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La “pequeña cohete” que no tenía ni para comer y que tras ser madre sigue haciendo historia en el atletismo

La “pequeña cohete” que no tenía ni para comer y que tras ser madre sigue haciendo historia en el atletismo

La “pequeña cohete” que no tenía ni para comer y que tras ser madre sigue haciendo historia en el atletismo
octubre 02

La jamaiquina Shelly Ann Fraser-Pryce ganó su cuartó oro mundial en los 100 metros en Doha. Ha sido, además, dos veces campeona olímpica en la misma prueba.

Con su tranco avasallador y su pelo multicolor al viento, la pequeña Shelly Ann Fraser-Pryce atraviesa la pista a velocidad centelleante. En Doha, consiguió su cuarto oro mundial en los 100 metros. Inició su reinado en los Olímpicos de Pekín 2008 y más de una década después sigue en la cima del mundo.

Ya había ganado el hectómetro en los Mundiales de Berlín 2009, Moscú 2013 y Pekín 2015. El de Londres 2017 lo vio desde su casa. Un día después de que Tori Bowie se impusiese en la prueba madre del atletismo, ella daba a luz a su hijo. Terminada la competencia en Doha, recorrió la pista con el pequeño Zyon en brazos. «Espero poder inspirar a todas las mujeres que comienzan una familia o piensan formar una familia. Puedes hacer cualquier cosa. Se trata de quién eres y por qué empezaste en primer lugar», comentó la deportista de 32 años.

Nadie apostaba por un regreso tan brillante luego de su maternidad. Pero Fraser-Pryce dio otra prueba de su enorme fuerza mental, la misma que le ayudó a superar la pobreza y la violencia que padecía en el barrio de Kingston donde creció. Su madre, Maxine, la sacó adelante a ella y a sus dos hermanos, pero a veces no alcanzaba ni para comer. «Ella fue estricta con nosotros y trabajó duro como vendedora en la calle para asegurar que pudiéramos ir a una buena escuela. Fue muy difícil para mi mamá. A veces no teníamos suficiente para comer, iba a la escuela sin dinero para el almuerzo», contó. «Pocket Rocket», como la apodan, era seguida por el ojo vigilante de Maxine. La mujer tenía miedo que el barrio devorase a su hija, pero apareció el deporte.

 Miles de niños en Jamaica sueñan con que sus piernas los saquen de la pobreza. También lo deseaba Fraser-Pryce, sin embargo, tenía dudas sobre su talento. «A veces pensaba que no era lo bastante buena como para ir a los Juegos Olímpicos, hasta que me di cuenta que conseguirlo dependía de mí», expresó. Sabe que la calle es dura y que las oportunidades escasean, por eso trata de devolver la mano. «Intento ser un ejemplo para ellos. Todo el mundo puede tener éxito. Puedo intentar hablar con ellos, para que finalicen sus estudios, para que no se queden embarazadas a una edad muy temprana, para que no se pasen el día en la calle. Para que hagan sus tareas escolares y se centren en un deporte si son buenos para ello», comentó.

Muchos la comparan con Usain Bolt, pero a diferencia del «Rayo» es introvertida y se le ve cómoda en un segundo plano. Sus títulos hablan por ella. A los cuatro títulos mundiales en los 100 m, le suma dos oros olímpicos. Ha corrido, además, 16 veces por debajo de los 10. 80. Es la única velocista de la historia con esos registros.

Felipe Santibáñez. EMOL, 01-10-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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