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Ultratumba

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“Los españoles de la Transición fuimos unos ingenuos. Creímos de buena fe que Franco estaba muerto,” escribe Ignacio Camacho en ABC

Si estás harto de la matraca de Franco, del desentierro de Franco, de los huesos de Franco, del antifranquismo retroactivo o de los tardofranquistas nostálgicos que han encontrado en la sesgada memoria histórica el pretexto para salir del armario; si te produce una infinita pereza el espectáculo de un Gobierno entregado a rituales nigrománticos; si te entristece o te aburre esta invocación espiritista de fantasmas macabros para tratar de reabrir no tumbas sino trincheras que la Historia había cerrado; si crees que una nación cuyo debate público más relevante se centra en un trasiego funerario está indefectiblemente condenada al fracaso; si te importa un c…omino dónde acabe el esqueleto de un dictador desaparecido hace más de cuarenta años; si estás esperando que alguien se ocupe de una vez de las cuestiones propias de un Estado contemporáneo, siento decirte que lo llevas claro porque este circo de ultratumba, esta ouija de demonios familiares, va para largo. Estamos en campaña electoral, por si lo habías olvidado, y a falta de proyectos o de soluciones de futuro no hay mejor recurso que un espantajo capaz de provocar alto impacto mediático. Así que más vale que esperes sentado.

No creas que el asunto pasará pronto ni que será una exhumación discreta. Esto va a ser como un episodio felliniano de saltimbanquis paseando una momia de feria en feria, o como aquel cuento de García Márquez en el que un brujo revivía a un enemigo para volverlo a matar y resucitarlo de nuevo en una venganza eterna. Veremos a Sánchez en La Moncloa, reunido con el gabinete de crisis como Obama en la noche que mataron a Bin Laden, contemplando en una pantalla el trabajo de los sepultureros y los forenses como si se tratase de un comando en misión de guerra. Y luego en Cuelgamuros, en Mingorrubio o en donde sea, habrá colas de curiosos, partidas de profanadores o patrullas de airados guardianes de las esencias; carnaza para las teles, gasolina para las hogueras de las redes sociales, portadas para la prensa. Esto sí que es un relato, no la tontería ésa de quién tiene la culpa de que haya elecciones en otoño y en primavera. Y ya verás cómo pica en el cebo la derecha, siempre dispuesta a dejarse enredar en la trampa que menos le convenga.

Y sí, no hace falta que lo digas: en la Transición fuimos unos ingenuos. Pensamos que el pacto de concordia y reconciliación dejaría el problema de la Guerra Civil y de la dictadura resuelto. Que después de la Constitución, toda aquella tragedia sería sólo un mal recuerdo sepultado bajo la piedra sombría de un apartado mausoleo. Que las heridas que no suturase la democracia las acabaría cicatrizando el tiempo. Incluso, fíjate, hubo momentos en que llegamos a pensar que nuestros hijos vivirían al fin en un país liberado del trauma de sus ancestros. Sí, nos equivocamos: creímos de buena fe que Franco estaba bien muerto.

Ignacio Camacho, articulista de opinión

ABC, España, 25-09-2019

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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