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La Cámara en mal pie

La Cámara en mal pie

La Cámara en mal pie

«Lo más grave de esta Cámara es la disparidad existente en las competencias necesarias para debatir o argumentar ideas».

Nuestra Cámara de Diputados. Me refiero a los últimos tiempos, porque hasta 2010 en general fue diferente. El talante dialogante era distinto, había mayor y mejor disposición a lograr acuerdos en pro del bien común. Agreguemos que sus integrantes, en general, demostraban idoneidad para el ejercicio del cargo.

Pienso que el proceso decadentista comenzó desde que la Concertación perdió el poder presidencial, porque surgió una oposición cada vez más cerrada e intransigente, ideológica, lo que suele perjudicar la labor legislativa. Todo, mientras se evaluaban las causas de la derrota, culpando al agotamiento del proyecto, la conducción y el no haber modificado el “modelo”. Análisis que terminó por agrupar a los partidos concertacionistas en un bloque de izquierda que incluía desde la DC al PC: Nueva Mayoría. La consigna: todos contra el gobierno y la derecha. A la par, como se estila, estudiantes universitarios, secundarios, organizaciones de trabajadores y de diversa índole participaron en movilizaciones y protestas de una intensidad desconocida desde 1990, con disturbios, desmanes y enfrentamientos. Una oposición “con los pies en la calle”.

Actualmente no hay “calle” todavía, pero el interés gravitante en la oposición es reunir los respaldos necesarios para rechazar todas las propuestas del oficialismo, por razonables que sean, incluso reprendiendo a diputados DC por actuar distinto. ¿Cuál es la preocupación más relevante de los partidos de izquierda y que desvela al PS y a algún columnista? Formar un frente común, con acuerdos programáticos, que integre desde el Frente Amplio hasta la DC, presionando a este y otros partidos a participar. Unir a las “fuerzas progresistas” le llaman. La ideología polarizadora nuevamente conspirando contra la sana legislatura. Claro, el magno interés es otro y la labor parlamentaria está a su servicio.

La decadencia, al parecer, también deriva de la configuración de la Cámara, porque resultaron electos en 2017, transversalmente, miembros con bajísimas votaciones y exigua representación, como se entiende, amén que el sistema electoral provocó el fraccionamiento partidario y de honorables, siendo un importante número bastante joven y de poca experiencia.

Pero lo más grave de esta Cámara más juvenil y diversa es precisamente la disparidad existente en las competencias necesarias para debatir o argumentar ideas sobre las materias contenidas en los proyectos de ley —ver TV en comisiones y en sala—, o sobre asuntos más delicados: la acusación constitucional que está en la punta de la lengua (la idea ha surgido en tres oportunidades), lo mismo para solicitar la renuncia de autoridades, tranquilamente, sin esperar mayores antecedentes, algo que caracteriza a diputados opositores, en este caso, actuando con espíritu de bloque, exteriorizando un temple batallador más que fiscalizador. Y en la última acusación además “revanchista”, pero diputados de oposición que votaron en contra, consideraron argumentos jurídicos. Son responsables y razonables, aunque pocos, como se ve.

No en todos, por supuesto, pero es corriente observar falta de estudio, leer y analizar los proyectos antes de votar —se sabe—, desprolijidad a la hora de presentar proyectos o bien escasez de vocabulario adecuado al intervenir, llegando al extremo de hacerlo en habla cotidiana, hasta callejera en caso de diputados en particular. Por otra parte, da la impresión de que las alocuciones y declaraciones a la prensa son para “capturar cámara”, figurar. Un diputado de perfil muy distinto señaló que “el Hemiciclo parece el palacio del ego”… La mente puesta en la próxima “campaña”.

Es propio reclamar de los legisladores un trabajo profesional, acorde con la función, fortaleciendo y dignificando la democracia y al Congreso. Estar debidamente informado sobre todos los asuntos, empeñarse diligentemente en las tareas que son su obligación, actuando con responsabilidad y en vistas al bien superior de la República. Así la confianza pública sería importante y se mantendría. No es el caso y la ciudadanía lo manifiesta. Muy lamentable, y surge naturalmente la pregunta por los requisitos exigidos para acceder al cargo y si debieran ser mayores que los que rigen.

Columna de Álvaro Góngora. EL MERCURIO, 03-10-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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