprensa:

— ¿Por qué el mindfulness budista es contrario a la oración cristiana?

— Como los obispos señalan, las técnicas zen, que son similares al mindfulness, son esencialmente un monólogo que empieza y termina en uno mismo. “La ausencia de un tú como fin” y el objetivo de simplemente calmar el propio yo y llevarlo a una unión consigo mismo, lo hacen incompatible con la oración cristiana.

La tradición mística de la Iglesia es muy raramente abordada en las homilías católicas

La meta del mindfulness y otras prácticas basadas en el zen es alcanzar un estado de quietud y paz que implica aceptar los sucesos tal como vienen, y rechazar a su vez cualquier compromiso para cambiar el mundo y la realidad. Esto puede volverse muy problemático cuando una persona confunde la serenidad interior lograda con el mindfulness, con la paz que viene de Dios. Se vuelve entonces un obstáculo para la auténtica oración cristiana y el encuentro con Dios.

Oración es diálogo

— ¿Hay muchos que recomienden ciertas formas de mindfulness a los cristianos?

— Conozco a psicólogos que intentan “catoliquizar” el mindfulness budista, añadiéndole una oración cristiana al principio y al final a las técnicas de meditación. Esto puede animar a algunos católicos a transferir esa técnica de su sofá terapéutico a su vida de oración. Para aquellos que no están bien catequizados en la oración cristiana, el intento de mezclarla con un estilo de meditación que busca calmar a la persona más que dialogar con Dios, que es el centro de la oración, puede llevar a la ambigüedad en la vida espiritual, y a que la persona abandone la oración por completo.

— ¿Qué razón alegan para recomendar esta práctica?

— Una de las más comunes es la afirmación de que los maestros budistas desarrollaron una mejor comprensión de la mente humana y de su funcionamiento. Otros dicen que el mindfulness puede ser utilizado por los cristianos porque no es espiritual, una razón que es discutida incluso por el pionero del mindfulness en Occidente, Jon Kabat-Zinn.

Otros argumentos sostienen que a los cristianos se les permite adoptar las prácticas budistas porque el budismo no es realmente una religión y no implica la oración a un dios. Esta explicación ignora las grandes diferencias entre el budismo y el cristianismo, como el rechazo del primero a creer en la existencia del alma, el rechazo al sufrimiento, o la enseñanza de que cada persona debe encontrar su propio camino hacia la iluminación, mientras que para el cristiano, Cristo es “el camino, la verdad y la vida”.

Como afirman los prelados españoles, “la Iglesia cree como ora y en lo que reza expresa lo que cree”. Eso es verdad para todas las religiones. Rezamos en tanto creemos. ¿Cómo puede alguien rezar a Jesucristo mientras emplea técnicas procedentes de una religión que rechaza la existencia de un Dios personal y elimina toda diferencia entre lo sacro y lo profano?

Los grandes místicos, ignorados

— ¿Tiene acaso la fe cristiana algún tipo de “handicap” que las espiritualidades orientales tuvieran que “remediar” o “completar”…?

— Ninguna de estas prácticas puede “reparar” ni “completar” a la otra. Sin embargo, la oración cristiana tiene un gran hándicap que el budismo está tratando de “remediar”: la Iglesia hace muy poco para mostrar las riquezas de la tradición mística católica. Tenemos cientos de casas de espiritualidad en EE.UU., y todavía los católicos tienen más acceso en ellos a la instrucción sobre el yoga, la oración centrante y el mindfulness que a la gran tradición mística de santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Lisieux y muchos otros.

“¿Cómo se puede rezar a Jesucristo mientras se emplean técnicas de una religión que rechaza la existencia de un Dios personal?”

Esto es lo que hace valioso el documento de los obispos españoles. Han aprovechado sabiamente la oportunidad de abordar las cuestiones sobre el mindfulness y la meditación zen en un contexto de discusión más amplia acerca qué es la oración cristiana y qué no.

— ¿Para qué sería útil entonces el mindfulness?

— No hay nada malo en estar atento, concentrado, en oler las flores, etc., pero hay una gran diferencia entre lo que es el mindfulness como concepto y su práctica real. Como el Dr. Gregory Popcak me ha explicado, el concepto de mindfulness (la concentración, la atención) es básicamente el mecanismo que gobierna el libre albedrío. Es el “espacio” que existe entre la reacción emocional de una persona y su respuesta conductual. Si reaccionamos a todo, no estamos atentos, concentrados. Estamos siendo reactivos. Aprender cómo parar y “contar hasta 10” puede hacernos personas más centradas.

Sin embargo, la práctica del mindfulness que es tan seguida a día de hoy está basada en el Programa de Reducción de Estrés mediante el Mindfulness, de Kabat-Zinn, y tiene una perspectiva budista. Utiliza técnicas de meditación budista para enseñar a las personas cómo concentrarse en el presente, y se dirige a la destrucción del deseo y el dolor, y la negación de la verdad objetiva. Obviamente, todo esto es problemático desde una óptica cristiana.

“Conocer la propia herencia espiritual”

— ¿Por qué cree que hay católicos que se inclinan hacia esta forma de meditación?

— Hay muchas razones: desde querer implicarse en la última tendencia espiritual, hasta buscar una manera de combatir el estrés cotidiano del siglo XXI, o querer sinceramente conectarse con el trascendente. El relativismo dominante, junto con una pobre catequesis, la disponibilidad de prácticas espirituales no cristianas y el silencio de la Iglesia acerca del valor de su propia tradición espiritual, crean un ambiente perfecto para que los católicos se alejen de la verdad y sean atraídos hacia una variedad de técnicas de “sentirse bien” y de autogratificación.

La rápida difusión del mindfulness y de otras prácticas espirituales orientales no cristianas es precisamente la razón por la que Juan Pablo II advirtió, en su obra Cruzando el umbral de la esperanza, que un católico necesita “conocer bien su propia herencia espiritual” antes de considerar con ligereza si debe dejarla de lado o no.

Si nuestra idea de oración católica es la de la oración vocal y muy poco de meditación entre la misa de un domingo y la del domingo siguiente, entonces apenas hemos arañado la superficie de la espiritualidad cristiana. Antes de acudir a otras formas de oración, exploremos los textos de los grandes místicos católicos y démonos la oportunidad de descubrir una espiritualidad tan rica, que toda una vida no es suficiente para sumergirse en su asombrosa profundidad.

¿Algún impacto en la salud?

El recurso a la meditación zen y el mindfulness como vía para obtener beneficios de salud física y mental es una tendencia muy en boga, pero para Brinkmann, las expectativas en tal sentido no son fundadas.

Según explicaba al National Catolic Register un año atrás, una metainvestigación efectuada con 18.000 estudios relacionados con el mindfulness reveló que apenas 47 (un 0.0026%) podían ser considerados metodológicamente sólidos. En ellos, los expertos hallaron “indicios moderados” de que esa técnica ayudara realmente a disminuir la ansiedad, la depresión y el dolor, y “muy pocos” de que mejorara la calidad de vida de personas con problemas de salud mental.

Por el contrario, se constataron varios efectos negativos derivados de ese tipo de meditación, a saber, psicosis, alucinaciones, ansiedad, pérdida de apetito, incoherencias discursivas, insomnio, etc.

Luis Luque. ACEPRENSA, 10-10-2019

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