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Ruptura del equilibrio de poderes=dictadura

Ruptura del equilibrio de poderes=dictadura

Ruptura del equilibrio de poderes=dictadura

El objetivo de la división de poderes es la protección a las personas. Por ello, las personas sacrifican parte de su libertad por la seguridad de no ser afectadas en su derecho a la vida, la integridad, la libertad y la propiedad, por ejemplo. Sin embargo, la existencia del Estado no garantiza la defensa de los derechos de la persona pues muchas veces la persona se encuentra protegida contra otras personas, ¡más no contra el propio Estado! el cual podría oprimirlo impunemente mediante las facultades coercitivas que le ha otorgado la propia sociedad.

Los que ya pasamos los cincuenta podemos ufanarnos de haber vivido varias dictaduras y de haber sido testigo de algunos golpes de Estado con todo lo que ello implica. Por esa lamentable experiencia, ya sabemos cómo terminan pues, ya lo hemos vivido. Obviamente que el golpe de Estado que más recuerdo es el del 3 de octubre de 1968, efectuado por el general Juan Velasco, el cual hizo uso de soldados, tanques y demás menesteres efectivos. Así se estilaban siempre los golpes de Estado, aquí y en todo el mundo, pues de otra manera, las cosas podían complicarse. La característica típica de todo golpe de Estado radica en la alteración del orden constitucional y, específicamente, en el rompimiento del equilibrio de poderes. ¿En qué consiste esto del “equilibrio de poderes”? La historia enseña cómo el poder, por lo general, siempre fue uno y descansaba en un monarca, rey o emperador.

Este sistema funcionó en muchos pueblos y naciones del mundo durante siglos. Grecia y Roma matizaron durante algunas épocas el poder del soberano con otro poder como lo fue el Consejo de los Ancianos, también llamado Senado en Roma. Sin embargo, ello no funcionó siempre pues no faltaba algún monarca, rey o emperador que le gustaba tanto el poder –por los motivos que fueren- que terminaba no compartiéndolo, es decir, lo acaparaba todo dejando al Consejo o Senado de lado. Sin embargo, pasados los siglos, a un inglés llamado John Locke se le ocurrió una genial idea que hasta el día de hoy se viene implementando en la mayoría de naciones democráticas en el mundo: la división de poderes, debiendo estos poderes guardar un permanente equilibrio en lo posible, a fin de no acumular todo el poder en una sola persona o en una sola institución, pues ello no resulta conveniente para el resto de la sociedad. Entonces, ¿En qué consiste esta división o “separación de poderes”?

Locke escribió en 1690 su “Segundo tratado sobre el gobierno civil” “. En este trabajo Locke distingue tres formas de poder: un Poder Legislativo que crea las leyes y que para Locke es el más importante; un Poder Ejecutivo  que vela por la ejecución y aplicación de las leyes; y un Poder Federativo que conduce las relaciones internacionales, en particular el poder de hacer la guerra, celebrar tratados, etc. Años más tarde esta separación de poderes será perfeccionada por el filósofo y político francés, Montesquieu, quien en 1784 escribió “El Espíritu de las Leyes”, en donde identificó tres poderes del Estado: Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Cabe aclarar que la diferencia entre división y separación es que en el primero se acepta la preponderancia de un poder sobre otro por lo que Locke  llamaba al Legislativo el “Poder preponderante”; y en el segundo su finalidad es la mutua anulación entre los diversos poderes para que ninguno pueda dominar ni ser dominante. De allí la razón fundamental por la que en toda democracia debe respetarse la separación de poderes.

El objetivo de la división de poderes es la protección a las personas. Por ello, las personas sacrifican parte de su libertad por la seguridad de no ser afectado en su derecho a la vida, la integridad, la libertad y la propiedad, por ejemplo. Sin embargo, la existencia del Estado no garantiza la defensa de los derechos de la persona pues muchas veces la persona se encuentra protegida contra otras personas, ¡más no contra el propio Estado! el cual podría oprimirlo impunemente mediante las facultades coercitivas que le ha otorgado la propia sociedad. Como se puede apreciar, el propósito de esta distinción es evitar que una sola persona o un grupo restringido de personas  concentre excesivamente en sus manos todos los poderes del estado “para que uno no pueda abusar del poder, es necesario que, mediante la disposición de las cosas, el poder detenga el poder” escribió Montesquieu. De allí que se proponga distribuir los poderes a diferentes órganos, de modo que los poderes de algunos limiten los poderes de otros. Dado que estos organismos pueden tener intereses no convergentes, Montesquieu considera que los derechos de las personas están mejor garantizados y el establecimiento de una dictadura o tiranía se volvería más difícil.

Hoy, en pleno siglo XXI y al borde del bicentenario, el hoy suspendido presidente Vizcarra ha declarado disuelto el Congreso de la República. El origen de esto lo comenzamos a percibir desde principios del gobierno de PPK, cuando éste comenzara de la nada a presionar al Congreso en sus peticiones, para luego ya con el accesitario Vizcarra, la relación entre el poder Ejecutivo y el Legislativo se volviese una confrontación de poderes. Era obvio que el Ejecutivo quería imponer temas per se inconstitucionales, plazos y diversos aspectos al Legislativo, excediéndose en sus funciones. Ello le dio resultado, ante un Congreso condescendiente, hasta que asumió el cargo de Presidente del Congreso Pedro Olaechea. Olaechea (en la foto, junto a Vizcarra) comenzó a poner finamente en su sitio al Ejecutivo y los puntos sobre las íes. Ello era obvio que no fue del agrado ni del parecer de Vizcarra –no entraremos a analizar en este espacio los motivos de fondo de Vizcarra para esta confrontación- terminando en plantear, una vez más, la tan mentada cuestión de confianza, declarando finalmente la disolución del Congreso.

El equilibrio entre los poderes se había pues roto y a todas luces de manera inconstitucional. “El pueblo y las encuestas lo piden” no son argumentos para romper chapuceramente el orden constitucional y el equilibrio de poderes. De allí que ahora tenemos una especie de gobierno de facto, apoyado por la izquierda por la cual pocos votaron, revestido con un cuestionado vestuario de legalidad y hasta el día de ayer martes, con dos presidentes supuestamente en funciones, los cuales podrían contar cada uno con su gabinete de ministros, todo lo cual generaría un despelote absoluto. Claro está que esto no podría funcionar.

El poder Ejecutivo no puede gobernar sin los demás poderes, en este caso sin el Legislativo, que para Locke es el más importante. Esta es la consecuencia de un golpe de Estado y el advenimiento de una dictadura. Por tanto es necesario e imprescindible recobrar el equilibrio y respeto entre los poderes del Estado, fundamento de toda democracia y estado de Derecho. Cada poder es independiente por lo que cuando un poder quiere imponer su voluntad sobre otro, eso se llama dictadura.

Terminamos con este texto de Montesquieu : “Cuando en la misma persona o en el mismo cuerpo de magistratura, la potestad legislativa y la potestad ejecutiva están reunidas, no puede haber libertad; porque se puede temer que el mismo monarca o senado pueda hacer leyes tiránicas, para ejecutarlas tiránicamente”. Como dicen los Evangelios, quien tenga oídos para oír, que oiga…

 Alfredo Gildemeister. LA ABEJA, Perú, 02-10-2019

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—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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